La Rioja

La resaca moral de la diáspora en España

Seguidores del 'no' celebran la victoria en una calle de Bogotá. :: afp
Seguidores del 'no' celebran la victoria en una calle de Bogotá. :: afp
  • «No estamos preparados para la idea de la paz», considera una parte de la comunidad del país sudamericano residente en la península

Esta vez la jornada de reflexión no fue la de la víspera de la votación, sino la del día siguiente. En el Consulado de Colombia en Madrid, corazón administrativo de los 400.000 colombianos que viven en España, la bandera del país, tan enorme y colorida, colgaba de la esquina de la calle Alfonso XI con languidez derrotada. El 'no' en el plebiscito sobre el acuerdo de paz entre el Gobierno y las FARC dejó un silencio denso casi líquido en la segunda comunidad de extranjeros en España. «Sentimos una especie de resaca esta mañana. Una resaca moral», explica Nodier Valencia, uno de los principales defensores del 'sí' en nuestro país.

«Todo esto es extraño, pero no hemos dicho no a la paz, sino no al acuerdo», explica Aida Callejas, 53 años, bióloga e investigadora, doctorada reciente en Veterinaria. Aida relata la historia de su vida en un castellano muy preciso y sin aliento, como si terminara una frase larguísima y desesperada. Por empezar por alguna parte, en 1996, cuando el menor de sus tres críos tenía seis meses, la guerrilla secuestró a su marido, que era ganadero. Ella tuvo que negociar sola su rescate. «Las pocas vacas que nos quedaron después de pagar nos las robó la gente. A mí no me dejaban entrar en la finca». Después escapó a Bucaramanga y la guerrilla le volvió a robar. «Denuncié, me declararon objetivo y me tuve que escapar del país». Primero se fue a Venezuela. Después llegó a España a investigar en 2010 y la doctoraron hace meses. Pasó su vida escapando de la violencia, pero al final la guerra dio con ella.

Su hijo Jason Dimitri -tres idiomas, seis instrumentos musicales, una carrera- volvió a Bogotá. El 25 de agosto pasado sacó dinero para pagar el alquiler y a cuatro calles del banco un tipo se lo mató de un tiro. Ella vio la escena en un vídeo: cómo le entró la bala en el abdomen, cómo cayó, se levantó, recuperó el dinero, entró en una tienda y se desplomó. El fletero se llevó la pasta. Le dieron el cuerpo al día siguiente y cuando volvió a Madrid ya no tuvo tiempo de inscribirse en la votación. «Siempre quise proteger a mis hijos de esta guerra, pero no pude».

«El proceso de decisión personal antes de votar fue complejo», recuerda el periodista David Jaramillo. «Sólo hay que hacer un pequeño ejercicio de memoria para repasar tantos casos de violencia que me han tocado personalmente para que todo vuelva a doler y sólo deseas que ésta sea la oportunidad para que nada de eso no suceda más». David intenta diferenciar si aquella bomba que casi lo mata a la salida de los toros en La Macarena fue de la guerra de los carteles o de la guerrilla, igual que el laboratorio de coca que explotó justo al lado de su colegio o el artefacto que quiso matar al gobernador de Antioquia dos minutos después de haber pasado por el frente de su casa en el autobús del colegio.

Falsos billetes

O la vez que, de niño, junto con su hermana mayor, tuvo que recortar papel periódico con las medidas de los billetes para hacer bulto y simular dinero en efectivo para engañar a los guerrilleros en un pago de una extorsión a su abuelo por tener un pedazo de tierra con dos vacas, tres gallinas y un sembrado de caña de azúcar. «Entonces deseas que todo lo que han hecho tenga un precio, que la justicia sea justa, que los culpables de cosas tan atroces como las que viste paguen y reparen a las víctimas». Pero después piensa que durante más de cincuenta años la mano dura no ha valido. La guerra sólo ha servido para crear más desigualdad, más inseguridad, más miseria y más dolor, y cree que, «a lo mejor, el país sí está preparado para el perdón». El acuerdo de paz, aunque injusto, podría ser una puerta al cambio. «Entiendo a los del 'sí' y a los del 'no'. Todos tenemos nuestros argumentos. Yo voté sí porque siempre prefiero pelear con ideas y no con bala». Un día quiere verlos a todos en la cárcel y después prefiere que todo vuelva a empezar de cero. «Pienso que ahora las FARC tienen una verdadera opción de demostrar que quieren la paz de verdad, que lo suyo no era un farol», dice.

Es el momento de las explicaciones. Cuando llegó a España en 1992 empujado por «toda la violencia que se respiraba en el país», Iván Santos, de 45 años, quiso luchar contra la imagen de guerra que daba Colombia. Hoy es director de la asociación Aculco para el desarrollo y la sostenibilidad de su tierra. Ayer se desayunó con la noticia en un estado cercano al estupor. El domingo votó sí y ha llegado el momento de hacer cuentas de lo ocurrido. El 'no' tiene una explicación. «El conflicto ha impactado en la población no sólo física, sino también cultural y psicológicamente. Se ha educado a generaciones enteras en la guerra. Esto tiene un efecto y es que el pueblo tiene la idea de que el que ha errado, como en la guerra, tiene que ser juzgado de manera violenta. No estamos preparados para la idea de la paz».