La Rioja

Siluetas de los dos candidatos a la presidencia de EE UU, el republicano Donald Trump, y la demócrata, Hillary Clinton. :: afp
Siluetas de los dos candidatos a la presidencia de EE UU, el republicano Donald Trump, y la demócrata, Hillary Clinton. :: afp

Trump conjura los esfuerzos demócratas por recuperar el Congreso

  • Si Clinton gana la Casa Blanca, se encontraría con una Cámara baja dividida o, incluso, atada de manos

Hace sólo dos meses la caída libre que experimentaba Donald Trump al salir de las convenciones alimentó las esperanzas demócratas de recuperar el Senado y hasta la Cámara baja. Las encuestas auguraban entonces una barrida del partido de Obama en las elecciones del 8 de noviembre, pero Trump ha hecho honor a la etiqueta de candidato teflón al que no se le pega nada. Anoche llegó al primero de los tres debates presidenciales prácticamente empatado y con la ventaja de las bajas expectativas. En ese tiempo también se han esfumado las ilusiones de recuperar el Congreso, que en los últimos seis años en manos republicanas ha frenado cualquier intento de Obama por poner en marcha su agenda progresista.

Era una aspiración quimérica. Tradicionalmente los estadounidenses prefieren cambiar el Congreso de manos en las elecciones legislativas de mitad de mandato. En los últimos 60 años sólo una barrida como la de Ronald Reagan logró llevarse todas las mayorías que estaban sobre la mesa. Y aunque faltan 41 días para las elecciones, más del doble que las dos semanas escasas que dura la campaña electoral en España, las encuestas ya no auguran la debacle republicana que el sentido común sugeriría.

Las bases conservadoras se han tapado la nariz y planean votar por él, ante el miedo de volver a tener a los Clinton en la Casa Blanca. Hasta el renegado senador de Texas Ted Cruz, que salió de la Convención de Cleveland entre pitadas por recomendar a su seguidores que voten «con su conciencia», se ha encontrado con el aura de Trump al hacer examen de la suya.

La Cámara baja está perdida a todas luces para los conservadores. Paul Ryan continuará siendo el portavoz del Congreso y, en el mejor de los casos, los demócratas tienen la oportunidad de recuperar el Senado para forzar un Congreso dividido que no llegue a ninguna parte si ganan al menos cuatro o cinco asientos de los que perdieron en las anteriores legislativas.

La posibilidad de que la ola anti Trump se lleve por delante alguno de los asientos más icónicos del partido también se ha esfumado. Ahora la batalla se limita a los que ganó Obama en 2008. En Arizona, el senador John McCain, que confesó a sus donantes estar en la campaña más difícil de sus 30 años en el Senado, se ha impuesto en las encuestas a la carismática Ann Kirkpatrick, que ha explotado las humillaciones de Trump y la incapacidad de McCain para responderle.

En Florida, el senador Marco Rubio, que cuando pensaba que sería candidato presidencial renunció a la reelección, también ha vuelto sobre sus pasos y se ha hecho fuerte en la comunidad cubanoamericana. En el estado donde los insultos de Trump hacia los hispanos debía de habérselo puesto fácil a Clinton, el magnate que es Dios en el condado de Palm Beach, lidera a la ex secretaria de Estado por un punto, lo que los coloca en empate virtual, según la Universidad de Suffolk.

Situación tenebrosa

El panorama es tenebroso para los demócratas y para el mundo. La posibilidad de que Trump gane la presidencia con mayoría en ambas cámaras es real. En el mejor de los casos, Clinton puede llegar a la Casa Blanca con un Congreso dividido. O lo que es peor, atada de manos.

Los millonarios que cuadran su chequera con la de los hermanos Koch han seguido su consejo de apostar en estas elecciones por defender el Senado. Así que mientras Trump le da la batalla a Clinton en los debates presidenciales, las fuerzas conservadoras se aseguran de que lo que realmente mueve al país no cambie de manos.