La Rioja

Esperando a George Osborne

Una protesta contra los conservadores británicos cerca del lugar donde celebran su convención anual, en Birmingham. :: DANIEL LEAL-OLIVAS/AFP
Una protesta contra los conservadores británicos cerca del lugar donde celebran su convención anual, en Birmingham. :: DANIEL LEAL-OLIVAS/AFP
  • Los partidarios del 'brexit' más duro lanzan una advertencia hacia los 'permaníacos' para que no entorpezcan el camino elegido

El periodista de 'The Times' Hugo Rifkind, hijo de Malcolm, exministro de Margaret Thatcher y John Major, contaba esta semana, en un acto en los márgenes de la conferencia del Partido Conservador, esta anécdota: estaba con un amigo conservador escocés en el festival de Glastonbury cuando conocieron el resultado del referéndum europeo y el amigo le dijo que su fidelidad a la causa terminaba allí, que apoyaría la independencia.

«No lo hará», decía Rifkind, pero advirtió a los conservadores que no pueden contar indefinidamente con «pasajeros económicos reacios», con simpatizantes de las ideas del mercado liberal y de una Gran Bretaña unida políticamente, pero que se sienten ajenos a la evolución del partido y de sus votantes euroescépticos hacia lo que Tim Bale, profesor de Política en la Universidad Queen Mary, califica como «pensamiento mágico sobre el 'brexit'».

Bale cree que la fuente es una nostalgia por los años cincuenta. En las consultas de los médicos de cabecera y en los hospitales el personal será británico. Hay ministros que han hablado de la ilusión que les hace tener de nuevo pasaporte de color azul. Se promueve la construcción de un nuevo yate real, porque el viejo lo amarraron los laboristas en el puerto escocés de Leith como atracción turística. El comercio con la UE será sustituido por el que florezca con la Commonwealth.

'Permaníacos'

Un país envejecido, proclive por tanto a la nostalgia y a la queja, ha votado 'brexit' y sus líderes más entusiastas y sus adalides en los medios exigen ahora silencio a los que critican la dirección que ha emprendido el país. Los llaman 'remainiacs' ('permaníacos' o maniáticos de la permanencia en la UE), y hay diferentes niveles de gravedad en su estado.

Unos creen que será posible entorpecer la marcha hacia el 'brexit' en los tribunales, donde se disputan ahora litigios para obligar al Gobierno a que consulte al Parlamento antes de activar el Artículo 50 de inicio de la negociación, lo que la primera ministra, Theresa May, ha prometido para antes del fin de marzo. Otros especulan con formar un nuevo partido político de centro. Y otros, como George Osborne, esperan.

La ausencia de los fieles al legado de David Cameron y de su lugarteniente Osborne en la conferencia conservadora ha sido llamativa. Nicky Morgan, exministra de Educación, fue la más osada, criticando el plan impulsado por May para regresar al sistema de escuela pública de los años cincuenta, con separación de los niños por su capacidad a los once años. Y Morgan ha advertido a los conservadores de los riesgos de su trayectoria.

«Hay algunos para los que el referéndum no es suficiente», dijo en un debate en los márgenes de la conferencia. «Quieren además un 'brexit' duro, que nos separemos de la UE, demos la espalda al mercado común y permiten que la gente diga cosas sobre sus conciudadanos que promueven la intolerancia y el fanatismo». Recordó a los 'tories' el itinerario de los republicanos en Estados Unidos, liderados ahora por Donald Trump.

Ruth Davidson, líder de los conservadores escoceses, convertidos gracias al colapso laborista en los abanderados del unionismo, es tan admirada que precedió a May en la ceremonia de clausura. Fue menos nítida que Morgan, pero ha subrayado la importancia del mercado común y con un mensaje público de bienvenida a los inmigrantes se distanció del ministro de Comercio, Liam Fox, para quien los residentes europeos en Reino Unido son «una de las mejores cartas» de Londres en la partida de la negociación con Bruselas.

Equilibrios

En un acto promovido por el Movimiento Europeo, el profesor Bale advirtió a los 'permaníacos' de que será imposible bloquear el 'brexit', salvo que la opinión pública cambie drásticamente si las cosas van mal. Y el corolario de esa advertencia es que el resto del partido y de la sociedad británica no pueden ver a los partidarios de la permanencia entorpeciendo la negociación de May o deseando que salga mal.

El diputado Neil Carmichael explicaba así el camino de los conservadores europeístas: «No vamos a abandonar el terreno. Vamos a concentrarnos en obtener la relación más estrecha con el mercado común y preservar las buenas relaciones con los 27 miembros de la UE. Las cosas pueden ir mal y puede haber un replanteamiento. Entonces, necesitaríamos amigos. Debemos influir en la manera de la negociación y seguir una política dinámica, con un enfoque multipartito».

Un partido laborista liderado por el izquierdista Jeremy Corbyn no ayudará a ese enfoque, aunque Corbyn se enfrenta a la rebelión en su grupo parlamentario. El Partido Nacional Escocés quiere también la permanencia y dañar a May. Los equilibrios en la Cámara de los Comunes serán delicados .

A Theresa May le llega el turno ahora de gestionar la política del 'brexit', que se impone a todo lo demás. En los escaños 'tories' estará esta vez George Osborne, que no quería el referéndum, que fue despedido por la nueva líder, que es aún joven y ha dicho que seguirá en la política, porque quiere ver el final de esta película británica.