«El libro está vapuleado y no puede competir»

Si hay un sector donde se pusieron a prueba los efectos demoledores de la venta electrónica es en el mundo del libro. Jeff Bezzos, dueño de Amazon, lo utilizó como 'conejillo de indias' consciente de que era menos un negocio que una vocación. Se aprovechó de una ley de Estados Unidos que evitaba que los minoristas pagaran impuestos en los estados donde no tuvieran presencia física. Nacía así el primer ensayo para burlar las fronteras arancelarias.

Era 1992 y detrás fueron llegando nuevos avances como los 'libros electrónicos', las descargas o los lectores de textos. «En este sector está todo superado. No tiene freno esa competencia porque nosotros, cada libro físico que pedimos tiene un coste. Por ahí estamos vapuleados. Simplemente no puedes competir», explica la propietaria de las cuatro librerías París-Valencia en la capital levantina, Ana Sofía Olivert.

Pero no hay pesimismo en su diagnóstico. Su negocio, especializado en el libro antiguo y de ocasión, lleva treinta años siendo una referencia para amantes de tocar y disfrutar con el roce físico de la cultura plasmada en un lienzo de papel. «No tenemos más solución que subsanar todas esas carencias en atención, consejo y trato con el cliente». Eso y buenas ofertas de textos descatalogados o buscados a petición. Frente a la oferta de celeridad de las redes, ellos apuestan por el clásico adagio del librero de viejo, donde la paciencia y la perseverancia suelen ser una virtud.

Sólo así se mantiene una actividad donde, como bien supo ver Bezzos hace un cuarto de siglo, «apenas se gana dinero». Pero la librera Olivert insiste en que «es lo que nos gusta, lo que sabemos hacer, y no lo abandonaremos hasta que no quede más remedio». Aunque las redes sociales también son parte de su atención a los clientes, insisten en la lucha por el trato personal. Hasta el punto de que Amazon intentó que entraran en su red de comercio electrónico. «Desistimos porque no es nuestro modelo», rechazó el trato Ana Sofía Olivert.

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