La Rioja

Duterte certifica la separación de Filipinas y EE UU y podría alinearse con Moscú

Había asegurado que Filipinas no tomaría ninguna decisión sobre su relación con Estados Unidos hasta noviembre para permitir que el Parlamento se pronunciase al respecto, pero la emoción le pudo ayer en China a Rodrigo Duterte y repentinamente decidió anunciar su «separación» de la superpotencia americana. No concretó qué medidas conllevará la ruptura de esa alianza, pero todos dan por hecho que supondrá el fin de la presencia militar del Pentágono en Filipinas, donde el sentimiento antiamericano parece haber ganado fuerza. «Estados Unidos ha perdido», sentenció ayer en Pekín.

«Me he realineado con su ideología -la china-, y puede que también vaya a Rusia para hablar con Putin y decirle que somos los tres contra el mundo: China, Rusia y Filipinas. Es el único camino», remató el presidente del archipiélago. Sin duda, sus palabras son de gran importancia en la región del sudeste asiático, un complejo tablero geoestratégico en el que chocan los intereses de Pekín y Washington. El presidente norteamericano, Barack Obama hizo de 'pivotar hacia Asia' una de sus principales estrategias en política internacional, consciente de su pérdida de influencia en el continente más poblado del planeta, pero el poder económico de China se demuestra más robusto que las alianzas militares que ofrece a través del Pacífico.

Acercamiento a China

Buen ejemplo de ese acercamiento es la cuantía de los acuerdos comerciales que Duterte cerró ayer con su homólogo chino, Xi Jinping: 12.300 millones de euros. «Me he separado de Estados Unidos, así que ahora dependo de vosotros -de China- durante todo el tiempo. Pero no os preocupéis, porque os ayudaremos a que nos ayudéis», dijo el mandatario filipino tras haber recibido un tratamiento especial, con banda de música y alfombra roja incluidas, en el Gran Palacio del Pueblo, el corazón político del gigante asiático.

Habrá que esperar todavía para ver qué otros frutos políticos recoge Duterte de su nueva asociación con China, un país al que, curiosamente, su predecesor llevó a juicio -y ganó- en La Haya para dirimir la disputa que enfrentaba a ambos países por la soberanía de aguas del Mar del Sur de China. Ahora, el nuevo presidente filipino es partidario del diálogo y cabe la posibilidad de que los dos estados, a los que ayer Xi llamó «vecinos a ambas orillas del mar», decidan explotar conjuntamente tanto los recursos naturales como los caladeros de pesca.