«No sientan lástima por mí»

Vanessa T. enfermó a los 25 años y murió a los 33. «El cáncer de mama es parte de mi vida, pero no me define. Nunca será todo lo que soy o todo lo que hago. Perdí todo el pelo y parecía 'E.T.' Me electrocutaron tanto que mi piel se quemó y sangró. Creo que a veces soy tan buena actuando que algunas personas no se dan cuenta del alcance de todo lo que atraviesan los supervivientes», decía.

Pese a todo lo que sufrió, Vanessa T. nunca deseó ser el «centro de atención» o ser vista como alguien «especial o valiente. Mis cicatrices y palabras son la mitad de la historia. No muestran la lucha emocional y privada que están presentes constantemente. No necesito que nadie sienta lástima por mí. El cáncer de mama me ha forzado a salir de mi zona de confort y a desafiarme a mí misma, lo quisiera o no. En la vida hay un equilibrio precioso de felicidad y tristeza, de bendiciones y desgracias, de aceptación y rechazo. Estas dualidades definen la vida», aparece, a modo de testamento, en las memorias de su marido, Billy.

La fotografía de Vanessa T. que ilustra este reportaje fue tomada cuatro meses antes de que el cáncer derivase en una metástasis. «La fiera, esperanzada y amorosa Vanessa en esta imagen ahora está muerta», lamenta Billy.

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