La Rioja

La agenda xenófoba de la ultraderecha desplaza al partido de la canciller alemana

Leif-Erik Holm, candidato de Alternativa para Alemania, vota en un colegio electoral de Klein Trebbow. :: Joachim Herrmann / reuters
Leif-Erik Holm, candidato de Alternativa para Alemania, vota en un colegio electoral de Klein Trebbow. :: Joachim Herrmann / reuters
  • Los populistas adelantan a los conservadores en el 'land' de Mecklemburgo Antepomerania, cuyos comicios vuelven a ganar los socialdemócratas

berlín. Los peores pronósticos se convirtieron ayer en realidad para la Unión Cristianodemócrata (CDU) y su presidenta y canciller federal, Angela Merkel. Los conservadores alemanes se vieron adelantados por primera vez en la historia del país por la derecha y superados por los populistas de la Alternativa para Alemania (AfD) en el Estado federado de Mecklemburgo Antepomerania (en el oriente del país).

Los resultados de los comicios regionales indican que la CDU cayó por debajo del 20% de votos, el peor resultado de su historia en ese 'land', y que AfD, con una campaña centrada en criticar la política de refugiados de Merkel y alimentar el miedo y la xenofobia del pueblo, superó el 21%.

La nueva formación euroescéptica y ultranacionalista fue la triunfadora de la jornada, en la que los socialdemócratas liderados por el primer ministro del Estado, Erwin Sellering, consiguieron salvar el tipo y mantenerse como primera fuerza local, aunque cedieron unos cinco puntos hasta obtener un 30% de los sufragios.

La AfD, que se estrenaba electoralmente en la región, arrebató votos a todas las formaciones. No solo a CDU y SPD. También La Izquierda, el partido surgido de las cenizas del comunismo germano oriental, cedió más de cinco puntos y cayó hasta poco más del 12%, su peor resultado en Mecklemburgo Antepomerania desde la reunificación.

Los Verdes sufrieron hasta el final del recuento al bailar sobre el 5%, mientras los liberales no lograron acceder al Parlamento de Schwerin y los neonazis del Partido Nacionaldemócrata (NPD) quedaron igualmente fuera y vieron cómo los populistas se llevaban a sus antiguos seguidores.

«Esto es un sopapo para Angela Merkel no solo en Berlín, sino sobre todo en su circunscripción electoral», dijo visiblemente entusiasmada por los resultados la copresidenta de AfD, la polémica Frauke Petri, en referencia a la región por la que Angela Merkel cuenta con su escaño en el Bundestag.

Candidatura al Bundestag

El resultado cayó como un jarro de agua fría en las filas cristianodemócratas en un momento en el que arrecian las críticas contra la canciller y cuando la mandataria está pendiente aún de comunicar si tiene intención de presentarse de nuevo como candidata a la jefatura del Gobierno en las elecciones al Bundestag, el Parlamento federal, que se celebrarán dentro de un año.

Peter Tauber, secretario general de la CDU y uno de los pocos dirigentes conservadores que salió ayer a dar la cara, dijo «no ver» que el resultado de estos comicios pueda tener alguna consecuencia para la posible candidatura de Merkel, que lleva ya tres mandatos y se espera que decida si se presentará a un cuarto lo más tarde en diciembre, cuando la CDU celebre su congreso ordinario.

Su fracasado candidato y ministro del Interior de Mecklemburgo Antepomerania, Lorenz Caffier, hizo un llamamiento al SPD para reeditar la gran coalición que gobierna en Schwerin para combatir con argumentos a los populistas de AfD.

En todo caso, el resultado es un desastre para la CDU y una reacción directa a la política de refugiados de la canciller, aunque esa región al noreste de Alemania es la que menos peticionarios de asilo ha recibido. Y una catástrofe por lo que significa la consolidación de AfD en el panorama político alemán, pese a tratarse de una formación que no muestra interés alguno por gobernar y con la que ningún otro partido está dispuesto a formar alianza alguna. Dos terceras partes de las personas que votan AfD lo hacen como simple expresión de protesta.

Sus electores no solo critican la atención a los refugiados, sino que rechazan una política cuyas condiciones ya no comparten, unos actores a los que ya no reconocen como representantes y unas instituciones de las que no aceptan ni su forma de trabajar ni los resultados que ofrecen.