La Rioja

GANAR ENEMIGOS

Los excelentes buenos modales del líder filipino, que quizá no sea el último, Rodrigo Duterte, se ha visto enturbiado por la continuación de su carta a Obama. «Debe ser respetuoso, hijo de puta». Sin duda ese tratamiento del tagalo supone una innovación en el arte de la diplomacia, que no siempre es el hábito de mentir, ni el mucho más sutil de ocultar la verdad. Entre nosotros que no haya equívocos, le ha dicho Rodrigo a Obama. El líder filipino, conocido como 'el Castigador', ha dicho que no hay que interpretar mal sus palabras, ya que cuando pronunció su inequívoca definición quería decir otra cosa, ya que su país es uno de los principales aliados de EEUU en la zona, aunque sus relaciones se hayan deteriorado últimamente. ¿Cómo se arregla ese agravio? Las palabras quedan aunque corran otros aires, porque no a todas se las lleva el viento. Y Obama, que no puede ser demasiado susceptible, tampoco tiene mucho margen de interpretación. «Putang ina» no permite sutilezas entre significado y significante.

Tenían que aprender de los políticos españoles, que se abrazan siempre y saben sonreír para ocultar sus puñales y jamás se cansan de reunirse, a ver si entre todos se les ocurre algo que nos sirva a algunos. El filipino ha llegado a un punto donde se ha cobrado más de 2.500 muertos en su lucha contra la droga desde que llegó a Manila el pasado mes de junio. El mundo es un manicomio, pero quizá sea un reflejo de nuestra personalidad sucesiva, compuesta de muchedumbre de majarones, algunos de ellos, sin duda los mejores, creyeron que era un lugar manifiestamente mejorable. Sigue siendo desdicha de las edades que los locos sirvan a los ciegos de lazarillos, que dijo Shakespeare, que no solo fue un hombre, sino que acertó a ser todos los hombres. Las tribus humanas se llevan muy mal porque todas quieren llevarse la mejor parte. Nosotros no somos la peor, pero sí la que tarda más en llegar a un desacuerdo que nos complazca a todos.