Furia de titanes

EEUU y Japón dirimen su liderazgo tecnológico en un duelo de robots gigantes. Se impusieron los americanos en el tercer asalto

ANTONIO PANIAGUA

Habiendo máquinas que se zurran solas, ¿qué necesidad hay de sufrir un gancho directo al hígado? A los aficionados al boxeo les puede parecer una aberración, pero en el siglo XXI la robótica manda. Dos ingenios mecánicos, uno japonés y el otro estadounidense, los dos pilotados por personas, se han dado de leches y el ganador ha sido el autómata americano. En este duelo de chatarra contra chatarra, las máquinas se buscaron por las cuatro esquinas, no de un ring, sino de una nave industrial. El ruidoso combate se dirimió en tres asaltos. Nadie les jaleó porque no había público. Los espectadores vieron en sus pantallas el enfrentamiento, que se emitió en diferido, gracias a la plataforma televisiva Twich. El espectáculo, francamente soso, se grabó en septiembre y se pudo ver el martes. Aunque poco emocionante, el vídeo de la lucha funciona como un tiro en YouTube.

La batalla se celebró en Japón, en una industria abandonada y sembrada de barriles y montañas de coches estratégicamente situados para que los artefactos se desfogaran e hicieran puños. Los héroes de la jornada fueron varios. En representación de los americanos peleaban dos monstruos de acero, 'Mark.II' y 'Mark.III', alias 'Eagle Prime', creados por la empresa yanqui Megabots Inc. Por parte japonesa se batió 'Kuratas', un ingenio creado por la firma nipona Suidobashi.

Los robots son buenos mozos, dignos representantes de los pesos pesados. 'Eagle Prime' marca en la báscula 12 toneladas de peso. Toda una bestia de casi seis metros de altura y 430 caballos de potencia. El japonés, más ligero, lucía un corpachón de tres metros de altura y cuatro toneladas. A simple vista la pelea se presentaba desequilibrada y con ventaja para los americanos. No obstante, los japoneses pueden alardear de que su robot se puede manejar por control remoto mediante un simple teléfono móvil. Sin embargo, por respeto al honor samurái, los nipones sentaron en la cabina de mandos a un mandamás tecnológico. Kogoro Kurata, fundador de Suidobashi, tomó el control y, antes de la pelea, le dio tiempo para fanfarronear al más puro estilo de 'Toro salvaje'. «Aunque estoy algo nervioso por conducirlo, mis adversarios deben cuidar su retaguardia y apretarse bien los cinturones», dijo desafiante el piloto.

A Matt Oehrlein, ingeniero electrónico y uno de los creadores de 'Eagle Prime', el envite le supo a poco. Tanto es así que está empeñado en fundar una liga mundial de robots pilotados por humanos. Algo así como una competencia interminable a lo 'Mazinger Z'.

Pesados cacharros

El vídeo del combate, que el viernes ya había cosechado más de dos millones y medio de visualizaciones en todo el mundo, es decepcionante para el aficionado a películas como 'Transformers'. Los robots son toscos y se mueven con la pesadez de un tanque. Nada que ver con el elegante juego de piernas de Mohamed Ali. Un vetusto blindado de la II Guerra Mundial habría hecho papilla a las dos moles de hierro a poco que se lo hubiera propuesto. La película de la contienda, aparte de tediosa, está llena de trampas. Se rodó en varios días y lógicamente se han suprimido del montaje el tiempo invertido en las reparaciones de los cacharros.

El segundo asalto apenas duró 20 segundos. 'Kuratas' embistió contra el rival y lo derribó en un santiamén. Todo hacía suponer que el japonés iba a hacer que 'Eagle Prime' besara la lona. Pero entonces el americano arrojó proyectiles de metal contra la armadura del nipón, amedrentó al contrario con un chorro de pintura y malbarató la carrocería del pobre 'Kuratas'. El orgullo de los americanos está salvado, pero ha costado un pico. Si bien 'Eagle Prime' parece inexpugnable, su talón de Aquiles es su precio: 2,1 millones de euros.

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