La Rioja

Un arsenal de hinchables para Putin

El presidente ruso, Vladímir Putin, visita una factoría de los Urales que fabrica el carro de combate T-14 Armata. :: alexéi nikolskyi / reuters
El presidente ruso, Vladímir Putin, visita una factoría de los Urales que fabrica el carro de combate T-14 Armata. :: alexéi nikolskyi / reuters
  • Lanzaderas de misiles, tanques o cazas inflables forman parte de la 'guerra híbrida' que el líder ruso comenzó a desplegar en Ucrania

Los señuelos inflables para despistar al enemigo ya se emplearon durante la II Guerra Mundial y con ellos Sadam Hussein trató de engañar a los americanos cuando intervinieron en 2003. Ahora Rusia recupera la estratagema y decide equipar a su Ejército con tanques, lanzaderas de misiles y aviones inflables. Se trata de que, en el caso de que estallara una guerra, se pudieran exhibir despliegues falsos de columnas de tanques, simular la instalación de baterías antiaéreas para disuadir a aviones hostiles o incitar a bombardear unidades fantasma, lo que hace perder munición y tiempo y dificultando la localización de las verdaderas.

Esta técnica de camuflaje ('maskirovka' en ruso) forma parte de lo que la prensa oficial e incluso algunos altos responsables llaman «guerra híbrida». El término se hizo especialmente popular en la víspera de la anexión de Crimea, en marzo de 2014. La península se llenó de los famosos «hombrecillos verdes», soldados rusos armados hasta los dientes pero sin llevar en el uniforme distintivo alguno. Como se decía entonces en Moscú, esos «hombrecillos verdes», salidos supuestamente del pueblo llano, eran «benefactores» que aparecieron para impedir que la «junta fascista» que tomó el poder en Kiev tras la revuelta del Maidán pudiera doblegar a la población de Crimea.

Poco después, el presidente Vladímir Putin admitió que los camuflados eran militares rusos e incluso reconoció que fue él quien dirigió la operación para la «reincorporación» de la península al conjunto de Rusia. Otro tanto sucedió, aunque sin el mismo éxito y con sangre, en Donetsk y Lugansk, en el este de Ucrania. Según Moscú, los separatistas armados que se levantaron contra Kiev eran «mineros y tractoristas desesperados».

Eso sí, armados, según los investigadores internacionales, hasta con lanzaderas de misiles Buk, como la que derribó el vuelo MH17 de Malaysia Airlines el 17 de julio de 2014 con 298 personas a bordo. Todas perecieron. El Kremlin ha negado siempre su presencia militar en el este de Ucrania e incluso ante pruebas fehacientes como en el caso delperiodista de Pskov Lev Shlósberg respondió que eran «militares de vacaciones» que acudieron a Donetsk y Lugansk a ayudar a sus «hermanos».

En fechas recientes, en el marco del foro económico moscovita 'Rusia te llama', Putin confesó que «estábamos obligados a defender a la población ruso hablante de Donbass» (sureste de Ucrania). Los expertos ven otro ejemplo de 'guerra híbrida' en los convoyes «humanitarios» que Moscú ha enviado a Donbass, al parecer, cargados de armas.

Globos y camas elásticas

La empresa encargada de suministrar el arsenal hinchable se llama Rusbal y se encuentra en Jotkovo, a medio centenar de kilómetros al noreste de Moscú. Fabrica con telas muy ligeras y resistentes, además de globos aerostáticos y camas elásticas, señuelos de aviones de combate, de sistemas antiaéreos, de tanques y otros armamentos. El Ministerio de Defensa cuenta ya con réplicas hinchables de lanzaderas S-300 y aviones de combate Mig-31.

Las torretas de los tanques giran como las de los prototipos reales, sus escotillas se abren, desprenden calor para confundir a los dispositivos de localización térmica y hasta emiten señales para que los radares enemigos los detecten como reales. Sólo falta esperar que una hipotética guerra se quede sólo en un ejercicio de simulación virtual.