No hay vuelta atrás

Los peatones de las dos calles que dan a la Puerta del Sol tienen que andar en una única dirección. La medida empezó ayer, pero el intenso frío dejó a la gente en casa. La Policía se prepara hoy para la primera avalancha

ANTONIO PANIAGUA

Ayer iba ser un día sin vuelta atrás. Por primera vez los peatones de las madrileñas calles del Carmen y Preciados, de las más concurridas de España, iban a tener que caminar en sentido único, con orden y concierto. Nada de encontronazos ni pisotones. La Policía Municipal había diseñado un plan para evitar aglomeraciones y avalanchas. Y es que por estas fechas, ambas travesías se convierten en pasillos agobiantes por los que discurre una riada humana. Al final, como mucha gente se quedó en casa debido al intenso frío (con el viento la sensación térmica bajaba de cero grados), no hubo necesidad de aplicar el protocolo de seguridad, pero las autoridades creen que hoy mismo y, con toda seguridad, el próximo fin de semana, con el puente de la Constitución y la Inmaculada, las aceras estarán a reventar. Será entonces cuando los agentes tendrán que ordenar el tránsito de personas y hacer que se conduzcan por el camino recto, sin desvíos, marcha atrás ni vagabundeos.

Hasta el 7 de enero, la Policía de Madrid puede dictar que los viandantes se dirijan por una calle de entrada y otra de salida. El paseante tendrá que encaminarse a Preciados para subir a Callao desde la Puerta del Sol. Y quienes hagan el recorrido inverso deberán optar por la calle del Carmen, la de bajada a Sol.

La habilitación de vías peatonales en un único sentido no es nueva. Se viene aplicando en la Fiesta Mayor del barrio barcelonés de Gràcia y se puso en marcha el año pasado durante la procesión de Las Turbas en la Semana Santa de Cuenca. Otro tanto se ha hecho en Londres, Nápoles y en la Meca (Arabia Saudí). Por añadidura, en los metros de México y Moscú, donde el alud de viajeros es gigantesco, se suelen poner vallas para que los pasajeros caminen en una sola dirección. «Es una decisión que se inscribe dentro de la seguridad ciudadana y no está en principio destinada a promover la movilidad peatonal. Se suele implantar en un horario acotado, cuando los tumultos son mayores, con el fin de evitar estampidas», asegura Shara Martín, directora general de la consultora Pons Seguridad Vial. La idea de andar disciplinadamente, aunque evite choques y tapones, no gusta a todos. «Nos hacen desfilar como borregos. Y supongo que perjudicará a los comercios», dice Daniel, de 25 años.

Más jardineras

Aunque las autoridades evitar mentar la bicha, la posibilidad de un atentado yihadista está en la mente de todos. «Se supone que es más fácil identificar a un sospechoso si va a contracorriente», dice Martín. Este año, y sobre todo a raíz de la acción terrorista perpetrada en Las Ramblas, se han colocado más jardineras en los accesos a la Puerta del Sol, que cambiarán de sitio en los días previos a las campanadas de Nochevieja.

A los titulares de negocios las medidas no les disgustan. «Todo lo que sea reducir el caos nos parece razonable», asegura el gerente de la Asociación de Comerciantes de Preciados y Carmen (Apreca), José Luis de Lucio, quien se congratula de que este año las restricciones no se hayan improvisado. Si a las apreturas se une el hecho de que numerosas edificios de la calle Preciados se encuentran en obras, pasear por esta céntrica vía es una odisea.

Según las previsiones de los empresarios, el tráfago prenavideño comenzará dentro de unos días, cuando la gente se acerca a ver las luces de Navidad, mirar los escaparates, disfrutar del ambiente festivo de la Puerta del Sol o visitar la vecina Cortylandia, toda una tradición navideña instaurada por El Corte Inglés y contraindicada para enfermos de agorafobia. «Creo que es beneficioso para peatones y comerciantes. Cuando llegan estas fechas, si bajas la mirada no ves el suelo a causa de la marea humana», apunta De Lucio.

Por estos días el centro de Madrid bulle en cada esquina. Entre diciembre y enero la capital acogerá 150 eventos, entre ellos 16 conciertos, 8 partidos de fútbol, cuatro mercadillos diarios, entre ellos el tradicional de la Plaza Mayor, y unas cuantas manifestaciones.

Quienes no están nada contentos con el plan de seguridad son los loteros de la Puerta del Sol. La Policía les ha ordenado que en los días de mayores aglomeraciones se coloquen al lado del carril bici que discurre cerca de la Real Casa de Correos. Como se apuestan en los aledaños de las calles Mayor, Preciados, Carmen y Montera, a veces muy cerca de las bocas del metro para captar clientela, entorpecen la circulación de personas. «Si nos colocan al lado del carril bici quienes corremos peligro somos nosotros. Nos obligan a hacer de barreras humanas. ¿Quién me dice a mí que no me va a atropellar una bicicleta o un conductor que vaya descarriado», se pregunta María, una de las loteras más veteranas. Los 25 vendedores que han hecho de la Puerta del Sol su improvisado despacho están que trinan con las autoridades. «Cada vez son más intransigentes», censura María.

José María, otro lotero que instala su tenderete en la calle del Carmen, cree que el acoso a sus compañeros en ciertos casos está justificado. «El año pasado hubo bronca por culpa de personas que se disputaban el sitio donde vender. La calle es de todos, pero hay que saber comportarse». En la administración de lotería de Doña Manolita, con fama de repartir premios millonarios en el sorteo del Gordo, la gente guarda cola durante horas para agenciarse un décimo. Un encargado de la seguridad procura que nadie se desmande. Y en verdad lo consigue porque nadie protesta ni se sale de la fila. La Policía Municipal le ha dicho a José que si las cosas se ponen feas y la calle se tapona, desmonte su mesa plegable y se cuelgue al cuello una tabla donde exhibe los boletos.

400 euros en ropa

Carina, de 21 años, es ajena a las cuitas de los loteros y al sentido de la marcha de los viandantes. Recién venida de Roma, es una más de los miles de turistas que pululan por Madrid en busca de compras asequibles. Pese a que el alquiler del metro cuadrado de un local en Preciados sale por 255 euros, uno de los más caros de España, la calle es el paraíso de la ropa barata. «La verdad es que me da un poco igual todo esto de subir y bajar. A mí lo que me importa es gastarme los 400 euros que me ha dado mi madre en ropa que valga la pena, y sólo tengo tres días para hacerlo. Es verdad que es difícil andar por Madrid, pero en Venecia, donde estuve el año pasado, es muchísimo peor. No veo a que viene quejarse tanto», argumenta.

El plan de seguridad coincide con el cierre al tráfico privado de la Gran Vía. Sólo los autorizados -residentes, transporte público, motos, bicicletas, taxis y vehículos de reparto y emergencias- pueden atravesar la calzada. Todo está pensado para dar más protagonismo a los peatones, que disponen de dos carriles más -uno en cada sentido- para caminar. La Gran Vía es ahora un foco de gran densidad de tráfico y contaminación. Por ella circulan unos 40.000 vehículos diarios y es una de ese 15% de calles de Madrid que soportan hasta el 80% del tráfico de la ciudad.

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