«No retrocedería en mi vida ni un par de días»

- ¿Cómo querría vivir en los próximos años?

- Lo esencial, lo que desearía y a ello me voy a aplicar, es vivir con plenitud, y abordar de esa manera la pintura y la escritura.

- ¿Qué logo es tan bueno que el único defecto que tiene es que no es suyo?

- El de la Cruz Roja.

- ¿Alguna vez ha dicho no a un encargo?

- No quiero que parezca pretencioso, pero muchas veces. En un encargo, son tan importantes el cliente y el tema como el diseñador. La complicidad entre todos, la cadena que forman, tiene que estar al mayor nivel en todas sus partes. Si no se va a dar esa complicidad, mejor no aceptarlo.

- ¿En cuál de sus obras, por pequeña y humilde que sea, se siente más representado?

- Una obra es un conjunto. Cuando consigues que una ONG para la que trabajas logre visibilidad, o dar identidad a una comunidad que está en construcción, es un triunfo. Entre 1980 y 1990 se construyeron las grandes estructuras simbólicas de este país y eso tuvo una enorme repercusión. Pero cada escala tiene su interés y yo aprecio cada vez más las cosas pequeñas.

- ¿Qué objeto le habría gustado diseñar?

- La silla de Marcel Breuer, aunque no habría podido hacerla por el tiempo de su creación. Y la aceitera de Marquina, pero no habría sido capaz. Es muy funcional y muy bella.

- ¿Es más bello un iPhone o una estilográfica Mont Blanc?

- Para mí, una estilográfica. Pero ahí soy un testigo de parte. Y todavía más bello un lápiz.

- ¿Tiene algún sentido la nostalgia?

- Ninguno. Nunca la he sentido. Puedes tener momentos de melancolía, como cuando desaparecen algunos amigos. Pero no retrocedería en mi vida ni un par de días. Me siento en plenitud.

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