La Rioja

Gulnara Karímova durante un acto de su fundación en el 2012.  :: MUHAMMAD SHARIF / afp
Gulnara Karímova durante un acto de su fundación en el 2012. :: MUHAMMAD SHARIF / afp

Gulnara, la princesa cautiva

  • La primogénita del recién fallecido Karímov llegó a ser embajadora en España pero al criticar los métodos de su padre cayó en desgracia

  • Llamada a ser la heredera de Uzbekistán, hace años que está desaparecida

No se la ha visto durante la agonía de su padre, el recién fallecido presidente de Uzbekistán, Islam Karímov, ni tampoco en los funerales y el entierro. Gulnara, la hija mayor del difunto dictador, sigue en paradero desconocido. Fue la mujer más poderosa del país y una de las más glamurosas del mundo. Era la preferida y se daba por hecho que heredaría el trono de su progenitor.

Pero todo se torció cuando osó criticar los brutales y sanguinarios métodos de su padre, a quien comparó con Stalin. Arremetió también contra el jefe supremo de la seguridad, Rustam Inoyátov, el hombre que organizó y dirigió la matanza de Andiyán en mayo del 2005. Expresó sus opiniones a través de las redes sociales, algo que causó verdadera indignación entre la élite de un país anclado todavía en el feudalismo. Interpretaron que era una campaña para acelerar la renuncia de su padre, enfermo ya del corazón, y ponerse ella al frente del país.

Debido a que manejaba grandes negocios fue fácil amañar contra ella varias acusaciones por corrupción. Aparecieron además fotos subidas de tono de su época como modelo, obtenidas, al parecer, por los sicarios de Inoyátov. Dicen que Karímov la abofeteó antes de ordenar, hace dos años, que fuera puesta bajo arresto domiciliario. Desde entonces, nadie la ha vuelto a ver. Logró solamente filtrar desde su cautiverio a la BBC mensajes pidiendo socorro. Describía las terribles condiciones de reclusión que padecía, agresiones y la permanente vigilancia a la que estaba sometida con cámaras instaladas incluso en el baño. Gulnara Karímova tiene ahora 44 años, pero hay quien cree que podría estar muerta.

Llegó a ser la dueña y señora de cualquier cosa que tuviera un mínimo valor dentro de Uzbekistán, un país musulmán con más de 30 millones de habitantes y grandes riquezas naturales. Su padre se lo puso todo en bandeja. Fue señalada como su sucesora, por lo que empezaron a llamarla «princesa». La revista económica helvética 'Bilan' llegó a cifrar el patrimonio de Gulnara, en unos 1.500 millones de francos suizos. En el 2012 ocupó el séptimo lugar entre las mujeres más ricas del mundo, por detrás de Athina Onassis, pero por delante de Tina Turner.

Según las conversaciones entre diplomáticos que filtró Wikileaks, la hija del déspota uzbeko «obtuvo acciones en todas las empresas del país mínimamente prósperas con métodos abusivos». Un hombre de negocios norteamericano cuenta en una carta los problemas que empezó a tener su empresa de telecomunicaciones con las autoridades de Uzbekistán después de negarse a vender parte de sus acciones a Gulnara. En uno de los teletipos de la Embajada de EEUU en Tashkent, se asegura que «Karímova utiliza a su padre para acabar con sus adversarios empresariales» y que los uzbekos la consideran por eso una persona «profundamente cruel y avariciosa».

Pero ella trató de codearse siempre con la flor y nata de la élite mundial y dar buena imagen de sí misma y de su país. Alardeaba de su amistad con el actor francés Gérard Depardieu y con el cantante británico Sting. Conocía también a Montserrat Caballé y a Julio Iglesias, con los que tuvo oportunidad de cantar a dúo. Era mezzosoprano profesional.

Cosmopolita

Vivió en Suiza, en Estados Unidos, como representante ante la ONU, en Francia y en España como embajadora de Uzbekistán, aunque, antes que Madrid, prefería París o Ginebra. En su página de internet se presentaba como una mujer de «belleza exótica» y amante de la literatura, la ópera y la moda. Estudió en las universidades estadounidenses de Harvard y Nueva York y obtuvo títulos en otros muchos centros de enseñanza superior de Uzbekistán.

Cursó también estudios de matemáticas, economía, arte, diseño, telecomunicaciones y políticas. Creó multitud de fundaciones benéficas, principalmente para ayudar a los niños necesitados, y organizó eventos para promover y dar a conocer su país en el mundo, uno de ellos, una pasarela de moda uzbeka en el mismísimo Louvre de París. Además de cantar, Gulnara componía música, escribía poesía y diseñaba perfumes y joyas. Tiene dos hijos fruto de su matrimonio con el norteamericano de origen uzbeko, Mansur Maqsudi, ejecutivo de Coca Cola, del que se separó en el 2001 con escándalo incluido y colosal enfado de papá. A Maqsudi se le prohibió poner el pie en Uzbekistán.

Gulnara se enemistó seriamente con su madre, Tatiana Karímova, y con su hermana menor, Lola, a las que acusó de brujería. Ambas la desprecian, ignoran e incluso, tras el fallecimiento del jefe del clan, no han movido ni un dedo para lograr que pudiera al menos acudir a los funerales. Por eso los rumores sobre su posible muerte se han intensificado en los últimos días.

De estar viva, no le espera nada bueno si Inoyátov, el 'verdugo' de Andiyán, consigue convertirse en el nuevo jefe del Estado. El responsable de la seguridad y mano derecha de Karímov es uno de los candidatos mejor situados para asumir la presidencia. Pugnan también por ello el primer ministro, Shavkat Mirziyóyev, actual presidente en funciones, y el viceprimer ministro, Rustam Azimov.