La Rioja

 Demócrata. Hillary Clinton ha preparado minuciosamente el debate con sus colaboradores. :: afp
Demócrata. Hillary Clinton ha preparado minuciosamente el debate con sus colaboradores. :: afp

Clinton contra Trump, primer asalto

  • Los candidatos se enfrentan la madrugada del martes en un debate televisado en el que se prevén audiencias millonarias

Por primera vez no se puede decir aquello de 'Dos hombres y un destino'. Son una mujer y un hombre, de 68 y 70 años, los que se enfrentarán dialécticamente en el escenario de la Universidad de Hofstra de Long Island mañana a las 9.30 de la noche hora local (3.30 a. m. del martes en España), para decidir la partida de quién gobernará Estados Unidos durante los próximos cuatro años. Con 40 debates a sus espaldas, Hillary Clinton es la candidata con más experiencia que haya pasado por un escenario así, gracias a sus enfrentamientos dialécticos con Barack Obama en 2008 y este mismo año con Bernie Sanders. Donald Trump es el candidato más impredecible de todos los tiempos. El único que se atrevió a dejar plantada a la cadena Fox en el debate de Iowa y todavía se alzó con la nominación del partido. Nada de lo que se ha escrito en la política estadounidense funciona con él. Le llaman el candidato teflón porque no se le pega nada. Su técnica ha sido la de insultar y ridiculizar a sus oponentes, pero ahora que está más cerca que nunca de la Casa Blanca todo el mundo espera que sea capaz de contenerse. O no. El rey de los casinos y los 'realities' sabe mucho de audiencias televisivas y portadas de tabloides. Quizás por eso el primero de los tres debates que mantendrán los candidatos anticipa esta noche la mayor audiencia de todos los tiempos, con 100 millones de espectadores estimados. El 'show' político más grande del mundo está a punto de empezar.

El escenario

Las apariencias cuentan. En 1960 Richard Nixon ignoró los requisitos del nuevo medio y se negó al maquillaje. El republicano sudaba frente a las cámaras, mientras John F. Kennedy sonreía, bronceado y empolvado. Quienes escucharon el debate por radio pensaron que había ganado Nixon. Quienes lo vieron por televisión no dudaron en adjudicarle la victoria a Kennedy.

El moderador

El elegido para abrir la traca de los tres debates presidenciales y uno de vicepresidentes es el presentador de NBC Lester Holt, al que la comisión de debates le ha atado en corto. Holt ni siquiera tendrá capacidad para desviar la atención si a uno de los candidatos le da un ataque de tos. Los micrófonos estarán abiertos durante 90 minutos sin excepción. No dispondrá del comodín de los anuncios, porque no habrá pausas comerciales. El requisito de la tos partió de la campaña de Trump, que dijo haber observado que la candidata demócrata sufre de frecuente irritación de garganta, con un episodio de cuatro minutos en mayo pasado. Hace sólo dos semanas Clinton tuvo que abandonar la ceremonia del 15 aniversario del 11-S por una neumonía, pero al enemigo ni agua.

Holt es un veterano que lleva 35 años en televisión, pero sólo uno como presentador estrella del programa de NBC Nightly News. Llegó por accidente, cuando las batallitas de Brian Williams en Irak se demostraron falsas y hubo que reemplazarle a la carrera. Con todo, Trump no está contento con él. «Mira -dijo en una entrevista- Lester es demócrata, el sistema es una farsa, todos son demócratas». Es un sistema injusto. Solo que Lester está registrado como votante republicano, pero para Trump el rigor es lo de menos.

Las preguntas

Este es el ámbito de Lester. El moderador sobre el que pesan todas las miradas tiene libre potestad para elegir las preguntas, en un debate que estará dividido en seis segmentos de 15 minutos cada uno. Sólo le ha dado a los candidatos una pista genérica al revelar tres grandes temas sobre los que versarán, sin respetar necesariamente este orden: el rumbo de EE UU, su prosperidad y la seguridad. Los candidatos dispondrán de dos minutos para responder y podrán contestarse el uno al otro durante los siguientes once, bajo la atenta mirada del moderador, cronómetro en mano, que se encargará de equilibrar el tiempo de cada uno. La idea es permitir discusiones en profundidad sobre los temas para que el debate no quede en una lluvia de preguntas.