La Rioja

Una mujer lee los mensajes de tributo a Jo Cox escritos en el lugar donde fue asesinada. :: REUTERS
Una mujer lee los mensajes de tributo a Jo Cox escritos en el lugar donde fue asesinada. :: REUTERS

Por la senda de Jo Cox

  • La circunscripción de la diputada laborista asesinada durante la campaña del 'brexit' elige a su sustituto el próximo jueves

Birstall. El 16 de junio, a una semana del referéndum británico sobre la UE, un hombre con simpatías políticas ultranacionalistas y racistas, y un historial de trastornos de salud mental, mató a la diputada laborista Jo Cox cuando caminaba hacia la biblioteca municipal de Birstall, que tiene una habitación disponible para que los parlamentarios de la circunscripción reciban a sus electores.

La conmoción fue inmensa en Reino Unido y en otros lugares del mundo. El asesinato de una mujer elegida para representar las opiniones de la mayoría en su distrito, cuando la política parecía de nuevo importante, sacudió a quienes creen en las posibilidades de la democracia.

Cox era la madre de dos hijos pequeños. Su muerte desveló una biografía radiante. Diputados conservadores hablaron de ella en una sesión extraordinaria de la Cámara de los Comunes con afecto evidente por la ejecutiva de organizaciones humanitarias o diputada en el Parlamento que saltaba sobre las barreras entre quienes tienen ideas diferentes sobre la mejor forma de organizar la sociedad, porque su empeño era paliar la tragedia de los refugiados en Darfur o en Siria.

Aquella conmoción detuvo por unos días la campaña y partidarios de la permanencia o de la salida británica de la UE creyeron que podía afectar al resultado, cuando los sondeos sugerían un empate. Pero ganó el 'brexit', también en el distrito electoral que englobó la circunscripción Batley y Spen, que representó Cox.

En las vecinas Wakefield o Barnsley, excapitales mineras de Inglaterra, la victoria de los partidarios del abandono de la UE fue aplastante. Ganaron también en otro bastión tradicional laborista de la comarca, Bradford, y en Leeds, la gran ciudad de esta parte de la región de Yorkshire, en el norte de Inglaterra, también se impusieron, por un margen minúsculo.

Lo ocurrido en esta región es una muestra del fenómeno electoral que decidió la consulta. Más de tres millones de votantes de zonas laboristas que no habían acudido a las urnas en los últimos años fueron esta vez a sus colegios electorales y votaron en masa por el 'brexit'. Por eso, Theresa May dice que el voto refleja un malestar más amplio que el sentido hacia la UE.

Feudo metodista

La circunscripción de Bartley y Spen había elegido desde su creación en 1983 a una diputada conservadora hasta la victoria de Tony Blair en 1997. Desde entonces, los laboristas han retenido el escaño y Jo Cox aumentó la diferencia sobre sus rivales. Pero la participación electoral ha caído desde la década de los setenta, y en el referéndum votó al menos un 5% más del censo electoral que en comicios previos.

Birstall, la pequeña población en la que Cox fue asesinada, es un pueblo-mercado agradable. Viven allí bastantes jubilados. La industria textil que tuvo un paradójico tiempo de prosperidad durante la Segunda Guerra Mundial, porque producía uniformes y mantas para las tropas, es historia. Como también lo es que este pueblo fuese un importante centro metodista.

A cincuenta metros de la biblioteca está la capilla metodista. Christine Edmond, de 77 años, secretaria de la congregación, tiene un rostro que denota disciplina y limpieza, y una manera pausada y ordenada de argumentar: «Yo voté por el 'brexit'. Creo que la mayoría no quiere que un Gobierno no elegido dicte leyes en este país. Yo quiero democracia. Cuando ingresamos nos dijeron que nos uniríamos como un socio comercial, pero se le han ido añadiendo cosas».

Edmond se queja de que «terroristas o asesinos que vienen de Europa son juzgados como culpables, pero no se les puede extraditar, porque tienen un hijo o un animal de compañía». Esos impedimentos proceden de la Convención Europea de Derechos Humanos, que Blair incorporó a la legislación doméstica. La Convención, adoptada en 1953, es anterior a la creación de la Comunidad Económica Europa y no tiene nada que ver con la UE.

«Yo no voté 'Brexit' por la inmigración, pero estamos superados, porque no tenemos la infraestructura para recibir a tanta gente».

Pero aquí no hay inmigrantes europeos.

Hay kurdos, turcos, polacos. Los polacos y los españoles se integran, pero los asiáticos no se integran en absoluto. En lugar de prosperar, muchos han revertido a un estilo de vida de hace cincuenta años. Mi dentista es indio y está horrorizado.

En el museo Baggshaw se cuenta la historia de la inmigración local. La voz grabada de una mujer irlandesa recuerda la frustración de sus padres ante los carteles que en las factorías advertían a los católicos que no se molestasen en solicitar empleo. También la de una mujer india recordando que, en los cincuenta, cuando preguntaban a un blanco el camino hacia una dirección que llevaban escrita en un papel les acompañaban a menudo hasta su destino.

En esta comarca la pauta de la segregación geográfica en barrios blancos o musulmanes se repite. En Batley, la mayoría de la población es de India o de Pakistán, pero para Scholefield el problema es que las numerosas factorías textiles que les atrajeron ya no existen.

El jueves se elegirá la diputada para ocupar el escaño de Jo Cox. Será Tracy Brabin, actriz y laborista, salvo que los votantes de Batley y Spen decidan llevar al Parlamento a candidatos de grupos ultras y racistas o a un independiente de origen asiático que en 2015 lo fue del UKIP. Los principales partidos británicos renunciaron a la elección. El presunto asesino de Cox será juzgado en noviembre.