África 'chic'

'Nuit de Noël'. Es su imagen icónica. 'Time' la eligió entre las cien más influyentes de todos los tiempos.
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'Nuit de Noël'. Es su imagen icónica. 'Time' la eligió entre las cien más influyentes de todos los tiempos.

Sidibé retrató el Malí postcolonial y libre de los años 60 y 70, pero sus imágenes representan la escena más 'cool' de la moda, con profusión de pantalones de campana y camisas psicodélicas. Un desfile de elegancia en blanco y negro

LUIS GÓMEZ

H ay fotógrafos que andan con el rabillo del ojo pendiente a todas horas de la moda y otros que hacen historia sin pretenderlo. Es lo que le sucedió a Malick Sidibé (Soloba, 1935-2016). Todos le llamaban 'El ojo de Bamako'. Lo último que podía imaginarse este cronista de la libertad es que su material terminaría convirtiéndose en epítome del estilo de los años 60 y 70 de una África divertida y vitalista. Y provista de una clase impresionante. Año y medio después de su muerte, la Fundación Cartier de París dedica la retrospectiva 'Mali Twist' a una de las voces más relevantes de la fotografía africana. A un genio que mostró el lado más elegante, desenfadado y noctámbulo de un continente que siempre ha proyectado a Occidente su perfil más sombrío, triste y desgraciado.

Nada que ver con el trabajo de este reputado retratista y habitual de los clubes nocturnos. Sus imágenes, con personas de la calle bailando y siempre provistos de una sonrisa, transmiten autenticidad. Al poco de que Malí se independizara de Francia (1960), Malick comenzó a desdoblar el encanto de camisas psicodélicas plagadas de motivos geométricos y pantalones de campana. Sus protagonistas radiaban felicidad ante la cámara con plataformas de vértigo, sombreros espectaculares y diseños por los que definitivamente no pasa el tiempo.

Todo el mundo quería posar para un talentoso artista que se sentía cómodo profesionalmente con el pueblo. Nada de poses impostadas. Algunos jóvenes mantenían el equilibrio a duras penas en posturas acrobáticas mientras bailaban frenéticamente sin llegar a reventar las costuras de unas prendas ultraceñidas. Los chicos gozaron de la cultura yeyé con elegantes pantalones de talle alto, mientras muchachas con estética chandalera -pero 'cool' hasta más no poder- y vestidos estampados disfrutaban escuchando vinilos de James Brown. Sin una gota de color, con la sinceridad del blanco y negro, Sidibé desnudaba a sus protagonistas y hasta les invitaba a jugar y tirarse piedras a la orilla del mar, aunque la sangre obviamente nunca llegaba al río (o a la playa). Con ropas de baño muy pegadas, fotografiaba a ellas en bikini y a ellos con trajes de baño que realzaban sus piernas y bíceps.

Malick Sidibé «En los setenta los europeos pensaban que vivíamos desnudos en los árboles»

La playa fue una de sus obsesiones, como símbolo de la libertad sexual. Esculpía esculturales figuras que derrochaban sensualidad sobre pieles tan negras. Nada que ver con el Malí actual, sometido a la presión de grupos terroristas y yihadistas que han anulado su intensa vida cultural y han eliminado de la iconografía popular las fiestas, los cuerpos femeninos al descubierto... Sin pretenderlo, Sidibé alumbró el 'afro chic'. Un estilo vanguardista que haría palidecer a muchos modistos actuales. «Hay siempre algo de mí en las imágenes. Es como un juego en el que ni yo ni el cliente tenemos el control. Es el genio, el espíritu, quien toma la fotografía», subrayaba. «Pero una fotografía no es algo para uno mismo, sino para los demás», remarcaba con humildad.

Coincidiendo con el despertar de su letargo colonial, Bamako, la capital maliense, se convirtió en una ciudad libre. Malick se lanzó a la captura de estampas de euforia y juventud. «No me gustaba la tristeza en las imágenes», reflexionaba. Pese al tiempo transcurrido, sus retratos evocan modernidad y mantienen una vigencia sin precedentes. Son instantáneas del pasado que se adelantaron al futuro porque nunca repararon en el presente. Por eso rejuvenecen en vez de marchitar. Ninguna como la icónica 'Nuit de Noël', realizada en 1963. La revista 'Time' la eligió entre las cien fotografías más influyentes de todos los tiempos. Revela momentos felices, despreocupados y cargados de amor. Se disfrutaba porque es lo que tocaba, venía a decir Malick. Y tocaba, por lo que se ve, a casi todas horas. «La música nos hacía libres. De repente, un chico joven podía acercarse a una chica y cogerla con sus manos. Todos querían ser fotografiados bailando cerca el uno del otro», recordaba una estrella que nunca lo tuvo fácil.

Hijo de un humilde pastor, perdió de niño la visión de un ojo y hasta los ocho años caminó descalzo cuidando bueyes. Pese a la adversidad, siempre supo dónde mirar. Todo era entusiasmo en el universo de Malick, con chicas en minifaldas moviendo las caderas al ritmo de una coctelera que agitaba pop, soul y rock'n'roll. Sin ninguna pizca de individualidad, Malick, al que le gustaba apurar la noche hasta el límite y vivir la vida, compartió el espíritu eufórico de emancipación e identidad de los jóvenes urbanos. «Comunicaba su alegría, daba su vida. Amaba a los jóvenes y los jóvenes le amaban a él. Toda su obra brota de ahí, de ese amor», razona André Magnin, uno de los comisarios de la muestra. Sidibé disfrutaba de la compañía de los demás. «Empatizaba con los extraños que encontraba aquí y allá y quedaba fascinado por sus rostros, su riqueza y diversidad».

Al caer la tarde, cogía su bicicleta y con la 'Rolleiflex' al hombro entraba en los garitos para ofrecer una realidad de una Malí alejada de los tópicos y, sobre todo, remarcar la desinhibida indumentaria de aquellos tiempos. «En los setenta, los europeos creían que vivíamos desnudos en los árboles. Pero, al contrario, estábamos a la moda, como los occidentales», repetía. También incidía en que la «verdadera revolución» de Malí nunca fue política, sino que la trajo la música occidental. «Todo el mundo quería bailar y estar guapo», repetía un Malick que jamás tuvo prisa.

Aguantaba paciente hasta capturar gestos fugaces e irrepetibles. Sin ser modelos profesionales, sus protagonistas lo parecían. La actitud podía llegar a vestir tanto como unas estrambóticas gafas de sol o unas camisas profusamente desabrochadas. Ante la cámara todos eran jóvenes, atractivos y delgados. Malick, que recibió el World Press Photo en 2010, tenía la virtud de hacer sentir cómodos a sus fotografiados.

Lo mismo le daba encontrárselos en la calle que recibirles en su austero estudio, que llamaba la atención por el colorido de las telas que utilizaba como fondo. Convirtió sus imágenes en un elegante desfile en blanco y negro. Pese a su prestigio, siempre se quitó importancia y nunca abandonó su lugar de trabajo, emplazado en una destartalada calle de un modesto barrio del distrito de Bagadadji. «El hombre intentó imitar a Dios a través del dibujo, pero la fotografía es la mejor forma de perpetuar nuestra imagen. Invertí mi alma y todo mi corazón en ella para embellecer al sujeto». Así lanzó al mundo la Africa 'chic'.

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