La empresa echa humo

Dos trabajadores japoneses apuran un cigarrillo a la puerta     de su empresa. :: ap/
Dos trabajadores japoneses apuran un cigarrillo a la puerta de su empresa. :: ap

Una firma japonesa dará seis días de vacaciones a sus empleados no fumadores para compensar su mayor rendimiento. Las pausas para salir a encender un cigarrillo cuestan a las compañías españolas 4.382 euros al año por trabajador

SUSANA ZAMORA

El chivatazo llegó en enero en forma de nota anónima al buzón de sugerencias de la empresa. Un trabajador, harto de ver cómo sus compañeros perdían el tiempo saliendo a fumar mientras él permanecía en su puesto de trabajo, decidió trasladar su malestar a la dirección y hacerle partícipe del conflicto que se estaba generando en la plantilla. Cada vez que los fumadores acudían a su cita con la nicotina tenían que bajar 29 pisos hasta llegar a la calle. Empleaban como mínimo 15 minutos en cada pausa. Así varias veces durante la jornada laboral, un día tras otro, lo que desencadenó la airada reacción del denunciante.

Lejos de ignorar el aviso, la firma japonesa de marketing Piala, con sede en Tokio, ha sorprendido ahora con una inesperada decisión: dar seis días extras de vacaciones a todos sus empleados no fumadores para compensar los descansos que se toman de más sus colegas adictos al cigarrillo. ¿Una iniciativa viable en España? «Desde un punto de vista legal, sí; aunque lo veo difícil por la tolerancia social y cultural que existe hacia el fumador. Las empresas solo intervienen cuando hay abusos o alguien se siente agraviado. Son pocos casos», sentencia Cristóbal García, socio del despacho de abogados Garrigues y especialista en Derecho Laboral.

Gasto sanitario
Desplome del consumo

Actualmente, el Gobierno nipón estudia la aprobación de nuevas medidas para reforzar su normativa antitabaco y se plantea extender la prohibición de fumar a todos los establecimientos públicos. Por ese trago ya pasó España hace siete años, cuando el Gobierno endureció el primer decreto antitabaco (Ley 28/2005, de 26 de diciembre) que prohibía fumar en lugares de trabajo (públicos y privados) y la hizo extensiva a cualquier espacio de uso colectivo y locales abiertos al público que no estuvieran al aire libre.

Luis Rodríguez Watch&Act «Cada pausa es dinero que se le va a la empresa como la sal en el agua» Juan Carlos Hidalgo UGT «Estar más tiempo en el puesto de trabajo no significa trabajar más»

La ley, además de polémica, llegó a tomar tintes apocalípticos al augurar la quiebra de miles de bares y suscitó encontradas reacciones entre partidarios y detractores, que de la noche a la mañana tuvieron que pasar de la negación, la incredulidad y el cabreo, a la resignación y a la aceptación de la nueva norma. «También en el ámbito laboral parecía que se iban a desencadenar grandes conflictos en las empresas; el tiempo ha demostrado que no ha sido así», apunta García.

Los trabajadores acataron la norma y dejaron de fumar en sus centros de trabajo, pero se fueron acostumbrando a hacer pausas en su jornada laboral para salir a la calle a echar un cigarrillo. La propia Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) llegó a recomendar a las empresas en 2006 que no las permitiesen para que no hubiera discriminación y no se perdiese productividad. En España no existe regulación normativa ni jurisprudencial que recoja el derecho de los trabajadores a fumar fuera de la empresa durante su jornada laboral, salvo que lo hicieran en el descanso previsto en el artículo 34.4 del Estatuto de los Trabajadores, que establece 15 minutos cuando la jornada diaria continuada exceda de seis horas.

Sin conflictividad laboral

Sólo los convenios colectivos podrían regular específicamente estas paradas para fumar, aunque la realidad es que muy pocas empresas lo hacen. ¿Razón? La ausencia de conflictividad laboral. Si el trabajador no abusa y recupera el tiempo, suele contar con el beneplácito del jefe y la tolerancia de los compañeros, pese a que podrían sentirse agraviados por la desigualdad de trato. «Pero no suele ocurrir, porque existe una autorregulación en las plantillas: los minutos que un trabajador emplea en salir a echar un cigarro, el compañero que no fuma se los toma en otras cosas», apunta García. «Estar más tiempo en su puesto de trabajo no significa que trabaje más que el fumador», apostilla Juan Carlos Hidalgo, responsable de política sindical y salud laboral de UGT Andalucía.

Para este representante, «las pequeñas pausas son necesarias para mejorar la concentración y el rendimiento de los trabajadores, no sólo de los fumadores, que acusan más ansiedad y nerviosismo, sino también del resto, que puede sufrir falta de concentración tras horas continuadas de trabajo».

Como norma general y en aquellas empresas que durante la jornada tienen establecidos descansos considerados como 'tiempo efectivo de trabajo' (pausa del bocadillo), el trabajador puede salir a fumar si lo estima oportuno. En los supuestos en que los tiempos de descanso no se contemplen como tiempo efectivo de trabajo, dichas pausas deben recuperarse al final de la jornada laboral. Como ejemplo, García se refiere a una sentencia del Tribunal Supremo de este pasado verano: «Durante años, una empresa había considerado la pausa del bocadillo como tiempo efectivo de trabajo (descanso no recuperable) y de repente decidió que ya no lo era y que había que compensarlo. Acudió a la Justicia y, finalmente, el Supremo le dio la razón, lo que generó una gran polémica. Si se plantease del mismo modo la pausa para fumar, por analogía, podría discutirse si después de tantos años permitiéndola la empresa es un derecho adquirido del trabajador o no».

Pero estos respiros en el trabajo, cuando no se recuperan, son dinero que se le va a las empresas como la sal en el agua. «Son costes no producidos que no aparecen en sus cuentas de resultados», afirma Luis Rodríguez, director de la consultora Watch&Act y responsable de un estudio realizado este año para conocer cuánto cuestan a las empresas estas pausas que hacen sus empleados para fumar. 86 compañías españolas (algunas del Ibex 35) controlaron durante meses las entradas y salidas de sus trabajadores y los tiempos que empleaban en cada una de ellas. «Muchos de estos intervalos se repetían y eran de unos ocho minutos, lo que nos permitió inferir que salían para fumar», explica Rodríguez.

La consultora basa sus cálculos en un estudio de la UE elaborado en 2015, del que se desprendía que el 29% de los españoles era fumador (actualmente lo es el 28%, dos puntos por encima de la media europea, según datos publicados el pasado mes de mayo por la oficina de estadística comunitaria, Eurostat). «Esta cifra se eleva al 40% cuando se trata de fumadores en edad laboral», asegura el documento.

Seis pitillos por jornada

Además, la consultora toma como referencia un estudio de la revista de divulgación científica 'Jama', de la Universidad de Washington, que arroja un consumo medio de 10 cigarros diarios, seis de ellos en el trabajo. Según Watch&Act, «si partimos de que tenemos 222 días de trabajo al año, pero que con los fines de semana, festivos y el 6% de absentismo se quedan en 208,7 días anuales, y que el coste medio por trabajador es de 21 euros la hora, los fumadores que emplean una media de cuatro minutos por cigarrillo, más otros cuatro entre salir y volver a su puesto laboral, más otros dos minutos de vuelta a la concentración (en total 0,16 horas por cigarro de inacción profesional), se puede concluir que el gasto es de 4.382 euros al año por persona».

Vistas estas alarmantes cifras, desde las organizaciones sindicales creen que las empresas deberían apostar, más que por medidas coercitivas y sancionadoras, por programas de salud que ayudasen al trabajador que lo quisiese a dejar de fumar y a mejorar su calidad de vida, «lo que redundaría en una mayor motivación, más productividad y menos bajas laborales. Gana el trabajador, pero también la empresa», advierte Juan Antonio Perles, responsable de negociación colectiva de CC OO de Málaga.

personas mueren cada año en España como consecuencia del tabaco. Según la Asociación Española contra el Cáncer, casi 3.000 fumadores acuden a sus profesionales para intentar dejar de fumar. Más de un 61% de ellos lo consiguen.

El coste sanitario de un fumador en España es un 56% mayor que el de un no fumador. Los enganchados al tabaco, mayoritariamente adultos con edades comprendidas entre los 24 y 34 años, consumen servicios de salud por valor de 848,64 euros de media al año, además de estar 11 días de baja. Mientras tanto, los que no fuman cuestan 474,71 euros y están 7 días de baja. Solo contando gasto sanitario, el hábito de fumar le cuesta al Estado anualmente 8.000 millones de euros.

En la actualidad, se fuma la mitad de cigarrillos que hace una década, según la Agencia Tributaria. En 2006 se vendieron casi 4.330 millones de cajetillas de tabaco, y diez años después se comercializaron 2.210 millones.

es lo que aumenta la productividad laboral de los exfumadores tras un año sin coger un cigarrillo, según el informe 'Costes derivados del uso de servicios sanitarios y bajas laborales en pacientes fumadores: estudio en una comunidad urbana', realizado por la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR).

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