La Rioja

May sufre la frialdad de sus colegas europeos

  • Almorzó ayer con Juncker, quien le recordó que no habrá negociación hasta que no invoque el artículo 50

La UE recurrió al castizo «no hay mayor desprecio que no hacer aprecio» para recordar a Reino Unido que salir del club de clubes como lo ha hecho no le va a salir ni mucho menos gratis. El jueves por la noche, ya casi de madrugada, Theresa May tomó la palabra para ratificar su voluntad de marcharse e invocar el artículo 50 de salida antes de marzo de 2017. Terminó y nadie le contestó. Ni sus otros 27 colegas, ni el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, ni el presidente del Consejo, Donald Tusk, ni la Alta Representante, Federica Mogherini, que también estaba presente.

Respecto al futuro encaje británico en la UE, se mostró optimista y tras remarcar que «el Reino Unido será un país soberano totalmente independiente, libre para tomar sus propias decisiones en un amplio rango de asuntos, tales como cómo el control de la inmigración», señaló que «queremos tener el mejor acuerdo comercial posible en bienes y servicios con operaciones con y dentro del mercado único europeo». Pero, claro, querer no es poder y Bruselas ya le ha dejado muy claro que la línea roja se llama respetar la libre circulación de personas, de servicios, de capitales y de mercancías.

«Reconozco la magnitud del desafío que tenemos por delante, estoy segura de que habrá momentos difíciles que requerirán un tira y afloja, pero afronta la situación con espíritu constructivo para lograr una salida suave. El Reino Unido deja la UE pero no estamos dejando Europa, no daremos la espalda a nuestros amigos y aliados», zanjó Theresa May.

Al término del Consejo, acudió a la Comisión para mantener un almuerzo de trabajo con Jean-Claude Juncker, uno de los líderes europeos más duros en los prolegómenos de una negociación «que sólo comenzará cuando Londres notifique de forma oficial su voluntad de invocar el artículo 50», le recordó.