«Supe que tenía que disparar sólo dos horas antes»

:: Matthias Oesterle/
:: Matthias Oesterle

Antonio Rebollo, el hombre que iluminó Barcelona'92 con un flechazo certero hace hoy 25 años, revive «una puesta en escena» única. «Era el momento clave, pero no tuve nervios»

JOSEBA VÁZQUEZ

Cuántas veces le han hecho repetir o simular aquel disparo a lo largo de los 25 años transcurridos?

- Aproximadamente, entre inauguraciones y eventos, unas quince veces en condiciones similares a las de Barcelona'92; es decir, moviendo todo un equipo, a la empresa que fabrica el fuego, etc. Eso tiene un coste importante. ¿Simularlo? ¡Ufff! Con entrevistas y cámaras de por medio... más de cien, quizás doscientas veces.

- Sumemos el acto recordatorio en el que participará este mismo martes en Barcelona, junto a otros protagonistas de la inauguración de los Juegos de 1992.

Una queja «Aquello sólo me proporcionó fama; ningún beneficio económico» Por seguridad «Meter la flecha en el pebetero en la ceremonia hubiera sido una temeridad»

- Sí, ahí estaremos otra vez Epi y yo, y más gente de aquel día. No sé exactamente qué se hará porque me lo han planteado como una sorpresa, pero, desde luego, disparar la flecha en las condiciones de los Juegos, no. Imagino que será algo simbólico.

El hombre que iluminó Barcelona durante dieciséis días de un verano histórico lleva, en realidad, varias semanas atrapado en un 'revival'. El aniversario redondo de una ceremonia memorable ha convertido a Antonio Rebollo (Madrid, 1955) en uno de los objetivos predilectos de medios, cadenas e instituciones y le ha llevado por un itinerario que culminará esta noche en la plaza Catalunya. Antorcha y bandera olímpicas incluidas, el Ayuntamiento de la Ciudad Condal celebrará en ese escenario una fiesta popular conmemorativa que culminará hacia las 22.00 horas. Unos cuarenta minutos antes de que, aquel 25 de julio, el arquero paralímpico, con la 'ayuda' precisa, prendiera el pebetero del estadio Lluís Companys en una escenificación sublime, calificada de emocionante y espectacular por quienes la presenciaron por televisión (3.500 millones de espectadores en todo el mundo). Visto desde el interior del recinto olímpico fue mucho más que eso: resultó un instante mágico, asombroso, irrepetible. Un privilegio que erizó el vello y dejó boquiabiertos a los 65.000 presentes tras unos segundos de tenso suspense. Y Antonio lo sabe.

- ¡Vaya responsabilidad! ¿Sintió nervios en aquel momento?

- Nada, no lo viví de mala manera. Estaba preparado para la alta competición porque siempre había competido con el equipo nacional de tiro con arco y en el paralímpico. Hice los ejercicios de sofrología (preparación mental) predeterminados y... a esperar que todo fuera bien. Sabía que era el momento clave en la inauguración, pero no pensaba en ello. Hacerlo sí me hubiera podido llevar a un estado de crisis, o darme un desmayo. Otra cosa fue después: con la reacción de la gente, sus gritos, los aplausos y la emoción del ambiente empiezas a estar alucinando y a tomar conciencia. Todo fueron felicitaciones.

- ¿Cuándo le comunicaron que sería usted el encargado de realizar el lanzamiento?

- Un par de horas antes del disparo, ya con la ceremonia de inauguración iniciada. Estaba allí otro arquero, Joan Bozzo, un catalán que los seis meses anteriores estuvo lanzando al pebetero diariamente. Yo, como vivía en Madrid, iba una vez a la semana y pensaba que sería el arquero catalán el elegido. Hubo una preselección previa, pero desconozco el número de candidatos. Cuando me llamaron la primera vez, en Vall d'Hebrón había cientos de personas tirando al monte.

- En un artículo publicado en 2002 en un periódico, Joan Bozzo se reivindicaba también como un artífice importante en el encendido del pebetero.

- No lo sabía, pero me parece justo porque es cierto.

- ¿Hubo competencia con él?

- Hombre, es obvio. Si hay dos personas con la posibilidad de hacer algo, cada uno trata de hacerlo lo mejor posible para ser elegido.

- ¿Tuvieron que realizar una preparación intensa?

- Empezó más de un año antes; básicamente, los fines de semana. No me resultó duro ni fatigoso. Estaba acostumbrado, y sigo estándolo, a levantarme a las seis de la mañana y andar trajinando hasta las doce de la noche. Entrenaba todos los días en Madrid y a Barcelona iba los sábados. Era una rutina.

El «sistema alternativo»

- De lo que no se libró es de algunos comentarios poco elegantes (llegó a decirse que Rebollo fue elegido por su discapacidad) y de ciertas críticas al propio disparo.

- No he hecho mucho caso. Ahora es cuando me estoy enterando más de algunas cosas, porque incluso lo cuentan personas que intervinieron en ello. Me molestó en sus inicios porque tuve la sensación de que a aquello, tan especial, no se le sacó el provecho que se le podía haber sacado.

- ¿A qué se refiere?

- Una acción tan especial se pudo explotar para sacar el máximo rendimiento. Lo único que yo saqué de beneficio fue una gira por Estados Unidos organizada por la empresa que proporcionó las flechas y que se publicitó conmigo. En España no se ha hecho nada de nada, salvo la Prensa. A nivel privado he tenido alguna contratación, pero de estamentos, nada. Por la inauguración no recibí ni un duro; yo era un becado y nada más. Me salieron cosillas puntuales, pero aquello solo me proporcionó fama, ningún beneficio económico.

- Sáquenos de dudas: ¿la flecha entró en el pebetero o no?

- Je, je, je. ¡Qué malvado! Si los periodistas ya sabéis cómo iba aquello, je, je.

- Los periodistas y, a estas alturas, el mundo entero, pero no está de más que lo cuente el gran protagonista.

- La flecha era una puesta en escena. Tenía que salir perfecto. ¿Cuáles podían ser los problemas? Pues, por ejemplo, que la flecha se apagara, o se fuera vete a saber dónde y le cayera a un espectador. La flecha tenía que pasar por el haz de gas y había un sistema alternativo que entraba en funcionamiento al mismo tiempo.

- Para asegurar el encendido se accionó un mecanismo que dotó del gas y la chispa suficientes al pebetero, ¿no?

- Claro. La flecha pasa por encima de un metro cuadrado de gas y su fuego, al contactar con el gas, prende el pebetero ayudado por el sistema alternativo. Y la flecha cae fuera del estadio, claro. Yo me enteré de cómo iba a ser el sistema un mes antes porque un periódico catalán lo publicó con todo lujo de detalles. Incluso pensaron que lo había contado yo. Y, mira, desde que empezamos a hacer las pruebas en el estadio, los Mossos d'Esquadra y los bomberos cercaban el recinto exterior porque la gente se acercaba a llevarse las flechas que tirábamos.

- ¿Y en los ensayos nunca metieron alguna en el pebetero?

- Sí. En una ocasión quise demostrar que la flecha se podía meter en el pebetero y lo hice. Lo que pasaba es que eso, durante la ceremonia, era una temeridad hacerlo; entrañaba el peligro de que la flecha golpeara allí, podía explotar aquello o caerle a alguien. Lo prudente era hacerlo como se hizo para evitar riesgos; es decir, que la flecha sobrepasara el pebetero y su fuego prendiera.

Un arco para cazar jabalís

Puede que no lo parezca, pero el disparo entrañaba gran dificultad. La flecha incendiaria, de 109 centímetros de longitud, debía pasar centrada y no excesivamente alta, porque «la puesta en escena» hubiera fracasado. Y el pebetero se encontraba -se encuentra- a 32 metros de altura, lo que obligaba a forzar un ángulo antinatural al arquero, acostumbrado a disparar en horizontal. Por si fuera poco, el viento le vino de cara. «Sistema alternativo» al margen, el éxito del fascinante efecto dependía de la precisión del lanzador. Rebollo, el arquero español más laureado de la historia, era la persona adecuada. Cuenta con dos platas paralímpicas (Los Ángeles'84 y Barcelona'92) y un bronce (Seúl'88), junto a nueve títulos de campeón de España y uno de Europa (1989). Este hombre, al que la poliomielitis le afectó ambas piernas, especialmente la derecha, siendo un bebé de ocho meses está casado, tiene dos hijos y trabaja de ebanista como personal civil del Ministerio de Defensa.

- En 2009 le nombraron seleccionador nacional de tiro con arco paralímpico.

- Aquello duró poco más de un año porque, después de ser campeones del mundo, prescindieron de mí sin darme ninguna explicación.

- ¿Es verdad que caza con el arco de Barcelona'92?

- Lo estuve haciendo, sí. Aquel arco es de caza y con él he hecho mis pinitos en la caza del jabalí. Pero algunos compañeros me han regañado por eso y lo dejé.

- ¿Sabe que en los Presupuestos Generales del Estado de este año el único recorte deportivo afecta al Comité Paralímpico?

- Pasa lo de siempre. Suele suceder que cuando hay que quitar a alguien se le quita al que menos tiene y más necesita. No sé cómo calificarlo. Esta es la política y los políticos que tenemos. Unos y otros.

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