SUICIDIO EN NÚREMBERGEl veneno oculto de Göring

Göring, a la izquierda, durante el juicio de Núremberg. :: r. c./
Göring, a la izquierda, durante el juicio de Núremberg. :: r. c.

Si hubiera podido, es posible que otro acusado por crímenes de guerra, Hermann Göring, hubiera preferido una muerte en directo, melodramática, a juego con su vida exagerada y sus uniformes extravagantes, pero la vigilancia era demasiado estricta, sobre todo al principio.

El número dos del Tercer Reich y comandante en jefe de la Luftwaffe fue condenado en Núremberg a morir en la horca por el tribunal que le juzgó a él y a otros jerarcas nazis por crímenes contra la humanidad, aunque la sentencia no llegó a ejecutarse. Pese a las extraordinarias medidas de seguridad a las que eran sometidos los procesados, Göring logró hacerse con una cápsula de cianuro que ingirió en su celda el 15 de octubre de 1946, dos horas antes de su ejecución. Junto a su cadáver se encontró una carta en la que aseguraba que había sido el dueño de su propio destino. Nunca se supo cómo había logrado hacerse con el veneno.

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