La Rioja

Un escollo de irreductibles afganos

El Gobierno francés considera que ha ganado la batalla de la imagen con una primera jornada de desalojo de 'la jungla de Calais' sin escenas de violencia contra los refugiados. Pero aún no canta victoria, consciente de lo delicado de la operación, y pide prudencia puesto que el escollo más duro de superar será el de aquellos inmigrantes que prefieren seguir a toda costa en esta zona por ser el punto más cercano a Reino Unido, su destino soñado.

Según las asociaciones humanitarias, unos 2.000 rechazan ser trasladados a otros puntos de Francia pese a que en los lugares de destino les prometen mejores condiciones de vida. Son una mayoría de afganos, que tienen familia o allegados al otro lado del Canal de la Mancha y que están dispuestos a pagar fuertes cantidades de dinero y a arriesgar su vida para cruzarlo escondidos en los bajos de los camiones, en los ferris o atravesando incluso a pie la conexión ferroviaria submarina del Eurotúnel.

Cuando llegue su turno, Francia «actuará en consecuencia», indicó a Efe el portavoz del Ministerio del Interior, Pierre-Henri Brandet, que recordó que por el momento prefieren convencerles de la conveniencia de abandonar Calais. Para ello, en las últimas semanas efectivos gubernamentales y voluntarios de ONGs les han ido explicando los motivos por los que tienen que acudir a uno de los centros temporales. Brandet consideró «infundadas» las estimaciones sobre los inmigrantes que no quieren abandonar el campamento y mostró su confianza en su labor de persuasión.

Los inmigrantes que se acogieron al dispositivo comenzaron a llegar a los centros repartidos por Francia. En contraste con la transparencia mostrada en el inicio de su viaje, el Ejecutivo fue más discreto sobre el destino, para no levantar en esos municipios una corriente de rechazo. En los últimos días, grupos de ultraderecha organizaron manifestaciones en los municipios donde se abrían estos centros y uno de ellos, en la pequeña localidad de Louberat, fue objeto de un incendio provocado que lo dañó parcialmente. Para afrontar la retórica ultra, el ministro de Interior, Bernard Cazeneuve, aireó que la política humanitaria con los candidatos al refugio se combinará con la firmeza con la inmigración ilegal y anunció que en lo que va de año se ha expulsado a 1.789 extranjeros.