La Rioja

Colombia mantiene la cabeza fría

Decepción en Cali por el triunfo del 'no'. De arriba a abajo, Álvaro Uribe en Rionegro, los líderes guerrilleros en La Habana y el presidente Santos en la capital. :: AFP / Reuters / EFE
Decepción en Cali por el triunfo del 'no'. De arriba a abajo, Álvaro Uribe en Rionegro, los líderes guerrilleros en La Habana y el presidente Santos en la capital. :: AFP / Reuters / EFE
  • El Gobierno y las FARC ratifican el camino de la paz y Uribe propone «un gran pacto nacional»

Los trece millones de electores colombianos que votaron en el plebiscito vivieron el final del domingo como en un sueño. Pesadilla para la mitad que dijo 'sí' a los acuerdos con las FARC. Alucinación para la otra mitad, los del 'no'. La sorpresa fue enorme para ambos. También para las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que en La Habana habían preparado una fiesta que terminó con ambiente de funeral. Los analistas no atinaban a explicar qué es lo que viene ahora hasta que Juan Manuel Santos y la guerrilla manifestaron su voluntad de seguir buscando la paz y el expresidente Álvaro Uribe, en ese orden, propuso un «gran pacto nacional» con nuevas condiciones. Los observadores albergan dudas de que pueda concretarse y, al menos de momento, Colombia mantiene la cabeza fría. Aunque comienzan a apreciarse algunos signos inquietantes, como la ausencia de Uribe y su partido, Centro Democrático, de la reunión convocada ayer por Santos.

El Gobierno y sus representantes en el diálogo de La Habana se habían cansado de repetir que si los colombianos decían 'no', ahí se terminaba todo y las FARC volverían a la selva. El domingo, el presidente, rodeado de todo su equipo negociador con gesto cariacontecido, anunció la continuidad del «cese el fuego bilateral y definitivo» y el regreso de los enviados a Cuba para analizar los pasos a seguir ahora con las FARC. «No me rendiré, seguiré buscando la paz hasta el último momento de mi mandato», agregó.

Y puede continuar intentándolo porque el fallo de la Corte Suprema sobre el plebiscito señala que «la decisión negativa del electorado inhibirá dicha implementación del Acuerdo Final, aunque sin perjuicio de la vigencia de las facultades que la Constitución confiere al Gobierno para mantener el orden público, entre ellas la suscripción de acuerdos de paz con grupos armados ilegales y en el marco de la salida negociada al conflicto armado». Es decir, que en caso de ganar el 'no', como ocurrió el domingo, el presidente tiene facultades para hablar sobre una salida al conflicto.

Quizá por esa confianza en que Santos puede aún negociar la paz, poco después Timochenko, el jefe máximo de las FARC, leía una declaración en la que dijo que «lamentan profundamente que el poder destructivo de los que siembran odio y rencor haya influido en la opinión de la población colombiana». El liderazgo guerrillero «mantiene su voluntad de paz y reitera su disposición de usar solamente la palabra como arma de construcción hacia el futuro». Sin embargo, no pocos expertos estiman que la confianza adquirida en estos cuatro años queda ya en entredicho.

Una vez se pronunciaron las partes que firmaron a bombo y platillo el Acuerdo Final en Cartagena de Indias se posicionó el expresidente Uribe. Propuso un gran pacto nacional para «construir un proceso de paz» a su medida: sin «impunidad», con austeridad económica y confianza para la inversión. «Los compatriotas del 'sí' nos escucharán y los escucharemos», dijo el senador y líder de la oposición al proceso de paz. En un discurso de menos de diez minutos, Uribe celebró la victoria del 'no' con un planteamiento sobre cómo, según él, los colombianos deberían ahora buscar un acuerdo conjunto para llegar a un nuevo compromiso por la paz. Además dirigiéndose a todos los ciudadanos, incluido el presidente, demandó: «Corrijamos. Hay que construir un acuerdo nacional».

Repetir tres ideas fijas

El gran éxito de la campaña de Uribe consistió en repetir machaconamente tres ideas fijas: los terroristas podrían cobran un buen sueldo, no iban a pasar por la cárcel y además Timochenko podría ser presidente y hacer de Colombia una nueva Venezuela 'castrochavista'. La campaña oficialista no logró refutar esos supuestos deliberadamente simplistas con argumentos sencillos. Los combatientes percibirán una retribución mínima hasta estar preparados para incorporarse a la vida civil y disponer de un salario que les disuada de delinquir; habrá una pena mínima de 5 años que se cumplirá con algún tipo de privación de libertad; y los guerrilleros podrán hacer política desde el Parlamento con un mínimo de escaños de entrada.

En la calle, la gente comentaba jocosamente el varapalo que recibieron las firmas encuestadoras, pues ninguna previó la victoria del 'no'. Y los colombianos hacían cábalas sobre lo que deparará el futuro. Por ahora persiste la decisión de continuar buscando la paz. Pero las nuevas leyes necesarias para el desarrollo de lo pactado ya no saldrán por la vía rápida. Podrían estancarse en el Congreso durante años. Y a Santos sólo le quedan dos antes de terminar su mandato.

Las FARC tampoco pueden esperar ese tiempo con sus efectivos, poco más de 5.500 según confirmaron esta semana, sin llevar a cabo actividades ilegales ni capacidad de generar ingresos, ya sea mediante el narcotráfico o los secuestros. Hay inquietud sobre lo que podría suceder si se topan con el Ejército y sobre qué cara van a poner a los guerrilleros disidentes.