CRÓNICAS DEL NO VERANO DESDE LIMA BELÉN BALADRÓNA la lima y al limón

CRÓNICAS DEL NO VERANO DESDE LIMA BELÉN BALADRÓNA la lima y al limón

Lima, una megápolis de 12 millones de habitantes, es gris y despierta a las 5.30. Aquí van unas claves para entender su idiosincrasia y hacer llevadera la vida

Partí de mi tierra hace cuatro años, con dos maletas, un novio y las rodillas temblando. Era un guiñapo mientras mi madre desaparecía al otro lado del control de seguridad del aeropuerto. ¿A dónde nos empujan la necesidad y los sueños? Gira el globo... ¡a Perú! Ese Perú de libros y documentales era la tierra mágica de las mil sangres, el imperio de los cuatro suyos, de los 32 climas, de las tres grandes regiones climáticas. Selva, Costa, Sierra. Un paradigma de la diversidad. Primero en Cuzco, ¡qué belleza! Busquemos un trabajillo, ¡qué bien! Busquemos ahora regularizar nuestra situación migratoria.

- Ah, pues acá no señorita, eso se tiene usted que ir a Lima.

El paradigma de la diversidad se concentra para mi decepción en una megápolis de 12 millones de habitantes. Lima es donde ocurren todas las cosas. Toditos hacinados en un desierto. ¿Qué hacemos, por Dios? Pues a comernos la city, que me dijo mi novio. Llena de polvo gris, casas sin terminar de cemento gris, trafico chirriante sobre asfalto gris, gente que no lee, gente gris. Lima la gris. Ya no nos apetecía comérnosla. Pero se aprende incluso la belleza. Es el fenómeno que llamamos Zoom-In Zoom-out: descontextualizar-seleccionar. Os juro que se aprende. Y ahí sí. Ya vi las flores, los almuerzos, las palmeras, la gente que sí lee, las casonas, los amigos, el malecón... Llegó el verano y salió el cielo azul.

«Pensé que no, pero con un 99% de humedad aún se puede respirar aire»

Debo empezar a admitir que he construido una nueva vida acá. Con un poco de paciencia y sentido del humor podemos llegar a constituirnos como buenos limeños. ¡Atentos valientes viajeros!, si vienen por estas latitudes, tengan en cuenta determinados matices que llenarán sus días de alborozo:

La garúa. Es cuando sales por la mañana de la ducha y no lo notas. Yo pensé que no, pero con un 99% de humedad ambiente aún se puede respirar aire. No está tan mal vivir en un mundo de agua en suspensión, salvando los mohos de mi armario y el sempiterno olor a sardinilla recién pescá.

Cubicaje. Donde caben dos caben tres, eso es un hecho. Para meterse en el bus del metropolitano conviene pedir un huequito porfavorciiito, ay, señoriiita, o si te mandan a paseo, seguir la ley de la supervivencia de la jungla; a saber: primero empujar a la masa humanoide ya hacinada. Mientras insisten en quejarse, se introduce una rodilla y se mueve la pierna para generar espacio de inserción en la masa compacta. Se repite el proceso con el codo, lo que viene a llamarse 'ahuecar'. Una vez ahuecado el futurible espacio, introducirse de lado con cuidado de elegir bien la posición del cuerpo, y aferrarse como si no hubiera un mañana al bolso para poder introducirlo con nosotros. Después:

A-. Si la puerta al cerrarse pilla carrillo de trasero, es que no.

B-. Si milagrosamente quedas estampada contra la puerta cerrada del bus, es el momento de luchar por un hueco para los pies y otro para las manos, que permanecerán en el mismo lugar todo el trayecto, bajo amenaza de viajar con las manos hacia arriba o a la pata coja. Por supuesto, después de esta lucha titánica, a ver quién es el imbécil que se mueve para dejar salir y entrar a otros pasajeros. !!JA!!

El vicio de dormir: A las 5.30 a.m. la avenida despierta y los vidrios de mis ventanas vibran con cada bus que parece eso el apocalipsis. El Sol sale de golpe, ¡zás! Un bebé llora. Suena una lavadora. Llegan los obreros de al lado a martillear el tabique de mi cuarto. ¿Nadie sabe aquí que antes de las 7 de la mañana no están puestas las calles? Como si me hubieran oído, a las 7 toca la trompetilla el pescadero anunciando atuuuuun, jureeeeel. A las 7.30 la bocina del panaderoooo, y a las 8 la marcha del colegio de primaria quinto levanta tira de la manta, turutururu, a todo trapo con su uniforme, vengan los tambores y trompetas. No es que la gente aquí sea madrugadora, es que no hay huevos contra este frenesí.

La lambada. Estás paseando por la calle y escuchas la melodía de la lambada o sopa de caracol. Ay qué gracioso politono, cómo son estos peruanos. Y en eso aspavientos, gritos, ¡cuidado! Qué politono ni qué vaina, ¡la musiquilla de la lambada es la indicación de marcha atrás de camiones y taxis!

El mar es salado

Los obreros. Acampados en el acceso a la obra esperan el jornal. Se esparcen por la calle como si los hubiera escupido la cementera, a decenas. No hay por dónde escapar. Uno me ve, se gira hacia los demás palomos en celo. Y que viva la marimorena. Siempre dije que los latinoamericanos tienen un don para la música, pero nunca había oído a cien macho-manes silbando y coreando al unísono bondades sobre mi culo. Repito: todos ellos a la vez. Ni el canon de Pachelbel, oiga.

El si y el no. Son bien empáticos acá; qué disgusto decir que no o no sé, ¡qué innecesario! Ya te darás cuenta tú solo una hora después de que al fondo a la derecha no era, de que en realidad no van a venir a la fiesta o de que ese contrato no se va a firmar ni a palos. Lo importante es ser amable. Un ejemplo cuzqueño: «Señor, a qué altura está esta ciudad?» «A 700 metros».

Del campo a la ciudad. Hace dos años José Luis se quedó en casa cuando vino a visitar la capital, imbuído por el sueño limeño con sólo 14 años y vestido de rapero. Hijo mío, que pareces del Bronx. Pues qué te crees, me dijo José Luis, si ya tenemos centro comercial en el Cuzco y me pasé el 'world of warcraft II'. Pura calcomanía de Daddy Yankee. Con José Luis entendimos la experiencia de millones de peruanos asentados en Lima desde provincia; de la envergadura del salto de la inocencia. Ese finde con José Luis fuimos a la playa y él tan digno. Hasta llegó a la arena y aún sin comentarios. Y por fin corrió de frente al mar, a saltar las olas... Se giró hacia nosotros, gritando, revolcado, anonadado, maravillado: ¡¡Está salada!!

Arquitecta. Tiene 33 años y lleva cuatro en Lima. Trabaja en Allende Arquitectos como directora de su oficina en la capital peruana.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos