La Rioja

Cachemira vuelve a disparar la tensión entre India y Pakistán

  • Los choques que crecen desde hace tres meses derivan en 'ataques quirúrgicos' contra terroristas al otro lado de la 'línea de control'

Cachemira siempre ha sido un polvorín. Desde la partición de India y la creación de Pakistán, en 1947, esta paradisíaca región montañosa se ha convertido en la mecha que periódicamente hace estallar la violencia entre las dos potencias nucleares, que ya se han enfrentado por ella en dos guerras. No obstante, desde que hace dos años y medio Narendra Modi llegó al poder en Nueva Delhi, parecía que la relación entre ambos países mejoraba. Hasta que el pasado 8 de julio un independentista musulmán, sobre el que no pesaba ningún tipo de acusación, fue abatido a tiros por la Policía en el territorio que se encuentra bajo control indio.

Desde entonces, Cachemira ha vuelto a ser el escenario de cruentos enfrentamientos entre militantes a los que India tacha de terroristas. El pasado día 18, después de haber sumado ya más de medio centenar de muertos en las calles, un grupo de insurgentes atacó una base militar india y dejó 17 soldados muertos. Fue la gota que colmó el vaso de la paciencia de India, que la madrugada de ayer decidió pasar a la acción y lanzar «ataques quirúrgicos» contra nada menos que siete campos de supuestos terroristas ubicados al otro lado de la'linea de control' que sirve para delimitar el territorio de ambos Estados a falta de una frontera unánimemente aceptada. Las operaciones militares, «destinadas a sorprender al enemigo para causar el mayor daño posible», duraron unas seis horas y fueron llevadas a cabo por comandos de élite utilizando helicópteros que se aventuraron hasta dos kilómetros más allá de la 'línea de control'.

Según fuentes indias, las incursiones se justifican con la información proporcionada por sus servicios de Inteligencia, que avanzaron inminentes ataques de militantes paquistaníes en su territorio. «Terroristas capturados recientemente han reconocido haber sido entrenados y armados en Pakistán. Las operaciones se han llevado a cabo después de una semana de concienzudo seguimiento de los campos», apuntó el general Ranbir Singh, según la cadena india NDTV.

La prensa local citó fuentes anónimas para asegurar que fue el propio Modi quien decidió actuar para mostrar contundencia frente al atentado del día 8. Ayer fue también el primer ministro el que, en un hecho poco habitual, ordenó dar detalles sobre los ataques de su Ejército tras una reunión con su gabinete de Seguridad. Sin embargo, India no mencionó ningún número de víctimas y se limitó a decir que ninguno de sus efectivos perdió la vida.

Una farsa

La vecina de mayoría musulmana, sin embargo, informó que dos de sus soldados han muerto en los ataques y aseguró que no se quedará de brazos cruzados ante la agresión, unas declaraciones que hacen peligrar la tregua alcanzada en 2003. «La operación india no tiene base alguna y es una farsa», criticó el portavoz del Ejército paquistaní, el general Asim Bajwa, que también se apresuró a negar que su país albergue a grupos terroristas implicados en atentados contra India. «Nuestras tropas se limitaron a responder al fuego no provocado de India», sentenció Bajwa a través de un comunicado.

En cualquier caso, y ante la imposibilidad de verificar la versión de ninguna de las partes, lo que resulta evidente es el peligro que presenta esta situación tan volátil. Por un lado está el descontento social que ha causado la represión violenta de las manifestaciones de militantes de diferente signo en Cachemira, sobre todo después de que varios activistas hayan perdido la visión por los perdigones utilizados por la Policía. Y por otro lado, la posibilidad de una escalada de la tensión militar entre dos países de gatillo fácil. De momento, India ha asegurado que no tiene intención de continuar con las operaciones. Pero habrá que esperar la reacción de Pakistán. «La respuesta será proporcional», amenazó ayer el Ejército de Islamabad.