«Hola, soy tu hijo»

Técnicos de una clínica de reproducción asistida supervisan el desarrollo de un tratamiento. :: efe/
Técnicos de una clínica de reproducción asistida supervisan el desarrollo de un tratamiento. :: efe

Los donantes de semen y óvulos dejarán de ser anónimos en Portugal. Las clínicas de reproducción asistida prevén una 'estampida' a España ante el temor de los padres biológicos a que se desvele su identidad

JAVIER GUILLENEA

Entre las incontables preguntas que nos hacemos los seres humanos hay tres que han dado pie para muchas páginas de libro e incluso para un bolero. A menudo nos planteamos de dónde venimos, quiénes somos y a dónde vamos. Son cuestiones de difícil respuesta, pero unos lo tienen más complicado que otros a la hora de encontrarla, sobre todo si deben su existencia a un desconocido donante de semen u óvulo.

En Reino Unido este problema se solucionó en 2005 con una reforma legislativa que eliminaba el anonimato de los donantes de gametos (semen y óvulos). A partir de ese momento, los hijos concebidos por este sistema pudieron indagar, una vez cumplidos los 18 años, la identidad de su padre biológico. Diez años después, en el banco nacional de esperma de Reino Unido solo había nueve hombres registrados como donantes de semen.

Para un país que ha decidido optar por el aislacionismo y salirse de la Unión Europea, el resultado de aquel cambio legal es cuando menos curioso. La escasez de voluntarios autóctonos ha llevado a las parejas inglesas a buscar donantes en otros lugares, lo que está poblando la isla de bebés rubios de aspecto nórdico o con oscuros ojos de inconfundible origen hispano.

Gorka Barrenetxea UPV/EHU «La mayor parte de los especialistas estamos a favor del anonimato» Antonio Requena IVI «Los donantes son altruistas, no quieren que un niño vaya a buscarlos»

«Ha habido un flujo importante de pacientes de Reino Unido a España en busca del anonimato», explica Antonio Requena, director médico del Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI). Es el mismo trayecto que puede producirse desde Portugal, donde el Tribunal Constitucional se ha posicionado a favor de que los niños que nazcan gracias a una donación de gametos puedan conocer en el futuro la identidad del donante. Según el tribunal, que ha echado para atrás varios artículos de la Ley de Gestación Subrogada, el anonimato supone «una restricción innecesaria de los derechos a la identidad personal y el desarrollo de las personas nacidas a través de los procesos de reproducción asistida».

Demasiadas dudas

La decisión no parece ser retroactiva y aún no está claro su alcance porque tras el dictamen del Constitucional será necesario modificar la ley y nadie sabe cómo quedará. Hasta que las dudas se evaporen, el Consejo Nacional de Procreación Médicamente Asistida (CNPMA), la autoridad que regula la reproducción asistida en Portugal, ha suspendido todo proceso que utilice gametos de donantes anónimos y ha recomendado a los centros de fertilidad que pregunten a los voluntarios si están dispuestos a permitir el uso de su material genético con nombre y apellidos.

El fin del anonimato en Portugal beneficiará a las clínicas españolas de reproducción asistida. En nuestro país, la Ley de Reproducción Asistida establece que «la donación será anónima y deberá garantizarse la confidencialidad de los datos de identidad de los donantes». El texto sostiene que «los hijos nacidos tienen derecho por sí o por sus representantes legales a obtener información general de los donantes que no incluya su identidad». Hasta ahí, el anonimato está garantizado, pero hay dos excepciones.

«Solo excepcionalmente, en circunstancias extraordinarias que comporten un peligro cierto para la vida o la salud del hijo o cuando proceda con arreglo a las leyes procesales penales, podrá revelarse la identidad de los donantes, siempre que dicha revelación sea indispensable para evitar el peligro o para conseguir el fin legal propuesto», señala la ley. Esta revelación, añade, «tendrá carácter restringido y no implicará en ningún caso publicidad de la identidad de los donantes».

Un ejemplo de estas excepciones sería el de «un niño que necesita un trasplante de médula y tiene que contactar con su padre biológico para encontrar a alguien compatible», expone Fernando Abellán, asesor jurídico de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF). Este conocimiento, recalca, «no cambiaría la filiación legal en ningún caso».

El debate abierto en Portugal no ha llegado a España, al menos explícitamente, pero sí que existen dos bandos que buscan argumentos a favor o en contra del anonimato. Es una cuestión de equilibrio. Lo que está en juego son tres derechos: el del donante a desaparecer para siempre, el de los padres a que este deseo se haga realidad y el de los hijos a conocer sus orígenes, a saber de dónde vienen. Y también está en juego la vieja pregunta de quiénes son los verdaderos padres, los que han educado al niño o los portadores de sus genes.

Sin sobresaltos

«El que quiere ser donante no busca comprometerse y la mayor parte de las parejas no quieren conocerlo», afirma Gorka Barrenetxea, vicepresidente de la SEF y profesor de Ginecología y Obstetricia de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU). «La mayor parte de los especialistas estamos a favor del anonimato», asegura.

«Hay quien piensa que desde un punto de vista psicológico sería bueno para el hijo conocer al donante, pero en general la opinión dominante es la contraria», coincide Antonio Requena. «Es cierto que en el caso de la adopción suele ocurrir que los hijos tienen el deseo de saber quiénes son sus padres biológicos y en este supuesto podría ocurrir algo parecido, pero no creo que sea lo más conveniente abrir las puertas del todo porque eso significaría abrirlas a conflictos », apostilla Carlos Romeo Casabona, catedrático de Derecho y Genoma Humano de la UPV.

El contrapeso en la balanza es el deseo de vivir una vida sin sobresaltos. «El donante es normalmente un universitario que en un momento dado necesita dinero», dice Abellán. Lo que de ninguna manera quiere es que en un futuro más o menos lejano, cuando ya ha formado una familia, un adolescente desconocido llame a su puerta para decir que es su hijo. «Los donantes están haciendo algo altruista, como quien dona sangre, no quieren que un niño vaya a buscarlos», dice Antonio Requena. En cuanto a los padres, añade, lo que menos desean es que «alguien llame a su puerta diciendo que es el donante». En el fondo es temor a lo desconocido. «Puede haber miedo a posibles chantajes», explica Romeo Casabona.

Los derechos del hijo

Entre el conocimiento y la ignorancia parece ser que existe un termino medio. «Es una cuestión de equilibrio, el hijo podría tener derecho a conocer sus orígenes pero no la identidad del padre biológico», señala Romeo Casabona. «Con el paso del tiempo -plantea- quizás se podría establecer que el anonimato sea voluntario para el donante». «Yo plantearía que dependa de los deseos de quien dona y quien recibe», afirma Antonio Requena, que vuelve a recordar que «se perderían muchos donantes» si se pudiera conocer su identidad.

En esta búsqueda de equilibrios la peor parte se la lleva el derecho del hijo a conocer sus orígenes. «Es el que está más puesto en cuestión en España, pero hay que analizar cada situación concreta», subraya Fernando Abellán. «Hay que tener en cuenta que ese niño ha podido nacer porque en su país había una ley que lo permitía, de lo contrario no habría existido. Además, si todos los niños tuvieran derecho a conocer su origen biológico no habría que hacer excepciones y ese derecho también se tendría que aplicar, por ejemplo, a los hijos ilegítimos de relaciones extramatrimoniales, con lo que el perjuicio sería mayor que la ventaja»». En resumen, concluye, «no es tan claro que sea un valor absoluto».

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