La Rioja

Nueva York recupera su pulso

Un policía fotografía a Ahmed Rahami mientras es conducido a una ambulancia tras su arresto en Nueva Jersey. :: reuters
Un policía fotografía a Ahmed Rahami mientras es conducido a una ambulancia tras su arresto en Nueva Jersey. :: reuters
  • La Policía detiene al afgano Ahmed Rahami como presunto autor de los ataques con bomba en Manhattan y Nueva Jersey

nueva york. «En 50 días mi padre derrotará a Hillary Clinton y será elegido presidente de EE UU», sentenció ayer Eric Trump. Si eso ocurre, Ahmed Rahami le habrá ayudado. La Policía de Nueva York cree que este afgano de 28 años, naturalizado estadounidense, fue el que colocó la bomba que estalló el sábado por la noche en el neoyorquino barrio de Chelsea. Las cámaras de seguridad y una olla a presión llena de metralla que no llegó a estallar le convierten en el presunto autor del mayor atentado que haya sufrido Nueva York desde la caída de las Torres Gemelas, a pesar de que no hubo víctimas mortales, sólo 29 heridos. Todos fueron dados de alta al día siguiente.

«Hey, liberales, ahora que la Policía ha detenido a un afgano, ¿también decís que esos agentes son unos cerdos racistas?», tuiteó el grupo We Need Trump. En televisión, el magnate defendió su propuesta de vigilar a la comunidad musulmana, vetar la entrada de cualquier musulmán en EE UU y permitir a la Policía que utilice criterios raciales. «Vamos a ver más atentados como este porque nuestro país ha sido débil dejándolos entrar por millares», criticó.

A Rahami la estrella conservadora Ann Coulter le califica de una muestra del «experimento americano» con los refugiados, pero para ser aprendiz de terrorista no parece haber salido muy ducho. El joven recopiló la información que sirvió a los autores del atentado en el maratón de Boston para construir dos bombas en ollas a presión y otras menos potentes con tubos de metal. A diferencia de los hermanos Tsarnaev, no la dejó al pie de sus víctimas en medio de la multitud, sino que escondió la primera en el contenedor de una obra, donde los escombros amortiguaron la explosión.

Dos vagabundos se encontraron la maleta donde introdujo la segunda, colocada a poca distancia en la calle 27. Según la Policía, se quedaron «perplejos» cuando vieron dentro una brillante olla a presión de la que salían cables, pero eso no les impidió dejarla en la acera y llevarse la maleta. La policía, que sólo les había visto a través de las cámaras de seguridad, les conminó ayer a entregarla para facilitar la información. Las huellas encontradas en esa olla y el teléfono móvil que tenía pegado como detonador conectan a Rahami. Una tercera bomba menos potente que no dejó víctimas estalló ese mismo día dentro de una papelera al paso de una carrera con fines caritativos que había organizado el sábado el Cuerpo de Marines en Seaside Park (Nueva Jersey).

El resto de las que había construido -otras cinco- las metió en una mochila y las dejó junto a la estación de tren de su pueblo, en Elizabeth (Nueva Jersey), donde dos hombres se las encontraron ayer. Como los vagabundos, se llevaron la mochila por si tenía algo de valor, pero ante el peso exagerado la abrieron y se encontraron con el amasijo de hierros que le estallaría poco después a un robot policial que intentaba desactivarlas. «¡Qué barbaridad, ha temblado todo!», se quejó una vecina. «Yo creía que estas cosas se las llevaban a otro sitio donde no ponga en peligro la vida de la gente». Nadie resultó herido, salvo el propio Rahami cuando se enfrentó horas después a tiros con la policía, hiriendo a dos agentes.

Dormido a la puerta de un bar

Pasadas las 10 de la mañana el propietario de un bar de Lindon (Nueva Jersey) había denunciado que un barbudo dormía en el vestíbulo de su local. A esa hora todo Nueva York y Nueva Jersey sabía a quién buscaban las autoridades, porque habían enviado una alerta con sus datos a todos los teléfonos móviles de la zona a través del Servicio de Emergencias estrenado con el huracán Sandy. El pitido, similar al de una alarma de coche, estremeció a los neoyorquinos medio adormilados antes de las 8 de la mañana, pero esta vez no se trataba de un aviso de lluvias torrenciales.

Bill De Blasio calificó ayer esa alerta como un factor clave para la detención de Rahami, «sobre todo porque nos permitió comunicarnos con todos los policías a la vez». El alcalde, que al fin se animó ayer a calificar la «explosión intencionada» de «atentado terrorista», defendió la decisión de activar por primera vez la intrusiva alerta en los teléfonos de sus conciudadanos como un perfecto ejemplo del fin para el que fue concebida. La Comisión Federal de Comunicaciones autorizó su activación para «severos fenómenos atmosféricos, amenaza terrorista o un derrame químico».

Rahami ya sabía que le pisaban los talones. Su familia, propietaria de un establecimiento de pollo frito, había sido interrogada la noche antes. Eran viejos conocidos de la Policía, que les había multado numerosas veces por abrir a deshoras. Ellos habían contraatacado denunciándoles por racismo, pero los vecinos que les llamaban aseguraban que sólo querían dormir. Al joven, que manejaba el local con su padre, le recordaban como alguien muy sociable, al menos hasta que hace unos años visitaron Afganistán. Entonces se volvió introvertido, «un gilipollas», resumió Joshua Sanchez al 'Daily News'. La Policía dice que aún investiga «su radicalización».