La Rioja

Luxemburgo incendia una semana clave para Europa

  • El ministro de Exteriores defiende que Hungría sea expulsada de la UE horas antes del discurso de hoy de Juncker y a tres días de la cumbre a 27

Capitanear la cartera de Exteriores no es ser un ministro más. Todo se mide, todo se acota. Es la diplomacia en estado puro. La imagen de un país, su voz ante el mundo. Y claro, escuchar al ministro de Exteriores de Luxemburgo (país fundador del club) defender la expulsión temporal o permanente de Hungría de la Unión Europea provocó una sacudida en los cimientos de una Europa cuya salud no está para estos sobresaltos. No dejan de ser unas declaraciones, pero ni el contenido ni, sobre todo, el 'timing' geopolítico (es una semana clave) sugieren que sea una simple metedura de pata de Jean Asselborn.

Estas polémicas declaraciones no fueron un calentó radiofónico o televisivo, sino que las hizo durante una entrevista con el diario alemán 'Die Welt' al hilo de la gran cumbre a 27 (sin Reino Unido) que se celebrará el viernes en Bratislava para diseñar la UE 'posbrexit'. «No podemos aceptar que los valores básicos de la Unión Europea sean infringidos de manera tan seria. Cualquiera, como Hungría, que construya vallas contra los refugiados de la guerra o viole la libertad de expresión y la independencia del sistema judicial debería ser excluido de la UE temporalmente, o si es necesario para siempre». Hubo más. «La valla que Hungría está construyendo para mantener a los refugiados fuera ese está haciendo más larga, alta y peligrosa. Hungría no está lejos de emitir una orden de disparar a los refugiados», zanjó.

Luxemburgo es uno de los países más pequeños del club pero es un socio fundador y el más rico. No es un Estado cualquiera como evidencia el hecho de que ostente la presidencia de la Comisión en la figura de Jean-Claude Juncker y tenga uno de los seis sillones del comité ejecutivo del BCE (se lo quitó a España tras el rescate de 2012). Luxemburgo habló ayer y lo hizo para resucitar la animadversión que buena parte del club siempre ha tenido hacia Viktor Orban, primer ministro húngaro.

Budapest se indigna

Las palabras de Asselborn sentaron como un mazazo en la sala de máquinas de de Bruselas, que lleva semanas hablando de unidad y cierre de filas tras el desplante de Reino Unido. La cumbre de Bratislava está llamada a marcar un antes y un después en Europa, o al menos a trazar la hoja de ruta de por dónde debe dirigirse los Veintisiete. Además, hoy se celebra un esperado Debate sobre el Estado de la Unión en la Eurocámara. Juncker, criticado desde diversas capitales, buscará tomar la iniciativa política ante un Consejo (países) que cada vez critica más el rol intrusivo de la Comisión.

El ramillete de problemas (a cada cual más grave) no para de crecer y entre ellos, al margen del 'brexit', sigue teniendo un papel dominante la crisis de los refugiados, la misma que han usado los países del Este para hacerse fuertes en Bruselas. Hungría ha liderado la revuelta y jamás acatará ni una política de puertas abiertas ni las cuotas migratorias, que aunque debe implantarlas por ley ha decidido convocar un polémico referéndum para que su país diga 'no' a los refugiados. De aquí las duras palabras de Asselborn, que denotan un malestar que viene de muy atrás.

Sus palabras, como era de esperar, no sentaron muy bien en Budapest. Su colega húngaro, Peter Szijjarto, emitió un comunicado en el que tachó al luxemburgués de «frustrado, aleccionador y presuntuoso». «Es bastante curioso que Jean Asselborn y el también luxemburgués Jean-Claude Juncker, que llegan de la patria de los beneficios fiscales, hablen de igualdad de obligaciones», ironizó al tiempo que mostró su compromiso de seguir «trabajando sin cansancio para erradicar la inseguridad de Europa». El Gobierno de la República Checa, por su parte, salió en su defensa y tachó la propuesta de Asselborn de «absurda», «loca» e «inútil».