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Donald Trump. :: Reuters
Donald Trump. :: Reuters

Trump atiza el miedo a un fraude en las elecciones

  • El candidato republicano se revuelve contra los malos resultados de los sondeos mientras Hillary Clinton sigue acosada por sus correos electrónicos

Cada debate entre los candidatos a la presidencia de Estados Unidos viene precedido por una ola de rumores y escándalos que amenaza con engullir a los aspirantes y que pone a prueba su capacidad para sobreponerse a lo más vulgar de la política y salir con unos cuantos indecisos ganados para las urnas. A tres semanas de las elecciones, Las Vegas se prepara para el último encuentro televisado entre Hillary Clinton y Donald Trump, que se celebrará mañana.

El candidato republicano llegará revuelto contra todos, sobre todo contra la cúpula de su partido, a la que acusa de haberle dejado solo en medio de lo que considera una campaña de los medios de comunicación, que difunden «hechos inventados» en relación a denuncias por agresiones sexuales hechas públicas por varias mujeres en la última semana. Mientras tanto, la candidata demócrata deberá hacer frente a nuevas filtraciones sobre la gestión que realizó de su correo electrónico privado para asuntos oficiales «de alto secreto» cuando era secretaria de Estado en la primera legislatura de Barack Obama.

Donald Trump insistió el domingo en la existencia de una conspiración de los medios para que gane su rival. «Las encuestas tienen poco margen, pero podrán creer que perdí una gran cantidad de mujeres votantes a raíz de hechos inventados que jamás ocurrieron. ¡Los medios amañan la elección!», escribió en Twitter.

Desde que Hillary Clinton comenzó a aventajarle en los sondeos, Trump repite que las elecciones están amañadas. Ayer cargó incluso contra el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, por contradecirle. «¿Por qué los líderes republicanos niegan lo que está ocurriendo? ¡Es tan ingenuo!», dijo de Ryan. Trump culpó además al Partido Demócrata de estar detrás del ataque con un cóctel molotov contra una oficina del Partido Republicano registrado el domingo por la noche en Carolina del Norte. En la fachada del edificio contiguo había aparecido una pintada con una esvástica y la frase «republicanos nazis, fuera de este pueblo o verán».

Hillary Clinton condenó el ataque calificó de «horrible e inaceptable» y agradeció que «todo el mundo esté a salvo». La candidata demócrata quedó expuesta ayer a una nueva acusación relacionada con el inadecuado uso de su correo electrónico privado para asuntos oficiales calificados de «alto secreto» cuando era secretaria de Estado. Documentos del FBI difundidos el mismo lunes sugerían que el subsecretario de Estado para asuntos administrativos Patrick Kennedy, actualmente en el cargo, pidió a la Oficina federal que cambiara a 'desclasificado' un 'e-mail' marcado como 'clasificado', es decir, de alto secreto.

Según una fuente oficial del FBI cuyo nombre aparece tachado en el documento, Kennedy ofreció a cambio a la Oficina federal de investigación la posibilidad de desplegar agentes en lugares donde no tenían permiso para hacerlo. El FBI contestó ayer que «la calificación del 'e-mail' no fue cambiada, y aún aparece como 'clasificado'» y que «nunca existió un 'quid pro quo'» respecto a este asunto.

El Partido Republicano aprovechó de inmediato la acusación para recordar que la candidata rival utilizó un servidor «no seguro» para asuntos de «seguridad nacional» y que eso la inhabilitaba para depositar en ella «información sensible», según declaró Paul Ryan.