La Rioja

Hillary enferma en el peor momento

Asistentes y escoltas sostienen a Clinton, cuyas piernas fallaron el domingo antes de subir a su coche oficial. :: Zdenek gazda en twitter
Asistentes y escoltas sostienen a Clinton, cuyas piernas fallaron el domingo antes de subir a su coche oficial. :: Zdenek gazda en twitter
  • La transparencia sobre el estado de salud de los aspirantes a la Casa Blanca alcanza a Clinton y, de rebote, también a Trump

La salud de Hillary Clinton concentra toda la atención en la campaña para la presidencia de EE UU, después de que la candidata demócrata sufriera el domingo un «golpe de calor» que la obligó a abandonar la ceremonia de homenaje a las víctimas del 11-S en la plaza del Monumento a la Memoria en Nueva York. Horas después trascendió que el viernes le había sido diagnosticada una neumonía. El incidente no podría haber sucedido de forma más pública ni en un momento más crítico: el último y delicado tramo electoral, a apenas dos semanas del primer debate presidencial televisado, previsto para el día 26 en la Gran Manzana. La pésima gestión de la información incrementó la presión sobre la campaña de Clinton y, de manera colateral, y sobre la de su rival republicano, Donald Trump, para que ambos hagan públicos informes médicos sobre su salud.

El bando de Clinton, en medio de la crítica generalizada por reaccionar con el mayor secretismo al «golpe de calor» de su líder el domingo, hizo público ayer un comunicado en el que admitía la mala gestión informativa sobre un episodio que se pudo haber manejado con mayor inteligencia. La campaña añadió que la candidata, de 68 años, se recupera en casa de la neumonía con tratamiento de antibióticos. La ex secretaria de Estado, que renunció a acudir ayer y hoy a los actos previstos en California, debería regresar a la campaña mañana en Las Vegas. La próxima semana se hará público el informe médico completo sobre su salud.

El candidato republicano, en una primera reacción sorprendentemente comedida, deseó a su rival una pronta recuperación y aseguró que también compartirá pronto datos médicos. Trump, de 70 años, no ha dejado de atizar la especulación sobre la salud de su oponente en todas las oportunidades públicas posibles y no renunció a subrayar la persistente tos de Hillary durante toda la semana anterior.

Los analistas coinciden en que el equipo demócrata no lo pudo hacer peor. No sólo tardó 90 minutos en ofrecer información sobre el episodio de «golpe de calor» y «deshidratación» de Hillary Clinton, sino que mantuvo en la oscuridad incluso al grupo de prensa que viaja con la candidata. Estos periodistas ni siquiera sabían que había abandonado la ceremonia cuando ya circulaba un vídeo en el que su escolta de seguridad la ayudaba a subir a un vehículo.

Horas sin verla

Pasaron varias horas hasta que la prensa que la acompaña fue conducida para verla salir por su propio pie del apartamento de su hija en el Flatiron de Nueva York. Una Clinton aparentemente recuperada y sonriente decía sentirse recuperada y se detenía incluso a hacerse una foto con una niña que corrió a saludarla. El equipo de campaña, que había sido informado sólo dos días antes de que Hillary había contraído neumonía, vinculó el susto con los síntomas de la enfermedad y el exceso de trabajo.

Rumores sobre la salud de la aspirante demócrata a la Casa Blanca han sido alentados por la campaña republicana. El equipo de Clinton los había descalificado hasta ahora como una herramienta de distracción de Trump para evitar hablar de su negativa a publicar su declaración de impuestos. El hecho de que el círculo de la candidata ocultara hasta el viernes la información sobre su enfermedad a su propia campaña, y que a su vez ésta tardara dos días en informar a la prensa han puesto de relieve la difícil relación de este bando con los medios de información.

El desacertado manejo del incidente dispara toda clase de especulaciones sobre candidatos envueltos en agotadoras agendas, que no supera lo anecdótico y debería haberse resuelto con transparencia. El estratega republicano John Weaver consideró en Twitter que esta forma de reaccionar ante la demanda de información es sintomática del «Clintonismo» y en realidad alienta la curiosidad mediática al no afrontarla con normalidad. Weaver añadió que al mismo tiempo que se ceban con Hillary Clinton, los medios hacen la vista gorda con las mentiras, los impuestos y el informe médico de Trump.