«Estoy en la edad de crecer y mejorar; España seguirá ahí»

Juan Haro fotografía a un grupo de niños. :: j. h./
Juan Haro fotografía a un grupo de niños. :: j. h.

El fotoperiodista y oficial de comunicación digital de Unicef en Burundi, Juan Haro Simarro, de 26 años y madrileño del barrio Alameda de Osuna, nos atiende desde la habitación del hospital donde se recupera, positivamente, de un proceso de malaria. «Gajes del oficio», bromea con la voz debilitada por la fiebre, las cefaleas y los vómitos. Unos días después de estas palabras, Juan recibió el alta y se encuentra ya de nuevo al pie de su cañón particular, que es «la tarea de hacer visible la situación actual de los niños en Burundi y sensibilizar a la sociedad». No es la primera vez que presta servicios de este tipo. Antes trabajó para una ONG americana en la Guatemala rural. «Aspiro a dedicar mi vida profesional y personal a la denuncia de las injusticias que ocurren a nivel mundial y a documentar las historias que permanecen anónimas utilizando el poder de la fotografía y el periodismo», declara.

Aterrizó en África en abril del año pasado, para «dar un paso más en el ámbito de la cooperación internacional -cuenta-. Sobre todo, me motivó la idea de compaginar un trabajo que disfruto, viajar y aprender a diario, sabiendo que estoy haciendo algo útil para la comunidad burundesa. Creo que no hay mejor escuela que la curiosidad por conocer mundo». Vive con dos compañeras y su perro, Marcel, en Buyumbura, la capital del país, un núcleo que aglutina a medio millón de habitantes. «Como la mayoría de estas ciudades, no tiene una arquitectura para admirar, las calles están mal asfaltadas y el tráfico es caótico», aunque sí dispone a orillas del lago Tanganica de playas y zonas de recreo. «Pero no para el baño por los hipopótamos y cocodrilos», advierte. Juan remarca las enormes desigualdades sociales instaladas en la región y el carácter «serio y reservado» de su gente, tal vez devorada por «el miedo y la desconfianza» después de años de graves tensiones políticas y bélicas.

Pasados diecisiete meses, Juan ha aceptado que su casa «está ahora en Burundi», aunque inevitablemente extraña «los amigos, la familia, Madrid, la cultura, las tapas y el 'cañeo'». Pero no hay planes de regreso, de momento. «Lo haré si encuentro un trabajo que me llene y donde sea respetado y asalariado justamente, cosa que no veo en nuestro país. Ahora estoy en la edad de viajar, aprender, crecer y mejorar. España seguirá ahí».

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