La Rioja

La campaña se disputa en las cloacas

El candidato republicano, Donald Trump, en un acto político en Panama City, en el Estado de Florida.
El candidato republicano, Donald Trump, en un acto político en Panama City, en el Estado de Florida. / MIKE SEGAR / REUTERS
  • Miss Arizona 2001 recuerda que Trump irrumpía en los vestuarios de sus concursos de belleza cuando las jóvenes estaban desnudas

La primera vez que estrechó la mano de Donald Trump, Tasha Dixon tenía 18 años y los pechos al aire. El magnate entró sin previo aviso a los vestuarios del concurso para elegir a Miss Estados Unidos en el que participaba Miss Arizona 2001 mientras las chicas se desnudaban para ponerse los bikinis. El millonario fue el propietario de este certamen durante 19 años, junto con los de Miss Universo y Miss Adolescente EE UU.

Aquella irrupción de Trump no fue un accidente, sino un movimiento calculado y habitual del que fardó después con el locutor de radio Howard Stern. «Te voy a contar lo más divertido», le dijo en antena en 2005. «Voy al 'backstage' antes del 'show' cuando todas se están vistiendo. Yo puedo hacerlo, porque soy el dueño del concurso y por tanto inspecciono... '¿Todo el mundo bien?'... Ya sabes, están allí de pie desnudas, sin ropa. '¿Todo el mundo bien?'. Y ves a estas mujeres increíbles, puedo salirme con la mía haciendo cosas así».

El que hablaba no era un adolescente en un vestuario de futbolistas, como tratan de disculparlo sus seguidores estos días, sino un hombre de negocios a punto de cumplir los 60 que se escudaba en una ficticia madurez para abusar de chicas que en algunos casos tenían 15 años. «Algunas estaban en 'top less'. Otras, desnudas», recuerda Tasha Dixon. «Tener al dueño caminando hacia ti cuando estás desnuda o medio desnuda te pone en una situación muy vulnerable», cuenta a CBS Miss Arizona 2001. «Y encima tienes a la gente que trabaja para él empujándote: 'Ve y salúdalo, habla con él, tienes que caerle bien'».

Trump les decía: «No os preocupéis, yo ya lo he visto todo». Pero no quitaba la vista de sus pechos, lo que más le importa de una mujer, como ha contado sin tapujos en repetidas ocasiones. Barbara Ress, que trabajó para él como ejecutiva, lo califica de «supremacista sexista» que culpaba a su propio 'sex appeal' de sus fracasos en los negocios. «Llegó a creerse que era un 'imán para las mujeres' porque se enganchaba con dos o tres a la vez. Se hizo demasiado famoso y creyó lo que la gente le decía de que era un tipo genial. De verdad llegó a creerse que podía caminar sobre el agua», dijo Ress a 'The Daily Beast'.

«Repugnante»

Entre los políticos con sentido común que aún no dan crédito a esta campaña que se juega en las cloacas destacaba ayer la voz de Barack Obama, que en referencia a las declaraciones del magnate en las que presumía de meterles mano a las mujeres «por el coño» sin consentimiento, aunque fueran casadas, el presidente no pudo por menos que declarar: «No tienes que ser marido o padre para decir que eso no es correcto. Sólo tienes que ser un ser humano decente», dijo en un mitin de apoyo a la candidata demócrata, Hillary Clinton, en Carolina del Norte. «Y si eso te irrita, si crees que esa persona no es alguien que deba representar a EE UU, esta vez puedes hacer algo al respecto. Vota y haz que se oiga tu voz».

Obama encuentra el comportamiento de Trump «repugnante», dijo el portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest. Es de esperar que en los 26 días que quedan hasta las elecciones no dejen de salir testigos que den fe de la conducta prepotente, machista y racista del aspirante republicano, a pesar de los muchos acuerdos de confidencialidad que obligó a firmar a la gente que trabajaba con él.

Algunos de estos pactos expiraban a los cinco años y por tanto ya han dejado libres a los testigos. Así es como un ingeniero de sonido de la cadena NBC que le colocaba el micrófono para los 'realities' contó al portal Buzzfeed que Trump rehusó darle la mano y se volvió a sus ayudantes diciendo: «Guau, ¿quién es este puto mono?», recordó el afroamericano. «No voy a dejar que me toque».

Es sólo uno de los muchos ejemplos que ya estaban a la vista de todos cuando Donald Trump obtuvo la candidatura del partido de Lincoln y Reagan frente a otros dieciséis aspirantes. Hace sólo algunas semanas marchaba empatado con Clinton en las encuestas. Las mismas que ahora acreditan que se recupera con rapidez, gracias a su actuación de 'macho alfa' en el segundo debate televisado, el domingo, del tremendo impacto del vídeo que desde el sábado lo muestra como agresor sexual.

La declaración de guerra del magnate neoyorquino contra el partido conservador al que representa hace las delicias de sus seguidores. Para quienes esperan al próximo vídeo, Marshawn Evans, una de las mujeres humilladas durante su programa televisivo 'El aprendiz', tiene una pregunta.

«¿Es que no estáis ya suficientemente entretenidos? ¿Qué más necesitáis oír para forjaros una opinión de este hombre?», preguntó en CNN.