La Rioja

Los 27 se conjuran para reinventar Europa

Holande (arriba) y Merkel (abajo) a su llegada ayer a la cumbre junto a otros mandatarios. :: efe / reuters
Holande (arriba) y Merkel (abajo) a su llegada ayer a la cumbre junto a otros mandatarios. :: efe / reuters
  • Los líderes de la UE se reúnen sin Reino Unido para rediseñar un club «en estado crítico» que echará el resto en materia de seguridad y defensa

En las cumbres europeas, ese sexto sentido llamado olfato periodístico siempre lleva a la misma dirección: Angela Merkel. Qué ha dicho, con qué tono, por qué... Guste o no, es el gran termómetro de una Europa que ayer comenzó a redactar el manual de 'cómo vivir siendo 27'. Bratislava, 9:41 horas. Muy claro, para evitar malentendidos. «Estamos en una situación crítica». La canciller de Alemania no se anduvo con rodeos a su llegada a una inédita cumbre que sirvió como kilómetro cero de la nueva UE que dejará el traumático 'brexit'. Al club ya no sólo se entra, también se sale y el portazo de Reino Unido, que no asistió a la cita, será el folio en blanco de una Unión que pretende ser mucho más segura, más práctica y más social para aplacar ese cáncer llamado populismo y que tanto daño está haciendo. Ayer, en la capital eslovaca, los jefes de Estado y de Gobierno de los 27 se conjuraron para reinventar una Europa que se enfrenta a un considerable reto: recuperar a su gente, a los europeos.

Pero antes los líderes deben recomponer los cimientos de un club que como insiste el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, sufre una crisis existencial. «La clave es que los grandes líderes recuperen la confianza entre ellos», advertía antes de la cita una alta fuente europea. «No podemos caer en la complacencia. Es el momento de hacer un sobrio y brutalmente honesto análisis de la situación. No podemos hacer como que no ha pasado nada», remarcó el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk.

«Es el momento de que todos digan lo que piensan y a partir de ahí, trabajar unidos para decidir hacia dónde queremos ir y centrarnos en aquellos temas en los que se puede avanzar», dibuja un veterano embajador. Ayer, el diván se llamó Bratislava. Vendrán más. A finales de enero, se llamará La Valeta, ya que Malta sucederá a Eslovaquia en la presidencia semestral rotatoria comunitaria.

La meta se halla Roma, en marzo de 2017, cuando se cumple el 60 aniversario del Tratado que dio origen a la Unión Europea. Para entonces, Bruselas quiere que Londres haya activado el artículo 50 para comenzar a negociar su salida. Es el deseo de todos los países, pero la decisión solo recae en su 'premier', Theresa May, que no fue invitada a Bratislava. Tusk desveló al final de la cita que May le había dicho que podría hacerlo en enero o febrero.

Quizá lo anuncie en la cumbre formal que se celebrará el 20 de octubre en Bruselas. Mientras, Reino Unido sigue siendo uno más, como así lo destacó a su llegada el holandés Mark Rutte, que admitió no ser muy partidario de este tipo de reuniones.

Sí hubo una breve declaración en la que se obvia el nombre de Reino Unido («aunque un país ha decidido marcharse») y se «reconoce que la UE no es perfecta, pero sí es el mejor instrumento que tenemos para enfrentarnos a los retos que tenemos». En este sentido, se pide mejorar la comunicación interna y externa para combatir los populismos y «recuperar su confianza» de los ciudadanos siendo «de nuevo atractivos» usando «un lenguaje claro y honesto».

Fue el día de los mensajes y quizá el más contundente no contenía palabras, sino imágenes. El eje francoalemán, François Hollande y Angela Merkel, comparecieron por sorpresa de forma conjunta al término de una reunión que concluyó a las 18.34 horas con muy buenas vibraciones, según coincidieron en confesar todos los asistentes. El jueves estuvieron en París y ayer, comparecieron en la sala de prensa germana. Sin su unión no habrá Unión y ambos parecen decididos a tomar las riendas de un momento de tintes históricos.

«Debemos decir qué queremos ser y las alternativas son la disolución o la voluntad común de dar un nuevo impulso al proyecto europeo. Los europeos quieren protección. Protección de sus fronteras, de sus intereses económicos y comerciales, de sus valores y cultura», recalcó el galo. «Estamos en una situación crítica. De lo que se trata es de mostrar que podemos mejorar y Bratislava ha sido un buen punto de partida para ello. Alemania y Francia se implicarán intensamente en los próximos meses para conseguir que todo sea un éxito», apostilló Merkel.

Un mensaje al que se sumó Mariano Rajoy, que abogó por que Europa tenga más fortaleza y más capacidades para poder intervenir como las grandes potencias. Seguridad, defensa, fronteras, protección... La nueva retórica europea tiene sus palabras fetiche. «No podemos reproducir el caos que sufrimos el año pasado», recalcó Donald Tusk.

El enfado de Matteo Renzi

Sí, caos, un término de escaso tamaño pero de gran contundencia y simbolismo. Y si lo hubo fue por la gestión de la crisis de los refugiados, que sigue dividendo al club sobremanera. Las visiones son antagónicas y las cuotas obligatorias que tanto indignan a los socios del Este parecen tener los días contados, como sugirió el húngaro Viktor Orban.

Esta división Oeste-Este en materia de refugiados permuta en fractura Norte-Sur cuando se habla de economía y empleo. Mandatarios como el italiano Matteo Renzi, auténtico líder de la izquierda europea, creen que este es el momento de lograr la flexibilidad fiscal. «Sería positivo que Europa se ocupe menos de reglas y burocracia, y más de cuestiones fundamentales de nuestro continente», lamentó.

Cuando dice reglas habla de economía, del déficit, de recortes. Llegó a la cita recordando que «Europa es el sueño más grande que nunca se ha hecho de un comunidad política, y que lo fundamental es trabajar todos juntos porque Europa tiene una identidad, un corazón, un alma», y se marchó visiblemente contrariado por los escasos resultados.