La Rioja

Valonia amenaza la credibilidad de la Unión Europea

Manifestación en Madrid contra los tratados de libre comercio. :: V. Lerena / efe
Manifestación en Madrid contra los tratados de libre comercio. :: V. Lerena / efe
  • Los líderes buscarán una solución de última hora en la cumbre de mañana y pasado para salvar el gran acuerdo comercial entre la UE y Canadá

Bruselas. Todo va mucho más allá de equipararla una y otra vez con la aldea de Astérix y Obélix que resistió a la obediencia del Imperio. Valonia, la región belga de algo más de 3,5 millones de habitantes, es la principal causa de este enorme embrollo, pero no lo importante. «Si no podemos firmar un acuerdo que es muy bueno con un país como Canadá, que es uno de nuestros aliados más cercanos y uno de los países más democráticos del mundo, el resto del mundo se preguntará: '¿Es Europa un socio fiable?'». Y todo a las puertas del 'brexit' y de compromisos de gran calado que se quieren alcanzar con EE UU o Japón. No corren buenos tiempos para el club de clubes.

La pregunta, de enorme trascendencia y gravedad, la lanzó ayer la comisaria de Comercio, Cecilia Malmström, que dio de plazo hasta el viernes a la región francófona belga para decidir si levanta su veto al acuerdo de libre comercio con Canadá (CETA, por sus siglas en inglés). Valonia, sin embargo, no se fía, como tampoco miles de ONG, sectores agroganaderos o partidos de la izquierda, que consideran que es un pacto al albur de lo peor de la globalización, a favor de las multinacionales y con tintes poco democráticos y contrarios a los valores de Europa. Valonia ha dicho 'no'. Sin su 'sí', Bélgica está atada de pies y manos. Y sin el 'sí' belga no hay nada que hacer. El acuerdo requiere del plácet de los 28 socios. De todos.

«Es el mejor acuerdo que podríamos alcanzar», zanjó Malmström. Lo hizo desde Luxemburgo, en una reunión extraordinaria con los ministros de Comercio de la UE que en un principio estaba fijada para dar su plácet al CETA. Pero no fue posible. Los 'rebeldes' valones se mantienen firmes pese a las «muchas presiones e incluso amenazas no veladas» que están recibiendo en las últimas horas, como denunció el presidente de la región, el socialista Paul Magnette.

La comisaria sueca, que se mostró relativamente optimista y desveló que están «trabajando día y noche» para que los temores de Valonia queden resueltos en el documento final, advirtió, eso sí, de que la firma que estaba prevista para el próximo día 27 quedará suspendida 'sine die' si los jefes de Estado y de gobierno no logran un acuerdo en la cumbre que se celebra mañana y pasado en Bruselas. De nuevo, los líderes comunitarios tendrán que sacarse otro conejo de la chistera en el último minuto.

Por su parte, el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, no oculta su malestar y confiesa estar perplejo ante lo que está ocurriendo y la forma de proceder de la UE. Tener un club con 28 socios tan distintos y con culturas tan antagónicas acarrea estas cosas y más, en una situación en la que los líderes de partidos tradicionales han plegado velas por su miedo al creciente populismo que atenaza Europa.

«27 países y medio»

«Podemos decir que apoyan el CETA algo más de 27 Estados miembros y medio», declaró el ministro belga de Exteriores, Didier Reynders, quien confió en que el respaldo definitivo de su país al entendimiento comercial con Canadá llegue en la cumbre de líderes. Él, paradójicamente, lo apoya, pero en Bélgica no sólo debe dar su plácet el Gobierno federal, también las regiones (es como si en España fuera vinculante el voto de las comunidades autónomas).

Valonia, además, se ha quedado completamente sola porque «ya no hay reservas» de países como Rumanía y Bulgaria, que eran más reacios. Así que algo más de 3,5 millones de europeos pueden poner en jaque a los otros 500. Bienvenidos a la UE.

¿Cómo desbloquear el entuerto? Para que «todos los países se sientan cómodos firmando» el documento, Malmström destacó que han desarrollado una «declaración interpretativa adjunta que tendrá valor jurídico y será publicada en el diario oficial de la UE». Se deja claro que el acuerdo con Canadá no rebaja los estándares europeos en materia medioambiental ni social y tampoco obligará a los países miembros a privatizar servicios públicos, resaltó antes de insistir en que el CETA, que suprime el 99% de las tarifas arancelarias, «es el acuerdo más avanzado y moderno que ha firmado nunca la UE».