Saqueadores de la historia

Saqueadores  de la historia

El expolio de bienes arqueológicos halla en internet el medio idóneo para el contrabando. Los piratas sólo precisan un detector de metales y una azada para vivir del cuento. Los jueces sobreseen los casos y la sociedad mira para otro lado

El expolio de bienes arqueológicos es un negocio lucrativo. Con solo una azada y un detector de metales, un saqueador situado en el nivel más bajo de la pirámide delictiva puede sacar unos ingresos de 1.500 euros al mes. A medida que se asciende en la escala jerárquica, la cotización de una pieza alcanza sumas estratosféricas. Por algo la compra de objetos artísticos robados es una de las mejores maneras de blanquear capitales. Desde que existe internet, el pitero (así se conoce al expoliador que emplea un detector de metales, por el pitido que emite este aparato) dispone de un medio magnífico para dar salida al producto de sus desmanes. Una fíbula, una moneda romana o una pulsera neolítica se comercializan en Wallapop o eBay sin necesidad de recurrir a anticuarios de dudosa reputación. Cuando llega al coleccionista adinerado, el precio del objeto se puede haber multiplicado de forma exponencial. Andalucía, con 3.000 yacimientos catalogados, es el paraíso de los piratas de la arqueología. Le siguen las comunidades de Castilla-La Mancha, Castilla y León y algunas zonas del levante mediterráneo.

La irrupción de la red ha trastocado todo. Antes de la era digital, los expoliadores acudían a los intermediarios o a anticuarios sin escrúpulos, que a su vez contactaban con coleccionistas. Pero desde que existen las subastas virtuales, es pan comido sacarse unas perras.

Un problema con que se topan los investigadores es que es difícil sorprender al ladrón in fraganti, entre otras cosas porque se trata de una actividad que no acarrea la censura de los vecinos de los pueblos cercanos a un yacimiento. «En cuanto corre el rumor de que estamos vigilando una casa todo se tuerce. Algunos aprovechan la impunidad de la noche para perpetrar el saqueo», asegura el jefe de la Brigada de Patrimonio Histórico de la Policía Nacional, Fernando Porcel. Por añadidura, es complicado que el juez conceda una orden para intervenir el teléfono o una línea ADSL, dado que suelen considerar desproporcionada la medida con relación el delito que se trata de evitar. Si se añade a todo ello que las penas para este tipo de actuaciones son leves, resulta que el pitero campa a sus anchas sin temor. «La sociedad está muy poco concienciada, y no tiene en cuenta que excavar sin control ni método produce un daño enorme al patrimonio», apunta Porcel. De hecho, los agentes de la Brigada de Patrimonio Histórico no tienen constancia de nadie que esté en prisión por desenterrar lo que no era suyo. Otra cosa es el tráfico de bienes arqueológicos a escala casi industrial.

La compra de objetos artísticos robados es una de las mejores maneras de lavar dineroA veces las piezas se fragmentan deliberadamente para obtener una mayor ganancia

Libros de numismática

Hace apenas un mes los Mossos d'Esquadra recuperaron 20.000 piezas procedentes de 393 conjuntos arqueológicos. Dos de los detenidos, vecinos de Amer (Girona), eran universitarios versados en geología e historia. De la magnitud del material incautado, valorado en unos 110.000 euros, habla el hecho de que se necesitaron cuatro furgonetas y tres días de trabajo para trasladar todo el producto del saqueo. En los muchos años de depredación del patrimonio, desvalijaron 168 yacimientos arqueológicos y 32 paleontológicos (con fósiles).

Pese a que muchos de estos usurpadores sólo saben las cuatro reglas, son diestros en el manejo de catálogos y libros de numismática para tasar las piezas. Pese a su origen ilícito, hay falsificadores avezados que crean certificados de la nada. «Hagan lo que hagan, gozan de total impunidad. Disponen de pseudoespecialistas y, lo que es aún peor, de arqueólogos y hasta egiptólogos, porque el dinero es goloso. Al comprador nunca le interesa hacer preguntas. Y quien lo adquiere puede ser cualquiera que pretenda adornar un recibidor doméstico o un museo de prestigio», asegura indignada la egiptóloga Susana Alegre. No es extraño que los objetos se fragmenten deliberadamente para obtener una ganancia más sustanciosa.

España, el tercer país con mayor cantidad de bienes culturales y el segundo por piezas arqueológicas que atesora, no se ha dotado de medidas punitivas capaces de disuadir a los desaprensivos. Y eso pese a que en el subsuelo del solar nacional yacen de manera generosa piezas romanas, fenicias, celtíberas o tartésicas, muchas de ellas aún sin catalogar. Pero el expolio al menudeo no genera alarma social. En Italia cualquier coleccionista debe tener inventariadas las piezas que posee, con una descripción detallada y anotación de su origen. No ocurre lo mismo en España. Pocos anticuarios llevan al día el llamado 'libro de policía', un registro que pueden revisar las fuerzas de seguridad y en el que los comerciantes deben registrar con precisión la fecha y el precio de la pieza, así como el nombre y apellidos del vendedor.

«Cuando se encuentra algo es muy importante comunicarlo a la Administración. Puede que se limite sólo a lo que los arqueólogos llaman un tesorillo, a una bolsa de monedas, pero cabe la posibilidad de que sea la primera muestra de un yacimiento muy importante que es patrimonio de todos. Si no se notifica, el expoliador profesional puede arramblar con él», dice Carlos García Barandiarán, consejero técnico de la Subdirección General de Protección del Patrimonio Histórico, del Ministerio de Cultura. Para García Barandiarán, no es preciso revisar la ley de Protección de Patrimonio Histórico, que data de 1985. «Son las normativas de las comunidades autónomas las que se deben de encargar de desarrollar la ley marco», apunta.

Cuando agentes de la Guardia Civil o la Policía Nacional sorprenden a alguien con un detector de metales metido en faena, no es raro que el sospechoso pretexte que está buscando chatarra de la Guerra Civil o una pulsera extraviada. Para el capitán Vicente Cabo, de la Unidad Técnica de Policía Judicial del Grupo de Delitos contra el Patrimonio de la Guardia Civil, detrás del saqueo hay bandas organizadas que saben muy bien lo que hacen. «Antes de que la pieza sustraída llegue al destinatario final, normalmente pasa por varias manos, es decir, se blanquea, como pasa con el tráfico de drogas. Así, bienes culturales robados aparecen en lugares como mercadillos de antigüedades, ferias o salas de subasta», aduce el capitán.

Repunte con la crisis

Las herramientas y detectores se transportan por empresas de mensajería. De esa manera se evita llamar la atención y ser interceptado en controles de carretera. Durante el tiempo que dura el latrocinio, se guarda el material en el monte y no se recogen las piezas hasta el último día.

La depredación arqueológica y de objetos litúrgicos empezó a decaer a partir de 1998, pero desde que estalló la crisis en 2007 se produjo un repunte. No en balde así se obtienen ingresos suplementarios. En numismática, los precios oscilan muchísimo. Unas pocas monedas se pueden vender por unos pocos euros, dado que las piezas romanas abundan. Pero si se halla una rara avis, la cotización puede subir a ocho mil euros. «Depende de lo que esté dispuesto a pagar el comprador», señala Vicente Cabo.

Tanto la Policía como la Guardia Civil se encuentran siempre con el mismo problema. La mayoría de los jueces optan por el sobreseimiento de los casos. A veces los agentes han tenido incluso que devolver las piezas a los supuestos expoliadores, entre los que hay muchos reincidentes. No es suficiente con encontrar el arma del delito y al culpable. Es preciso demostrar la procedencia y el momento del robo de cada objeto para que prospere la judicialización del caso. «Los jueces no tienen entre sus prioridades la lucha contra el expolio arqueológico», dicen fuentes policiales.

No todos los propietarios de detectores de metales son piratas del patrimonio, pero sí todos los expoliadores poseen un detector. Estos artilugios llegan a discriminar hasta diez tipos de metales y aleaciones distintas, de modo que cuando se dispara la alarma ya se sabe si se trata de una pieza de oro, níquel, cobre o plata. Los más profesionales van equipados incluso con georradares de subsuelo. Hay quienes despachan el asunto por la vía rápida y se dotan de retroexcavadoras para desenterrar objetos, como ha ocurrido en Andalucía.

No es raro tampoco que los saqueadores se desplacen desde Andalucía, donde existe la legislación más estricta, a comunidades con leyes más laxas, como Castilla-La Mancha. «Los delincuentes más especializados son conocedores de los circuitos de compraventa, saben de peristas e intermediarios, que a la postre son los encargados de introducir los objetos en comercios, coleccionistas y particulares. Los más profesionales realizan robos por encargo, aunque no es lo más habitual», apostilla Cabo.

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