La Rioja

La demócrata Hillary Clinton, camino del avión. :: L. N. / reuters
La demócrata Hillary Clinton, camino del avión. :: L. N. / reuters

Los candidatos se juegan los últimos votos en Las Vegas

  • Hillary Clinton y Donald Trump celebran hoy su debate definitivo antes de las elecciones frente a una audiencia de unos 85 millones de personas

Nueva York. Dicen que lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas, pero hoy no será el caso. El último debate en estas elecciones de 'reality show' tiene el potencial de decidir quién sustituirá a Barack Obama. Nunca más los candidatos presidenciales volverán a tener delante una audiencia de entre 60 y 85 millones de personas, que es lo que registraron los dos debates anteriores, batiendo todos los récords. Un 14% del electorado que aún no ha decidido apoyar a ninguno de los dos observa, no se sabe si con atención o con hastío.

«Esta campaña es realmente única, nada funciona como lo que hemos visto en el pasado», advierte el analista David Birdsell, decano de la Facultad Austin W. Marxe de Asuntos Públicos e Internacionales de la Universidad de Baruch. «No es solo que hayamos tenido que tirar el libro de las reglas políticas por la ventana: es que lo hemos tenido que tirar una y otra vez, pisotearlo, quemarlo y repartir las cenizas por el Washington Mall».

La culpa es de Donald Trump y esos seguidores que reafirman su lealtad al millonario con cada nuevo escándalo. Trump sabe leer las encuestas, y aunque las hay para todos los gustos, Birdsell se queda con las que ponen a Hillary Clinton entre seis y siete puntos por encima de él. «Nunca ha perdido un candidato que tenga esa ventaja a tres semanas de las elecciones», sentencia el experto, «pero en estas elecciones tan atípicas eso no quiere decir nada». De hecho, ni siquiera se atreve a decir que esta sea la última oportunidad de dar la vuelta a las encuestas. Prefiere puntualizar que el debate de esta noche será «la última oportunidad contemplada en la agenda». A saber qué video de Donald Trump aparecerá mañana o qué 'e-mails' de Hillary Clinton encontrará Wikileaks.

Durante el primer debate, la ex secretaria de Estado llegó empatada en las encuestas y preparada con una batería de trampas a las que su rival entró al trapo. En el segundo, prefirió ser comedida y dar una imagen presidenciable para poder captar a los republicanos desafectos que están espantados con las estridencias de su candidato. Para esta noche Birdsell sugiere que no se enfrasque siquiera en negar las acusaciones que le lanzará Trump, armado con las típicas conspiraciones sobre Bengasi y ahora con la nueva munición que ha proporcionado Wikileaks al piratear la cuenta de su jefe de campaña, John Podesta. «Tiene que ser positiva, dar una imagen muy distinta a la de Trump, mirar a la cámara y convencer a la gente de que pueden confiar en ella como presidenta».

Trump saldrá bufando como un animal herido, no hay dudas. Está convencido de que el sistema electoral está apañado para hacerle perder las elecciones y ya prepara a sus hordas de seguidores para grandes protestas en caso de que las urnas no le conviertan en el próximo presidente de EE UU. Eso es lo que realmente preocupa al decano de la Facultad Austin W. Marxe. «Está intentando deslegitimar el proceso electoral en EE UU y como consecuencia erosionará en adelante el sentido que tiene la gente de que de verdad importa su voto y el apoyo que da a un candidato».

«Están cabreados»

Tras perder el apoyo del partido, Trump ya no intenta conquistar a los republicanos moderados. Su único objetivo es entusiasmar tanto a sus bases que nadie falte a las urnas el 8 de noviembre, a fuerza de lanzarles gritos de indignación contra un sistema que les ha traicionado. «Y de eso no hay dudas, están cabreados por algo», admite el experto. «Los ingresos reales de un hombre blanco en el interior del país que no tenga educación superior han caído catastróficamente un 20% desde 1992. Y si se resta la inflación la cifra es mayor. El sufrimiento es real. De verdad están convencidos de que esta economía y este sistema político no funciona para ellos y la verdad es que es así, por la razón que sea. Donald Trump está canalizando esa frustración. Cuanto más cabreado se muestra y más rechaza las normas de corrección que gobernarían una sociedad educada, más credibilidad tiene».

A esos se referirá esta noche el magnate para intentar subir el techo del 40% que le dan los expertos. La cuestión es: ¿cuántos cabreados quedan ahí fuera? La única medición válida llegará el próximo 8 de noviembre.