La Rioja

Duterte consuma en China su divorcio de EE UU

Rodrigo Duterte contesta a la prensa, ayer en Pekín. :: I. M. / afp
Rodrigo Duterte contesta a la prensa, ayer en Pekín. :: I. M. / afp
  • El presidente filipino olvida viejas rencillas para forjar una alianza económica y comercial de serias implicaciones geoestratégicas en Asia

La noche del martes, Rodrigo Duterte fue recibido en Pekín con una comitiva militar de gala, un generoso ramo de flores que le entregó una adolescente vestida de rojo, y un sinfín de apretones de manos con autoridades de alto nivel. Puede parecer el protocolo habitual en las visitas de jefes de Estado, pero contrasta con la bienvenida que se le brindó a Barack Obama cuando aterrizó en la ciudad oriental de Hangzhou para asistir a la cumbre del G-20 celebrada en septiembre. En aquella ocasión, China ni siquiera envió una escalera para que el presidente estadounidense pudiese bajar del Air Force One. Al final, Obama tuvo que descender por una puerta secundaria del Boeing 747 que está equipada con una escalerilla propia.

Aunque ambos países se enzarzaron después en un agrio cruce de declaraciones sobre las razones de lo sucedido, estos dos recibimientos son reflejo -quizá involuntario- de un vuelco importante en el tablero geoestratégico de Asia, en el que China y Estados Unidos pugnan por influencia. En gran medida, el gigante asiático utiliza su recién adquirido poder económico para atraer a países en vías de desarrollo. Sabe que necesitan construir infraestructuras y forjar una relación estrecha con un socio comercial fuerte. Por su parte, Estados Unidos prefiere hacer amigos entre quienes temen a China o a Corea del Norte con alianzas militares en las que promete salvaguardar la seguridad nacional de países como Japón, Corea del Sur, o Taiwán.

Curiosamente, Filipinas también se encontraba entre sus amigos. De hecho, un acuerdo todavía en vigor permite que el Ejército estadounidense haga uso de cinco instalaciones militares filipinas. Además, tradicionalmente, la excolonia española ha sido uno de los principales contendientes del país de Mao en el Mar del Sur de China, donde una sentencia dictada en diciembre de 2015 por la Corte Permanente de Arbitraje (de La Haya afirmó que Pekín viola la soberanía de Manila. Sin embargo, desde que Duterte llegó al poder el 30 de junio, su actitud hacia Estados Unidos ha sido tan beligerante como cariñosa hacia China.

Es una postura que, sin duda, dará sus frutos. En un gesto de buena voluntad con grandes implicaciones políticas. Pekín podría permitir que los pescadores filipinos faenen en las aguas que se disputan ambos. Sería una muestra de que Duterte tiene razón cuando dice que es mejor el diálogo que el enfrentamiento. Además, China también podría legalizar el trabajo que realizan las filipinas empleadas en el sector doméstico, cuyo estatus ahora es irregular.

Pero, sobre todo, los réditos de la visita serán económicos. Porque servirá para cerrar acuerdos en sectores tan relevantes como los de las infraestructuras, la energía, y el agroalimentario. Está previsto también que Pekín anuncie el fin de la advertencia de viaje que lastra el número de turistas chinos que escogen el archipiélago para sus vacaciones.

Por si fuese poco, el Partido Comunista alaba el aumento de la seguridad que ha provocado la particular guerra que Duterte ha declarado al narcotráfico, y que se está saldando con miles de muertos, en su mayoría víctima de ejecuciones sumarias. Es más, Duterte tiene intención de aprender de los métodos chinos para reducir la delincuencia, y visitará tanto centros de rehabilitación como comisarías de policía. «China no critica y es la única que nos puede ayudar», afirmó el presidente en una entrevista concedida a la agencia de noticias oficial Xinhua.