Misiles de largo alcance

Imagen aérea del 23 de octubre de 1962 en la que se ve una de las bases cubanas con misiles de medio alcance. Abajo, el carguero soviético 'Anosov'.:: afp
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Imagen aérea del 23 de octubre de 1962 en la que se ve una de las bases cubanas con misiles de medio alcance. Abajo, el carguero soviético 'Anosov'.:: afp

El mundo contuvo el aliento durante dos semanas de octubre hace 55 años. El historiador cubano Tomás Diez Acosta revive aquella crisis atómica, que hoy se reedita en Corea del Norte

MILAGROS LÓPEZ DE GUEREÑO

Dios creó el mundo en seis días y la tensión política estuvo cerca de acabar con él en las dos semanas más inciertas vividas durante la Guerra Fría. Hace 55 años, del 14 al 28 de octubre de 1962, la Humanidad se encontró al borde de la guerra nuclear, a un paso del abismo. Fue una peligrosa partida a tres bandas entre John F. Kennedy, Nikita Kruschov y Fidel Castro en quince jornadas que pusieron a prueba la capacidad estratégica y diplomática de los dos bloques que dividieron el mundo tras la Segunda Guerra Mundial. La olla estuvo a punto de reventar cuando el Pentágono descubrió cohetes soviéticos con cabezas nucleares apuntando desde Cuba a su territorio. Por fortuna para el planeta Tierra, el acuerdo firmado por Estados Unidos y la Unión Soviética para desmontar los amenazantes misiles bajó la temperatura muchos grados desde el punto de ebullición. Ese pacto se selló en el último momento y a espaldas del líder cubano. Cinco decenios y medio después la historia se repite, trasladada a Corea del Norte, donde el régimen de Kim Jong-un amenaza con «hundir» Japón y reducir Estados Unidos a «cenizas y oscuridad». Al tiempo, Cuba sigue tan bloqueada como entonces. Donald Trump no ha roto aún los frágiles lazos diplomáticos entre Washington y La Habana, pero sí los ha introducido en el congelador.

El investigador y escritor Tomás Diez Acosta, de 71 años, conoce a la perfección los temerosos pasos que dio el mundo por un inestable alambre aquel mes de octubre. Se los sabe de memoria no solo por su condición de profesor, licenciado en Ciencias Políticas y doctor en Historia, sino también porque fue miembro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) cubanas, de las que se retiró en 1998 con el grado de teniente coronel.

«La URSS estaba rodeada de bases militares de Estados Unidos que, con el apoyo de la OTAN, tenía en Turquía cohetes 'Júpiter'» apuntando a Moscú, recuerda en el inicio de un largo encuentro con este periódico. «La Casa Blanca continuó su guerra secreta contra Cuba». Kennedy aprobó el bloqueo que entró en vigor el 3 de febrero de 1962 para aislar política y económicamente a la isla, desestabilizarla mediante atentados y sabotajes -«más de 7.000, entre ellos 716 contra importantes objetivos económicos del país»-, acciones subversivas, bandas armadas y planes de contingencia «para que el pueblo se sublevara contra el castrismo y justificara la intervención extranjera».

La URSS retiró los cohetes y EE UU se comprometió a renunciar a la invasión de Cuba

Cuba fue suspendida de la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Gobierno estadounidense realizó ejercicios militares para adiestrar tropas para la invasión. Tras el fracaso en 1961 del intento de tomar la isla por parte de mercenarios anticastristas en Bahía de Cochinos, o Playa Girón, el Kremlin envió «armas, aviones, tanques de la II Guerra Mundial y otros armamentos defensivos, aunque eran de segunda mano», añade Diez Acosta. Según su relato, el entonces líder soviético, Nikita Kruschov, propuso, además, «instalar cohetes de alcance medio con cargas nucleares en la isla que proclamó la revolución socialista de los humildes». Quería que su poderoso enemigo también se sintiera «bajo la mira de los misiles nucleares».

Castro pretendía que la URSS declarara públicamente que una eventual invasión de Cuba sería considerada como un ataque a su propia nación. Pero Kruchov se negó. Exigió que todo se hiciera «en secreto y rápido» y que «el acuerdo militar se comunicara después de que estuvieran instaladas las armas».

Raúl Castro, el hermano de Fidel y actual presidente cubano, viajó en julio a Moscú, donde se preparó la 'operación Anádir', consistente en el envío por parte soviética de cohetes y hombres encargados de su instalación y manejo. «Se previeron 50.000 efectivos, de ellos 10.000 en cinco regimientos para operar 60 cohetes. Finalmente llegaron 42.900 hombres y 12 ojivas nucleares de cohete 'Luna' y 6 para bombardeos de medio alcance. Medían de 20 a 24 metros de largo. ¿Cómo esconder estos artefactos tan grandes en Cuba?», sonríe Diez. Como medida preventiva, explica que debieron instalar baterías antiaéreas para «disuadir a los cazas estadounidenses 'U2' de que volaran y fotografiaran los proyectiles».

«Las tropas comenzaron a llegar en julio y agosto, incrementándose de manera notable el tránsito de barcos», agrega el historiador. Los misiles atómicos estuvieron en Cuba el 9 de septiembre. Su alcance les permitía hacer blanco en Miami, Washington y Nueva York. Los cielos nublados de la temporada de ciclones ayudaron a mantenerlos fuera de la vista hasta el 14 de octubre, pero ese día, ya sin nubes, un avión fotografió las lanzaderas al occidente de la isla. A partir de ese momento, los acontecimientos que Hollywood relató a su manera se precipitaron. Diez Acosta celebra que «la inteligencia americana no captara antes las armas nucleares» y de que su apreciación del contingente de soldados fuera «cuatro veces menor al real».

La posición de Cuba fue argumentar que, como país soberano, tenía derecho a disponer de sus propias armas de defensa. «En aquel momento -comenta Acosta- se hicieron muy famosos y se habló mucho de los 'etcéteras' de Fidel, porque les decía a los americanos: 'no se equivoquen, no se lancen a por nosotros porque tenemos armas, tanques, aviones, etcétera, etcétera, etcétera...'».

El 16 de octubre se informa a Kennedy del descubrimiento realizado 48 horas antes. Sus asesores barajan distintas opciones. La negociación no entraba en los planes de los 'halcones' -sus militares más belicistas-, favorables al 'método quirúrgico' del bombardeo aéreo o la invasión. «Kennedy, que fue capitán de fragata en la II Guerra Mundial, era más reflexivo» y optó por escalonar el bloqueo naval y escuchar a las 'palomas' de su gabinete, los consejeros más racionales, entre ellos el secretario de Defensa Robert MacNamara, que años más tarde sería presidente del Banco Mundial.

El día 22 el mundo conoció la crisis de boca del propio Kennedy, que anunció la aplicación del bloqueo marítimo. La respuesta cubana consistió en movilizar y armar a cerca de 500.000 milicianos, casi el 8,5% de los 6 millones de habitantes que entonces poblaban el país caribeño. «No queríamos la guerra nuclear, no era negocio para nadie. Queríamos defender nuestra soberanía», afirma Diez Acosta. Pero la escalada había entrado en un momento delicado, tanto que la flota estadounidense tomó posiciones en el Atlántico y el mar Caribe. Cuatro días más tarde, Castro anunció que a partir del 27 su Ejército emplearía la artillería antiaérea contra los aviones 'U2' que invadieran el espacio aéreo cubano. La tensión no podía ser mayor.

En esas jornadas fueron frenéticas las correspondencias y conversaciones entre Kennedy y Kruschov. El primero resistió la presión de sus militares favorables al ataque. El segundo garantizó por carta pública «la verificación in situ» de la retirada de «las armas ofensivas» que apuntaban a Estados Unidos siempre que este renunciara a invadir Cuba, así como a incitar y apoyar cualquier otra accción contra el Gobierno de La Habana. Moscú también exigió la retirada de los misiles estadounidenses que le apuntaban desde la frontera turca. El pacto bilateral se cerró en la madrugada del domingo 28 de octubre. Fue una prueba de coraje para ambos líderes, que lograron despegar el dedo del botón nuclear y evitar un holocausto atómico.

«Fidel y Cuba se molestaron porque no se contó con nosotros», rememora Tomás Diez Acosta. «La gente en la calle coreaba 'Nikita, Nikita, mariquita, lo que se da no se quita'. Se perdió una oportunidad histórica y 55 años después seguimos igual porque Moscú no abrió el espacio para que participáramos en las negociaciones», lamenta. De los cinco puntos solicitados por Castro durante la crisis -cese del bloqueo, devolución de la base de Guantánamo, cese de actividades subversivas y de propaganda, fin de ataques piratas y cese de los sabotajes- «siguen vigentes los tres primeros», detalla.

Con todo, Diez afirma que «nos sentimos agradecidos a la URSS. Ganamos porque desde entonces todo el armamento nos llegó de forma gratuita. Fue el precio que tuvieron que pagar», lanza socarrón. La caída del bloque socialista cambió los términos. En los últimos años la relación con Rusia se ha estrechado, pero ahora Cuba tiene que pasar por caja.

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