La Rioja

Brasil, pendiente de Cunha

El expresidente de la Cámara de Diputados de Brasil, Eduardo Cunha, es trasladado a Curitiba donde fue encarcelado. ::  Heuler Andrey / afp
El expresidente de la Cámara de Diputados de Brasil, Eduardo Cunha, es trasladado a Curitiba donde fue encarcelado. :: Heuler Andrey / afp
  • La detención del expresidente del Parlamento preocupa al Gobierno, cuyo líder podría ser señalado en la trama de corrupción

Detenido desde el miércoles bajo la acusación de corrupción, el expresidente de la Cámara de Diputados de Brasil, Eduardo Cunha -impulsor del 'impeachment' contra la expresidenta Dilma Rousseff- devino en un «hombre-bomba» capaz de provocar una hecatombe en el ya frágil Gobierno de Michel Temer.

Si se decide a revelar todo lo que hizo y lo que sabe -y diversas fuentes aseguran que está dispuesto a hacerlo-, Cunha, el antiguo hombre fuerte del Congreso, podría acabar ahora con la Administración Temer. «Voy a ser conocido por derribar a dos presidentes en Brasil», se jactaba Cunha en julio, según la revista 'Veja'. Con Rousseff lo consiguió. Ahora corre peligro su sucesor.

Cunha fue arrestado en Brasilia y trasladado a Curitiba, donde quedó detenido por presunta corrupción, lavado de dinero y evasión en el escándalo de Petrobras que investiga el juez Sergio Moro. Además, la justicia ordenó también bloquear sus bienes, con un valor de unos 65 millones de euros, y su esposa y su hija también están procesadas por participar de las maniobras de lavado y evasión. Su mujer lo visitó el viernes durante algunos minutos en los que hablaron a través de un cristal.

«¡Voy a ir preso, hagan algo!», le había suplicado por teléfono Cunha al secretario de Gobierno de Temer, Geddel Vieira Lima, cuando supo que la Policía Federal había ido a buscarlo a Río de Janeiro y, al no encontrarlo, se dirigía a Brasilia. Vieira estaba con Eliseu Padilha, jefe de la Casa Civil que, según la revista 'Veja', llamó a los abogados de Cunha para ver qué podía hacer para asistirlo. Pero era tarde. Sólo consiguió un operativo discreto, sin esposas, cascos ni chalecos antibalas.

De inmediato se encendieron las alarmas en el Gobierno. Si Cunha llega a un acuerdo con los fiscales, no solamente están en riesgo un centenar de diputados, sino también el presidente Temer y varios ministros como ya lo advirtió el propio exdiputado.

El Gobierno procuró no demostrarlo, pero hay preocupación. Sobre todo porque esta semana enfrenta en el Parlamento la segunda votación del proyecto de enmienda constitucional para congelar el gasto público durante 20 años. La iniciativa podría perder apoyos ante un nuevo escándalo.

«Tesorero informal»

Cunha pertenece al PMDB, el mismo partido de Temer, que era aliado del Gobierno de Dilma Rousseff. Tras la reelección de Rousseff -perteneciente al PT- en 2014, comenzaron los roces dentro de la coalición hasta la ruptura de la sociedad. El expresidente de la Cámara fue acusado de mentir a los diputados al negar que tenía una cuenta en Suiza y, tras un largo proceso, fue exonerado de su cargo en septiembre. Pero mientras se lo investigaba, Cunha usó su poder para impulsar el juicio contra Dilma Rousseff.

Según la revista 'Época' publicó ayer, Cunha fue el «tesorero informal» del PMDB durante la campaña electoral de 2014 que permitió la reelección de Rousseff, y Temer era presidente del partido, encargado de distribuir la recaudación entre sus candidatos. «Cunha conoce como nadie los bastidores de la recaudación del PMDB en 2014», sostiene la revista. «Meticuloso, guardó documentos y anotó todos los detalles, incluyendo valores y destinatarios de las donaciones legales e ilegales de aquella campaña», añade.

De acuerdo al relato de distintas fuentes, el «PMDB cobró 40 millones de reales (11,6 millones de euros) del PT para apoyar a Dilma», asegura 'Época', y señala al exministro de Rousseff, Aloizio Mercadante, que ayer mismo negó haber hecho un acuerdo de ese tipo con el expartido aliado.

Si las informaciones son ciertas y Cunha lo confirma con datos que él mismo dijo estar reuniendo en las últimas semanas para un libro, la justicia no sólo iría a la caza de un número mayor de dirigentes que hoy están en la primera línea del Gobierno, sino del propio presidente.

Temer era vicepresidente de Dilma Rousseff y su socio político hasta que se precipitó la destitución de la mandataria y él, que había roto su sociedad con el PT, asumió la presidencia. En caso de que el presidente sea alcanzado por las denuncias este año, habría que convocar a elecciones. Si eso no ocurre este año, pero sí el próximo, el Congreso debería elegir a un sucesor que complete el mandato hasta fines de 2018, cuando asuma de nuevo un presidente electo.