CRUZ

ARANTZA FURUNDARENA

Si existe un símbolo universal aún más manoseado, devaluado y desvirtuado que la cara del Che, esa es la cruz. En su incierto e incesante viaje a través de los siglos, la cruz ha pasado de instrumento de tortura a símbolo del cristianismo, para acabar convertida en 'piercing' de Madonna y tatuaje de futbolista, rapero o narco... Ahora retoma su forma original de pesado madero y se alquila por horas en Jerusalén a turistas filipinos deseosos de revivir el Vía Crucis como una experiencia de esas que nos venden en los paquetes de escapadas de fin de semana. Estaba cantado. En la era del turismo de aventura, la crucifixión tenía que acabar convertida en deporte de riesgo y la Pasión de Cristo, transformada en parque temático.

Cruz es el nombre de uno de los hijos de Victoria Beckham, que además de poco familiarizada con el aroma del ajo probablemente confunda la Semana Santa con las Fallas, como le pasó a Tom Cruise. Cruces de todo tipo veremos estos días por las calles... Muchas de ellas con incrustaciones de oro, nácar y piedras preciosas, tan alejadas del tronco original del suplicio como lo está Pekín de Lisboa. Y veremos Cristos opulentos, de gran poder, como si el Jesús al que se refieren hubiera sido un pijo y no un paria. Si un biopic sobre la madre Teresa de Calcuta la caracterizara con collares de diamantes y vestida de Dior, la audiencia se partiría de risa o intentaría quemar el cine. Sin embargo, a María, la mujer de un humilde carpintero, se la presenta a menudo más enjoyada que una duquesa. Y muchos la encuentran verosímil.

Sin negar la belleza, la fuerza dramática y la devoción cristiana de los pasos de Semana Santa, habrá que convenir en que la mayoría de ellos debería llevar escrita en su aparatosa portada alguna leyenda, si lo prefieren en latín, que aclare que la fantasía ha superado a la historia. La advertencia podría decir: 'Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia' o 'Los personajes aquí descritos no están basados en personas de la vida real'... Algo, en fin, que indique la tremenda ficción en la que se ha convertido la Semana Santa, un espectáculo que si de verdad lo está viendo desde algún lugar del cielo aquel Jesús de Nazaret, supongo que se estará haciendo cruces.

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