La Rioja

Peña Nieto esquiva las críticas al sacrificar a su mano derecha

Enrique Peña Nieto se despide del que fuera secretario de Hacienda, Luis Videgaray. :: J. N. / efe
Enrique Peña Nieto se despide del que fuera secretario de Hacienda, Luis Videgaray. :: J. N. / efe
  • La renuncia del titular de Hacienda mexicano se ve como un mal menor para salvar la imagen de un Gobierno azotado por la crisis

Enrique Peña Nieto se resistía a dejar marchar de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) a Luis Videgaray, su mano derecha desde hace una década. Tras horas de conversación que se alargaron hasta la madrugada, el presidente aceptó su sacrificio intentando así controlar el daño causado por la visita de Donald Trump, idea del exministro, y para que al presentar el presupuesto de 2017 el Congreso no se cebe en las cifras negativas, en la debilidad del país, en la desaceleración o en los escándalos inmobiliarios que salpicaron al jefe del Estado y a su 'alter ego'.

De cualquier forma, el presidente se queda sin guía, sin quien según el columnista Francisco Garfias era «el más fuerte de la llamada 'triada' que integraba junto con los ministros Miguel Ángel Osorio Chong y Aurelio Nuño», y que otros analistas consideraban el verdadero poder tras el trono. La influencia de quien todavía es visto como el mejor candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en las presidenciales del 2018 se extendía a temas ajenos a los económicos y financieros. La incógnita será comprobar si el exministro continuará soplando al oído presidencial después de la debacle causada por el viaje de Trump sin tener un cargo oficial.

Videgaray apostó por blindar la economía si ganaba el aspirante republicano y mostrar la «estabilidad» de la nación azteca. Se olvidó de las ofensas y humillaciones del magnate. No pensó en la dignidad de los mexicanos. Ni siquiera en dejar mal parada a Claudia Ruiz Massieu, titular de Relaciones Exteriores, al tomar una decisión que le concernía a ella.

Las opiniones sobre los cambios en el Ministerio de Hacienda coinciden en que se optó por el mal menor para salvar la ya pésima imagen del mandatario con el que el PRI recuperó el poder tras 12 años de interrupción y para que los diputados no se ceben en los errores del promotor de las reformas estructurales: aumento de los precios de la gasolina, la reforma económica que complicó la relación con los empresarios y el aumento de la deuda nacional a casi 50% del PIB. Entre sus aciertos figuran las reformas fiscal, financiera y energética, una mayor recaudación y la estabilidad financiera.

«No es aceptar el error»

Según Ricardo Raphael, Videgaray no renunció por promover la visita de Trump, sino «porque su candidatura presidencial dejó de ser viable hace ya mucho tiempo» y agrega que se equivoca quien vea su salida de Hacienda «como una aceptación del error». El especialista asegura que EPN y su entorno «aún defienden, sin cuestionar, lo que Hillary Clinton calificó como un muy desafortunado incidente internacional».

Julio Hernández López dice en el diario 'La Jornada' que Videgaray «no fue etiquetado como el secretario expiatorio y, ni siquiera, se aludió de alguna manera a su papel como corresponsable ejecutivo de la visita ignominiosa de Donald Trump a México. Es decir, oficialmente se le removió por necesidades del servicio, por rediseño en las áreas económicas, pero no por culpa alguna. Nada que ver con la crisis económica, el desempleo creciente, la reducción en las expectativas de crecimiento, la inflación, la devaluación acumulada del peso ni el restrictivo presupuesto de egresos que dejó listo».

El extitular de Hacienda gestionó la unión de los principales partidos políticos en torno a las 'Reformas Estructurales' y logró el llamado 'Pacto por México' para aprobar esas reformas. Durante los primeros años en el cargo, Videgaray fue muy premiado, pero las investigaciones sobre su gestión y el Gobierno de Peña Nieto cambiaron cuando se reveló que la primera dama, Angélica Rivera, adquirió una propiedad en el Distrito Federal al grupo Higa, uno de los contratistas del Gobierno Federal, que también apareció cuando el propio ministro compró una casa en Malinalco.