GENTEFestival de mentiras

Fiasco. El Fyre Fest de William McFarland, en el centro, retuvo durante horas a los asistentes en un aeropuerto sin ventilación, les alojó en tiendas para refugiados y les sirvió un catering anunciado como de postín y que resultó ser un sandwich. De conciertos, mejor ni hablar. /  R. C.
Fiasco. El Fyre Fest de William McFarland, en el centro, retuvo durante horas a los asistentes en un aeropuerto sin ventilación, les alojó en tiendas para refugiados y les sirvió un catering anunciado como de postín y que resultó ser un sandwich. De conciertos, mejor ni hablar. / R. C.

El promotor de un evento musical «de lujo» en Bahamas que resultó un desastre acaba ante los tribunales acusado de estafa. Le piden 20 años

MIKEL FONSECA

Una isla paradisiaca, catering de lujo, instalaciones dignas de un resort de cinco estrellas, un cartel con las mejores bandas del momento... El Fyre Fest, celebrado en Exuma (Bahamas) a finales del pasado mes de abril, aparentaba fortaleza para poder convertirse, tal y como presumían sus organizadores, en un festival «que cambia la vida». Y para algunos lo fue, pero para mal. Su inspirador fue detenido el pasado viernes y ahora se enfrenta una cadena de demandas que pueden costarle hasta 20 años de cárcel.

A principios de este año, el empresario William McFarland y el rapero Ja Rule, su socio, se sacaron de la manga un evento que prometía ser el Woodstock de los 'millenials'. El anuncio, que aún se puede ver en YouTube, vendía dos fines de semana de ensueño. Las entradas costaban entre 500 y 12.000 dólares -50.000 el paquete 'todo incluido'- y los conciertos eran de primer nivel, con Blink-182, Disclosure, Major Lazer entre las primeras bandas confirmadas. En el spot se ven playas desiertas, gente guapa, yates enormes y fiestas multitudinarias. La promoción que hicieron en las redes sociales ciertos 'influencers', entre ellos la modelo Kendall Jenner, contribuyó a aumentar la expectación. El lugar elegido, una isla privada en las Bahamas que perteneció al narco colombiano Pablo Escobar, según la organización, redondeaba la apuesta.

La cosa empezó a torcerse en abril. 'The Wall Street Journal' comenzó a advertir irregularidades en los pagos por parte de los organizadores y no tardaron en llegar las primeras cancelaciones musicales, pero el festival siguió en pie. El jueves 27 de abril, un día antes del inicio oficial del evento, comenzaron a llegar los primeros fiesteros al edén prometido. Y lo que se encontraron fue más bien la tierra de Nod. «Tenía que haber sospechado que algo iba mal cuando, según llegamos, lo único que nos ofrecieron fue tequila y vino», relata Gunnar Wilmot en 'Rolling Stone'. «Creo que nos querían borrachos para que no nos diésemos cuenta de lo que pasaba. Una pesadilla», sentencia.

Charanga de pueblo

Aquella «experiencia transformadora» era, en realidad, un recinto chabacano abandonado a medio construir. El aeropuerto, un hervidero incapaz de controlar a los asistentes, a los que se retuvo encerrados durante horas sin ventilación. El «festival inmersivo de música», un escenario más propio de las charangas de pueblo. Las coquetas cabañas anunciadas parecían tiendas de refugiados, y solo algunas de ellas tenían camas en su interior. Muchas estaban empaquetadas y todavía sin montar. La «comida preparada por los chefs de las celebridades» fue poco más que un sandwich de queso con lechuga. Los baños y la cañerías brillaban por su ausencia, al igual que la organización.

Un vídeo compartido por uno de los asistentes, en el que se aprecia cómo descargan el equipaje de un container lanzando las maletas indiscriminadamente en la playa, despeja cualquier duda sobre el cariz del festival. De la seguridad, mejor ni hablar. Además de ser «escasísima», algunos asistentes denunciaron robos por parte de los propios agentes. El festival terminó oficialmente la noche de ese mismo jueves, cuando Blink-128 canceló su concierto.

El rapero Ja Rule, que declara no estar siendo investigado de momento, aseguró sentirse «descorazonado». El promotor, William McFarland, achacó el fiasco a un «fallo en los plazos». «Tomé un gran riesgo y fallé», se disculpó en un escrito publicado en 'Rolling Stone'. Pero no es la primera vez que tropieza en algo con pinta fea. En 2014, creó 'Magnises', un club exclusivo para 'millenials' con invitaciones y descuentos para fiestas que algunos usuarios también denunciaron por estafa.

Para organizar el Fyre Fest, McFarland recaudó 1,2 millones de dólares entre inversores a los que convenció de que era un negocio seguro; que le acreditaban los «millones» que obtuvo con la música en 2016, cuando en realidad apenas facturó unos 60.000 dólares con un total de sesenta eventos. Ahora se enfrenta en los tribunales a una cadena de denuncias que pueden costarle hasta 20 años de cárcel. Lo que no le ha impedido programar para 2018 la segunda edición del festival.

dólares costaba la entrada más barata, aunque podían dispararse hasta los 12.000. El paquete 'todo incluido' salía por 50.000. Se ofrecía una isla paradisiaca, catering preparado por chefs de celebridades, alojamientos de ensueño y conciertos de primer nivel. Todo resultó un fiasco

1,2

millones de dólares es la cantidad recaudada por el promotor William McFarland entre los inversores a los que convenció para organizar el Fyre Fest.

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