La Rioja

La población negra sufre 'terrorismo racial' en EE UU

La última víctima de la Policía, Alfred Olango, realiza con las manos el gesto de apuntar antes de ser abatido ayer en San Diego. :: R. C.
La última víctima de la Policía, Alfred Olango, realiza con las manos el gesto de apuntar antes de ser abatido ayer en San Diego. :: R. C.
  • La ONU denuncia, justo cuando otro joven es abatido por la Policía, que los afroamericanos son víctimas de una «crisis de derechos humanos»

«¡Oh, Dios mío, habéis matado a mi hermano!». La mujer que gritaba era la hermana de Alfred Olango, un hombre nacido en Uganda que murió el martes en El Cajón (San Diego) a manos de la Policía, pero sus sollozos recogían el eco de los afroamericanos a los que EE UU ha sometido durante siglos a «terrorismo racial», según la ONU.

El Grupo de Trabajo de Expertos sobre Descendientes Africanos, que creó en 2008 el Alto Comisionado de Derechos Humanos, ha determinado que «los asesinatos policiales contemporáneos y el trauma que crean son reminiscencias del pasado de terror racial de los linchamientos». Cuatro hombres y una mujer, francesa ésta y dos de ellos de color, encontraron motivos flagrantes para hablar de «una crisis de derechos humanos» que «debe ser enfrentada con urgencia». Sus recomendaciones no son vinculantes, por lo que nadie espera que Washington cumpla con ellas: reparaciones por un pasado de esclavitud, segregacionismo y violencia racista que ha dejado a la población afroamericana condenada a la marginación y asociada a la delincuencia en la mente de los blancos.

El Departamento de Estado aún busca compensaciones económicas por parte de Cuba para los empresarios a los que la revolución embargó propiedades, pero mientras eso ocurría en 1959 aún se llevaban a cabo en el sur de EE UU injustificadas expropiaciones de las propiedades que pertenecían a los negros. Muchos no sabían ni leer los papeles que les mostraban, pero aunque fueran conscientes de que no había argumentos legales para despojarles de sus propiedades, porque ni siquiera tenían acceso a préstamos bancarios, sabían que no tenían la menor oportunidad de reclamar ante una justicia que protegía al blanco.

Como consecuencia, seis millones de afroamericanos durante el siglo XX abandonaron los estados del sur y se refugiaron en los guetos de los cinturones industriales. Todavía hoy la riqueza media de un blanco en EE UU es de 141.900 dólares (126.566 euros), en comparación a 11.000 (9.811) para un afroamericano, que está incluso por debajo del hispano medio. La crisis de las hipotecas basura se cebó con este sector, que creyó incorporarse al sueño americano de ser propietario de su casa.

Compensaciones

«A pesar de los cambios sustanciales que han ocurrido desde que dejaron de aplicarse las leyes racistas de Jim Crow y la lucha por los derechos civiles, la ideología que se asegura de que un grupo domine al otro continúa impactando negativamente hoy los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales de los afroamericanos», según el informe de la ONU.

El grupo de trabajo se suma a las voces que piden reparaciones para este amplio sector de la población, pero no necesariamente con compensaciones económicas directas. La mejor forma de empezar, sugiere, sería con «una disculpa formal», que, aunque parezca obvia, no se ha producido. Iniciativas de salud, inversiones en la educación de los jóvenes de color, tratamientos psicológicos para combatir el daño moral que acarrean, apoyo financiero y cancelación de sus deudas son otras de las propuestas. Cualquiera de ellas ayudaría a calmar la indignación acumulada durante 250 años de esclavitud, 90 años de Jim Crow, 60 años de segregación y 35 años condenados a guetos de vivienda pública.

Todo eso estalló una vez más ayer en San Diego, donde la Policía había matado a otro negro desarmado. La víctima tenía problemas mentales, como indicó su propia hermana a la operadora cuando llamó por teléfono pidiendo ayuda. Indicó que le había dado un brote psicótico y se paseaba entre el tráfico sin camisa. No respondía a sus súplicas y temía que lo atropellara un coche. Tampoco respondió a las órdenes de los agentes. Estos sacaron la pistola, lo apuntaron y Olango les imitó a dos manos con un objeto que se sacó del bolsillo, un vaporizador según algunas fuentes. Inmediatamente recibió una ráfaga de dispararos, cinco, según algunos testigos.