Mi sauna es la tuya

Alba Carrillo, entre Bertín y Feliciano. :: r. c.
Alba Carrillo, entre Bertín y Feliciano. :: r. c.

Feliciano López rompe el silencio sobre Alba Carrillo para decir que nunca hablará mal de ella, pese a que le llamó gay

ARANTZA FURUNDARENA

La mejor frase del programa sobre Feliciano López la pronunció Bertín: «En todas mis casas ha habido sauna desde que tengo uso de razón», soltó al poco de internarse en el casoplón del tenista. Y ya, una vez hechas las presentaciones («¿Tú también eres de sauna? ¿Y tu padre? ¡Anda, y el mío!»), dio comienzo 'Mi sauna es la tuya', con Bertín entregado al peloteo. Está claro que su punto fuerte como entrevistador es la escena del sofá. Siempre ha sido un empedernido donjuán y esa técnica la domina. Ayuda mucho también que el oponente, por recio que sea, se le suele medio desmayar cual damisela ya desde la primera pregunta.

Jóvenes matriculados en Periodismo: olvidaos de los estudios y dedicaos casi mejor a cantar rancheras... La experiencia nos demuestra que para hacer una buena entrevista, para conseguir eso tan difícil como que el entrevistado se entregue y lo confiese todo, puedes ser showman o cantante melódico, pero en ningún caso periodista. Los periodistas caemos mal, damos miedo y la gente ante nosotros se retrae, se encoge y se pone a la defensiva. En cambio, llegan Bertín y Arévalo en guayabera, con pinta de estar regurgitando aún la paella que se zamparon el domingo con el rey Juan Carlos y, a pesar de la chufla que se traen y del aire de hampones de medio pelo que gastan, consiguen que el personaje confíe, se sienta a gusto y acabe contando su vida y milagros. «Bertín puede preguntarme lo que quiera», le comentó Feli a su compañero Marc López poco antes de que Osborne (ding-dong) llamara a su puerta.

Bien es verdad que luego las confidencias de López quedaron bastante descafeinadas. Pero porque él es así de comedido. Ya explicó que la mala leche de verdad solo la saca en la pista. Al campeón de Roland Garros con Marc López también las parejas se le dan mejor en el tenis que en la vida. A la despechada Alba Carrillo, su ex, la mencionó sin nombrarla. Y la conclusión a la que llegamos es que él también es un gran superviviente. Lleva más de un año soportando picaduras, mordeduras, dardos, flechas impregnadas en curare... Y sigue sin perder los nervios. «Me llegaron a llamar homosexual», dijo sin saber si reír o llorar. Y luego relató que ese rumor le llevó a recibir un montón de mensajes insinuantes de gays en Instagram. Bertín, que por algo es adicto a los chistes de Arévalo, se partía...

Bertín domina la escena del sofá. Es su punto fuerte como entrevistador

De Feliciano aprendimos dos cosas. Una, que es un elegante caballero, al menos de puertas para afuera. «Nunca hablaré mal de ella», dijo en relación a su ex. Y dos, que no tiene ni idea de hacer croquetas. Le tuvo que echar una mano su madre, una enfermera harta de ser la mala de la película y que por culpa de las críticas de su exnuera algunos pacientes la tomen por una bruja (o quizá vampira) «cuando les voy a cambiar la bolsa de sangre».

Volviendo a Feliciano, si su casa de verdad es la nuestra, entonces podemos acampar allí con toda la peña. Dispone de 600 metros cuadrados, tres plantas y siete cuartos de baño. Pero le pasa lo que a tantas otras mansiones decoradas por un equipo de prestigiosos interioristas: parece un hotel. El salón, a modo de escultura, lo preside una enorme vértebra de cetáceo. Tan grande y tan como de ballena en extinción que durante la entrevista no me habría extrañado nada ver descolgarse a un activista de Greenpeace por uno de los ventanales.

Al final, falló la audiencia. Casados todavía por lo catódico, Feliciano fue la estrategia de Telecinco como alternativa a Alba Carrillo y Supervivientes. Pero probablemente ella habría registrado más 'share'. En la tele vende la vena hinchada, no las buenas maneras. El partidito de pádel con Arévalo estuvo bien, pero para caldear aquello Bertín tendría que haber metido a su entrevistado en la sauna.

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