La Rioja

Valonia amenaza el acuerdo UE-Canadá

Un grupo de personas se manifiestan con globos de gas contra el acuerdo de libre comercio entre la UE y Canadá. :: efe
Un grupo de personas se manifiestan con globos de gas contra el acuerdo de libre comercio entre la UE y Canadá. :: efe
  • El veto del Parlamento de la región francófona ata al Gobierno belga para ratificar un pacto que afecta a 535 millones de personas

Podía haber ocurrido en otras partes de Europa, cierto, pero es que ha vuelto a pasar en Bélgica, en un pequeño país fracturado en dos comunidades culturales y lingüísticas que acoge las instituciones europeas, la sede de la OTAN y que lleva demasiado tiempo empeñado en estar en boca de medio mundo, como ocurrió con los últimos atentados o por ser, por ejemplo, el país desarrollado que estuvo más tiempo sin Gobierno: 541 días (España está intentando ponérselo difícil).

¿Qué ha pasado ahora? Pues que el gran acuerdo de libre comercio que quieren firmar Europa y Canadá (CETA, por sus siglas en inglés) tras cinco años de negociación puede ir al traste por el veto del Parlamento regional de Valonia (francófono, sur del país), que ayer rechazó dar luz verde al Gobierno federal liderado por un cuestionado Charles Michel para firmar un pacto muy criticado por sindicatos y las ONG al temer que haya barra libre a una globalización desmedida. El problema, además, es que se ha contagiado del movimiento social surgido en contra del TTIP, el acuerdo de libre comercio con Estados Unidos. De momento, ha quedado 'congelado' por la incertidumbre política a ambos lados del Atlántico.

Del TTIP al CETA. ¿Puede una Cámara que representa a menos de cuatro millones de belgas, al 0,7% de la población de la UE, impedir la firma de un Tratado que puede aportar 12.000 millones al PIB comunitario? Sí. El motivo es que en último término, tras el visto bueno del Consejo y de la Eurocámara, el acuerdo debe llevar la firma de los 28 estados miembros, obligados a someterlo al veredicto de sus parlamentos nacionales. Y en Bélgica, si Valonia no da el OK, hay poco que hacer, lo que pondría en un brete al país y a la UE, que seguro ya está buscando planes de emergencia en la enrevesada legislación que permitan salvar el CETA, cuya negociación se cerró en 2014 pero que aún no había sido ratificado de forma oficial.

«No daré plenos poderes al Gobierno federal para ratificar el CETA. Las garantías no son suficientes», advirtió el socialista Paul Magnette, ministro-presidente de la Valonia. Eso sí, dejó la puerta abierta a seguir con la negociación y anoche, por ejemplo, se desplazó a París para reunirse con el presidente francés, François Hollande, un gesto que evidencia la relevancia de los hechos.

Duras críticas de Canadá

El Parlamento regional valón se convirtió ayer en un foco de enorme relevancia al congregar a los corresponsales de los principales medios internacionales. El debate fue muy caluroso y se pudieron escuchar duras críticas al veto impulsado por los socialistas, que hace dos años perdieron el Gobierno federal en favor del centro derecha. «No vamos a permitir que aíslen a Valonia, nos quieren convertir en la Cuba de Europa», censuró la diputada Virginie Defrang-Firket, del liberal MR (partido del primer ministro, que es sustentado por otras tres fuerzas, entre ellos los independentistas flamencos, formación mayoritaria en Flandes). Pese a las críticas, el rechazo manifestado fue contundente (46 votos frente a 16, y una abstención).

¿Y ahora, qué? Distintas fuentes aseguran que el Ejecutivo belga decidirá finalmente el lunes qué hacer. Y es que el tiempo apremia porque el martes los ministros de Comercio de los 28 se reúnen en Bruselas de forma extraordinaria para dar el primer plácet al CETA antes de la gran firma entre Europa y Canadá, que en teoría está prevista el día 27 al más alto nivel. ¿Qué pasará? Ayer, el portavoz de la Comisión Europa aseguró que todo sigue según lo previsto.

Nada está claro. Quinientos millones de europeos y 35 de canadienses están a la espera de que se resuelva el enésimo sudoku de esta convulsa UE. Lo que ya se sabe es que la imagen comunitaria está quedando, de nuevo, muy tocada. Las declaraciones del primer ministro canadiense, Justin Trudeau, que esta semana visitó París, son algo más que un tirón de orejas. «Si Europa es incapaz de firmar un acuerdo comercial avanzado con un país como Canadá, entonces, ¿con quién cree Europa que puede hacer negocios en los próximos años, en un momento tras el 'brexit' en el que se plantean muchas preguntas sobre la utilidad de la UE?». Pues eso.