Trasplantes de autor

Trasplantes de autor

Juzgan a un cirujano británico que grabó sus iniciales en el hígado de dos pacientes. El fiscal admite que es un delito «sin precedentes»

I. GALLASTEGUI

Salvar vidas, sí, pero de héroe anónimo, ni hablar. Un tribunal de Birmingham (Reino Unido) acogió el jueves un juicio contra un grafitero inusual. El 'artista' dejó su firma, pero no lo hizo en una tapia, la fachada de un monumento o un vagón de metro, sino en dos hígados que acababa de trasplantar a otros tantos enfermos, un hombre y una mujer. En la vista, Simon Bramhall -S. M. para sus pacientes- reconoció los cargos de agresión, pero no los de lesiones, porque su marca, en teoría, no causó daño a los destinatarios. «Cometí un error», admitió a la BBC el especialista en hígado, páncreas y bazo, que ya no trabaja en el hospital Queen Elisabeth donde ocurrieron los hechos en febrero y agosto de 2013.

El fiscal retiró los cargos de lesiones, al admitir que las cicatrices realizadas con un coagulador de gas argón, utilizado normalmente para sellar vasos y evitar hemorragias en este tipo de operaciones, no afectaron a la salud de los enfermos. Es probable que las letras se hubiesen borrado con el tiempo y nadie se habría enterado jamás del narcisista comportamiento del doctor. Pero el órgano de la mujer estaba dañado y esta tuvo que ser reintervenida poco después. El cirujano encargado de este segundo procedimiento se quedó de piedra al encontrar en la víscera las iniciales de su colega.

Anestesista y yonqui

El fiscal Tony Badenoch ha reconocido que se trata de un caso muy complejo desde el punto de vista médico y jurídico. La acción, que el ministerio público califica como «abuso de poder», fue llevada a cabo «con desprecio a los sentimientos de personas inconscientes». «Su acto de marcar los hígados de esos pacientes fue deliberado y consciente. No fue un hecho aislado. Requirió habilidad y concentración. Y se hizo en presencia de colegas», subrayó.

Al admitir los cargos -por primera vez desde que fue expedientado por estos hechos-, el médico «no solo acepta que lo que hizo estuvo éticamente mal, sino que también cometió un delito. Fue un abuso de la confianza depositada en él por los pacientes», dijo la fiscal especial Elisabeth Reid.

Bramhall, de 53 años, fue separado del servicio por la dirección del centro sanitario a finales de 2013, la organización colegial le amonestó y al año siguiente él mismo dejó su puesto. El juez Paul Farrer pronunciará su veredicto el próximo 12 de enero.

No todo el mundo hace leña del árbol caído. «¿De verdad es para tanto? -se preguntaba una de sus pacientes, Tracy Scriven, en declaraciones al 'Birmingham Mail'-. A mí no me habría importado que me hubiera grabado sus iniciales: ese hombre me salvó la vida. Es un poco tonto prohibirle seguir trabajando. Es una buena persona y un buen profesional».

No es la primera vez que el doctor grafitero sale en las noticias. Hace siete años fue el autor de otra operación insólita, pero por motivos muy distintos: en noviembre de aquel año, la avioneta que transportaba un hígado destinado al trasplante se estrelló a causa de la niebla en el aeropuerto de Birmingham y, aunque la aeronave se incendió y los dos pilotos resultaron heridos, el órgano sobrevivió intacto en una nevera con hielo. «Es asombroso», admitió el cirujano. Aquel hígado salvó 'in extremis' a un hombre al que le quedaban pocos días de vida.

Mientras dormían

Aunque el ministerio público asegura que se trata de un caso «sin precedente legal», lo cierto es que no es la primera vez que un médico pierde las formas mientras sus pacientes duermen, algo que preocupa a algunos usuarios. El año pasado levantó escándalo la difusión de un vídeo en el que un cirujano plástico colombiano bailaba alegremente en la sala de operaciones sujetando un trozo de piel y grasa de la mujer a la que le estaba practicando una abdominoplastia. Sociedades médicas y grupos de pacientes repudiaron la irrespetuosa conducta del doctor Majana. Él se escudó en que la señora dormida en la camilla era su tía y que le había prometido dar el espectáculo durante la intervención. El vídeo, afirmó, lo había difundido una exnovia despechada.

denuncias por errores sanitarios recibió en 2016 la asociación Defensor del Paciente.

La 'firma' del anestesista Juan Maeso fue mucho peor: fue condenado a 1933 años de cárcel por contagiar la hepatitis C a 275 pacientes con los que compartió jeringuilla. Cuatro de ellos murieron.

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