La Rioja

«Sin una ruta clara, la situación en Colombia se volverá inaguantable»

Guerrero propone diálogo para desbloquear el 'no'. :: telepress
Guerrero propone diálogo para desbloquear el 'no'. :: telepress
  • Considera que parte del rechazo al acuerdo con las FARC se debe a la ignorancia o el engaño respecto al contenido del pacto

  • Luis Guillermo Guerrero Director del Centro de Investigación y Educación Popular de Colombia

Durante el último medio siglo, el Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep) ha hurgado en las llagas colombianas, buscando las razones y los agentes propiciadores de una violencia que ha devastado el país. Luis Guillermo Guerrero, su actual director general, reflexiona sobre la victoria del 'no' a los acuerdos de paz con las FARC. Su opinión es rotunda. «Ésta es la peor situación que nos podía pasar», confiesa el especialista.

¿Cómo interpreta el inesperado triunfo del rechazo?

Fue multifactorial. Hubo un manejo mediático altamente distorsionado del Centro Democrático, el partido de Álvaro Uribe. Decían que los acuerdos proporcionaban impunidad y no explicaban que las condenas no suponían largas penas de prisión si los implicados reconocían su delito o que no sólo se aplicaban a los milicianos, sino también a los militares y a los empresarios que aportaban recursos para actos de guerra, y a los que el expresidente quiere desvincular del proceso. También se mintió diciendo que los miembros de las FARC recibirían elevadas pensiones vitalicias, cuando sólo se trata de pequeños montantes durante dos años y un modesto capital para montar negocios.

¿El 'no' es homogéneo?

Es un no en gradiente, desde el más radical de los uribistas a otros que le cobraron al presidente Santos su política social, el conflicto con campesinos, indígenas, camioneros, maestros o sindicatos de salud. Hubo también otras manipulaciones, como la gran mentira de que se le entregará el poder a la guerrilla y vamos a quedar como Venezuela, o la respuesta del mundo más conservador ante la denuncia homofóbica que aseguraba que los acuerdos querían destrozar a la familia colombiana porque en los acuerdos se nombraba a los grupos LGTBI.

¿Qué sucede ahora en el país?

La gente está saliendo a la calle todos los días, los del 'sí' y los del 'no' juntos, exigiendo que las elites no negocien solas, que la ciudadanía quiere saber qué están pactando y opinar. Reclaman un acuerdo ya y que no vuelva la guerra. Es un tiempo de consultas sobre los puntos más conflictivos de la negociación como la restitución de las ocho millones de hectáreas robadas, cuestión que genera urticaria a los usurpadores, o la del narcotráfico, que, si deja de ser un delito para los guerrilleros provocaría su extradición a EE UU.

¿Cuál es el aspecto más complicado para seguir adelante?

La participación política, porque es ahí donde empiezan muchos de nuestros problemas. Cuando la Unión Patriótica, la primera incursión de las FARC en política, comenzó a ganar alcaldías, 3.500 de sus líderes fueron asesinados. Se precisan acuerdos para desbloquear el 'no' e involucrar a los 21 millones que no quisieron votar por ignorancia o porque les importa un bledo la política.

¿Cabe una marcha atrás?

La milicia dice que no más, y todos claman por la superación de la guerra, pero los del rechazo no calcularon que podríamos tenerla porque el tiempo está en nuestra contra. Si no hay una ruta clara en Colombia, la situación se volverá inaguantable más allá de tres, cuatro o cinco meses.