Zegna tira al monte

Integración vertical. La compañía completa todo el proceso, desde la selección de las materias primas en origen, hasta la producción de los tejidos, la confección de prendas  y su presentación en  las tiendas. :: r. c./
Integración vertical. La compañía completa todo el proceso, desde la selección de las materias primas en origen, hasta la producción de los tejidos, la confección de prendas y su presentación en las tiendas. :: r. c.

La legendaria casa italiana refuerza su compromiso ético para asegurarse el mejor mohair del mundo, la fibra procedente de la lana de la cabra de Angora. El lujo se desvive por este tejido

LUIS GÓMEZ

Ermenegildo Zegna simboliza la típica familia italiana orgullosa de su éxito y tradición. Hasta aquí, todo normal. No lo es tanto ya hablar de una prestigiosa y respetada estirpe que lleva a gala la defensa de una moda sostenible y artesana en un negocio cada vez más global y tecnológico. Los Zegna encajan de forma extraña en una industria que se las gasta de moderna. Con más de un siglo de historia a sus espaldas, el clan de Trivero se ha ganado un lugar estelar gracias al cálido y mullido viaje que Ermenegildo, el hijo de un humilde maestro, emprendió hace más de un siglo a Australia en busca de las mejores telas.

Apuntó alto con la fabricación, en 1910, «del mejor tejido del mundo». Van ya por la cuarta generación y nadie le ha arrebatado este título honorífico a una compañía estructurada bajo una integración vertical. Completan todo el proceso: desde la selección de las materias primas en origen hasta la producción de tejidos, la confección de prendas y, por supuesto, su presentación en las tiendas. Una hilandería que todavía lleva su nombre -Lanificio Zegna- supuso el embrión de un emporio que vive el mejor momento de su historia por el resurgimiento de la sastrería a medida -sólo al alcance de bolsillos desahogados- y gracias a la amplitud de miras mostrada en su día por una saga que presume de pueblerina.

Hay una norma que cumplen a rajatabla: sus animales viven a cuerpo de rey. No hay en el mundo empresarios que den tanto cariño a las ovejas de raza merina de Australia, a las cabras de Sudáfrica, con las que obtienen el mohair más codiciado, y a las vicuñas de Perú. Por supuesto, tampoco pueden quejarse las cabras de Mongolia, con cuya lana confeccionan sus famosos jerséis de cashemere.

Lana, mohair, seda... La familia ha transformado Oasi Zegna, una reserva natural protegida de 10.000 hectáreas en los Alpes de Biella, en el Piamonte, en un inmenso taller. Hasta allí llega la lana de sus ovejas y cabras. Antes de que los ecologistas pusieran el grito en el cielo y denunciaran las condiciones que sufren, en su opinión, los animales de granjas cuyas pieles abrigan a millones de ciudadanos, la firma italiana se aseguró de que los dueños de las 50.000 explotaciones que tienen bajo su control esquilaran a cabras y ovejas con procesos «totalmente indoloros».

Trajes desde 2.500 euros

Los Zegna, que ejercieron de exploradores en los años veinte del siglo pasado al rastrear por primera vez pastos y montes de Australia, recuerdan a esos cocineros que, gracias a una extraordinaria red de distribuidores, llevan a sus mesas los mejores productos de la tierra y el mar. Si los italianos llegaron antes que nadie a lugares vírgenes y todavía siguen disfrutando de las materias primas más exquisitas es por la lealtad que han profesado siempre a ganaderos y agricultores. Su compromiso ético les ha servido para estrechar lazos inquebrantables y renovar la confianza en un sistema de producción «respetuoso» que ha alcanzado su máxima expresión con el mohair de Sudáfrica. «Fomentar una relación positiva y justa con las comunidades y regiones era esencial para el éxito y la mejora constante de las fibras», sostiene el presidente, Paolo Zegna.

Con trajes que rara vez bajan de los 2.500 euros, esta delgadísima fibra es puro caviar. Un diamante en bruto que ha puesto en pie de guerra a una industria que se desvive por la lana de la cabra de Angora. Estos ejemplares suelen ser esquilados dos veces al año. La primera, a los seis meses de nacer. De momento, los dueños de Ermenegildo Zegna pueden dormir tranquilos. Tienen garantizado el abastecimiento de una fibra única por su excelente brillo, suavidad, durabilidad, finura, elasticidad, adaptación, resistencia a la suciedad, fuerza y confort. Los expertos sostienen que el mohair es en estos momentos uno de los productos más sobresalientes, «si no el mejor», para la creación de tejidos exclusivos por su «agradable» tacto y su relativa baja inflamabilidad y «escasa formación de bolas. Responde, además, de forma magnífica a los tintes, conservando incluso los colores más brillantes pasado el tiempo», esgrime el principal ejecutivo.

Si la compañía, que destina el grueso de sus exportaciones al mercado chino, presume de funcionar «en clave familiar», los ganaderos sudafricanos, que garantizan el 70% de la producción mundial del mejor mohair, se sienten en las mejores manos. Casi doscientos años después de su descubrimiento, este tejido representa uno de los pilares del sector agrícola del país. No ven, por tanto, razones para el cambio. «Solo una cadena de producción sostenible entre animales y humanos -explican- contribuye a la prosperidad a largo plazo de nuestras regiones».

Zegna, que cerró el pasado ejercicio con más de 6.500 empleados y 1.156 millones de beneficios, se enorgullece de seguir controlando todo el proceso. Antes de llegar a los clientes y por espacio de tres meses, lavan, escarmenan, hilan, blanquean y devanan en el Piamonte una lana que les ha hecho más fuertes que nunca. Por eso Zegna sigue tirando al monte en busca de 'sus' ovejas y cabras.

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