El negocio de renunciar al dinero en efectivo

A golpe de muñeca. Una pulsera con los datos bancarios del asistente es el único medio de pago :: i. pérez

Los festivales de música parecen tener cierta alergia al dinero en efectivo. Primero fueron los 'tokens', unas fichas que había que comprar en determinados puntos del recinto y canjeables por consumiciones. El sistema evitaba que la legión de camareros que atienden las barras manipularan el dinero, pero suponía una incomodidad para los asistentes, que tenían que hacer varias colas antes de dar el primer trago de cerveza. Además, siempre cabía la posibilidad de que a uno le quedara un remanente de fichas sin gastar, que la mayoría de festivales se negaban a canjear por dinero, quedándose con una jugosa 'propina'.

Los rudimentarios 'tokens', han dado paso en los últimos años a las pulseras sin contacto, que funcionan con una tarjeta adherida al brazalete de acceso, en la que se almacenan los datos bancarios del usuario. Con sólo un golpe de muñeca se puede comprar un trago, una hamburguesa o una camiseta dentro del recinto. El FIB o el Bilbao BBK Live ya no aceptan otro método de pago. Sin embargo Primavera Sound o MadCool han vuelto al efectivo después de probarla.

El sistema inalámbrico agiliza el consumo, lo que se traduce en un aumento del 30% en la facturación para los festivales que lo han incorporado. De paso permite a la organización controlar el aforo u obtener una estadística fiel de cuánto y en qué gasta cada cliente. También es posible recuperar el dinero no gastado, pero durante un tiempo limitado y no siempre íntegro. En la pasada edición del BBK Live, el importe mínimo para solicitar la devolución del dinero era de 2 euros, por lo que todo aquel que hubiera acumulado una cantidad inferior al término del festival la perdió en concepto de gastos de gestión. Una ronda para el promotor por cuenta del público que las redes no tardaron en censurar.

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