La Rioja

Una Policía de fronteras para blindar Schengen

Tres inmigrantes luchan por sobrevivir tras un naufragio al norte de la costa de Libia. ::  ARIS MESSINIS / afp
Tres inmigrantes luchan por sobrevivir tras un naufragio al norte de la costa de Libia. :: ARIS MESSINIS / afp
  • La Comisión activa en Bulgaria la nueva agencia de control migratorio, que puede enviar hasta 1.500 agentes a los países en apuros

Europa está muy necesitada de noticias positivas, de títulos capaces de curar una autoestima gravemente herida. Ayer fue uno de esos días en los que la UE tocó a rebato, en los que todos sus grandes líderes salieron en tromba vía redes sociales para recalcar que lo que estaba ocurriendo en Bulgaria, en el puesto fronterizo Kapitan Andreevo con Turquía, era «histórico». Lo que sucedió, más allá del edulcoramiento político, fue la puesta en marcha de la Guardia Europea de Fronteras y Costas, uno de los grandes proyectos de la Comisión liderada por Jean-Claude Juncker para combatir la inmigración ilegal y que servirá como punto de partida para blindar el espacio Schengen, muy debilitado con la crisis de lo refugiados.

«Es una prueba de nuestra determinación por proteger nuestras fronteras exteriores», recalcó el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, en su cuenta de Twitter. ¿Por qué es tan importante lo de ayer? Porque va más allá de cambiar el nombre a Frontex por el de Agencia Europea de la Guardia Fronteras y Costas; de ampliar sus recursos humanos y materiales; o de aumentar el presupuesto anual. Se trata de una idea: blindar las fronteras exteriores y hacerlo a una, bajo la bandera europea. Esta es la filosofía, aunque en la práctica no todo será tan sencillo ya que el control de fronteras es uno de los pocos reductos de soberanía nacional que aún tienen los estados.

«Constituye un hito en la historia de la gestión de las fronteras europeas. De ahora en adelante, la frontera exterior de la UE de un Estado miembro es la frontera exterior de todos los estados miembros, tanto desde el punto de vista jurídico como operativo», recalcó el comisario de Migración, Asuntos de Interior y Ciudadanía, Dimitris Avramopoulos. Estaba exultante y recordó que la agencia se pone en marcha «menos de un año después de que fuese propuesta por la Comisión Juncker», algo realmente llamativo teniendo en cuenta el ritmo burocrático europeo. El proyecto, sin embargo, es mucho menos ambicioso de lo ideado por el Ejecutivo comunitario por las trabas de los países.

Pese a todo, se acordó crear un contingente de al menos 1.500 policías fronterizos que deberá estar listo para movilizarse en cuestión de horas y trasladarse a puntos calientes exteriores del bloque. Cada país debe aportar un determinado número de agentes y aquí no vale hacerse el remolón, será obligatorio. España, por ejemplo, deberá aportar 111. «Hace un año era muy difícil. En septiembre de 2015 pedimos 775 oficiales y apenas pudimos reclutar a la mitad», dijo Fabrice Leggeri, que pasa de director de Frontex a director ejecutivo de la nueva agencia.

El debut ha sido en Bulgaria y con 192 efectivos, pero no existe un patrón similar para todas las operaciones, sino que se actuará en función de cada caso concreto. ¿Cómo? Esto es lo complicado. Al final se ha respetado al máximo el poder de las capitales y la agencia no podrá actuar en un país sin su consentimiento. Lo que se busca es la complicidad del Estado miembro para que asuma que necesita ayuda y la pida. No hay que olvidar que en los peores momentos de la crisis migratoria Grecia fue muy reacia a solicitar la ayuda de sus socios para no evidenciar su debilidad como país soberano, algo que le fue reprochado por miembros como Hungría.

El nuevo 'modus operandi' establece que se deberán realizar controles anuales (como los llamados test de estrés a la banca) para detectar posibles puntos débiles en las fronteras exteriores. Se requerirá la actuación del Estado miembro y si éste se niega a pedir ayuda o a llevar a cabo las medidas sugeridas, se establecerán mecanismos de autodefensa como el cierre de fronteras interiores con ese país para que el problema no se traslade al conjunto de Schengen.

Como explicó Leggeri, la agencia tendrá mandato para organizar vuelos de repatriación de inmigrantes irregulares por iniciativa propia e impulsar operaciones conjuntas con países que no pertenecen a los Veintiocho, como puede ser Turquía, el gran aliado europeo en la crisis de los refugiados. Por otra parte, se amplía su margen de maniobra para participar en operaciones de búsqueda y salvamento y se establecen nuevos mecanismos de gestión de quejas para garantizar el respeto de los derechos humanos de los inmigrantes.

Aunque ayer el foco mediático se colocó en Bulgaria, es Italia el país que ahora está sufriendo una mayor presión con la llegada en las últimas horas de 11.000 extranjeros. Leggeri recordó que el país ya cuenta con el apoyo de Frontex y del resto de Estados a través de la operación Tritón, que tiene desplegados a 50 expertos y 18 buques. El comisario Avramopoulos, por su parte, instó a Roma a que «diga cuánta ayuda quiere y cómo la quiere» y matizó que la situación de Grecia y Bulgaria es diferente porque aquí llegan sobre todo refugiados y a Italia, «inmigrantes económicos irregulares».