Bocata, muslamen, tontérrimo y otros 'forgendros'

El artista acuñó una jerga propia que millones de españoles han hecho suya. También la Academia

I. OCHOA DE OLANO

El humorista que nos enseñó a reírnos de nosotros mismos con sus viñetas diarias nos deja decenas de miles de estampas en las que mirarnos para reconocernos y, también, una jerga propia que millones de españoles han hecho suya. Incluida la Academia. ¿Alguien acaso ha vuelto a decir bocadillo desde que el sagaz genio madrileño acuñó 'bocata'? El 'forgendro', como el artista llamaba a sus aportaciones lingüísticas, parece incluso garantizar una experiencia más crujiente y sabrosa, y un ambiente de compadreo. Ese mismo sufijo (ata) le sirvió para rebautizar otros términos, como «tocata» (tocadiscos) y, a sus legiones de seguidores, para abrir la veda a otras formas acortadas, más desenfadadas e informales, como 'cubata', 'drogata' -las cuatro incluidas en el diccionario-, 'ordenata', 'sociata', 'jubilata', o 'segurata', sin las que ya prácticamente nadie imagina una conversación.

Su vocabulario identificativo, que siempre atribuyó a su cualidad de «oidor social» más que a una extraordinaria capacidad de inventiva - «no tengo cerebro para eso», decía con modestia-, se valió de otros sufijos para hacer lenguaje. Como el latino -érrimus, con el que alumbró adjetivos superlativos como 'misérrimus', 'acérrimus', 'celebérrimus' y sus variantes 'tontérrimo' o 'estupendérrimo'. En -amen encontró otro filón para ligar en su lúcida coctelera mental 'pelamen' (conjunto de pelo), 'muslamen', que definió concretamente como «atributos femeninos determinantes», o 'porramen', a saber «conjunto de porros fumados por un grupo parlamentario, necesarios para votar afirmativamente determinados proyectos de ley propios, curiosamente infumables», según acotó el maestro en 'El libro de los 50 años de Forges', publicado por Espasa en 2014.

SUS APORTACIONES

Interjecciones
Aféresis
Inglesismos
Nombres propios

«Irreverencia creativa»

La lengua española, tanto la oficial como la oficiosa, le deben un torrente de imaginación hecha léxico que, con el tiempo, se ha convertido en indispensable para explicar la idiosincrasia de todo un país. Desde la Real Academia de la Lengua Española (RAE), su director, Darío Villanueva, habla a este periódico de una «irreverencia creativa nacida del deseo de sacar de nuestro idioma todo el jugo posible a través de palabras que ya existían y también de los 'forgendros'». «Su capacidad para la sátira, su eficacia como creador de léxico sonoro y expresivo y su excepcional plataforma diaria de difusión explican su gran aportación a nuestro idioma».

El genio no se quedó ahí. Autor de numerosos libros, publicó el primero, 'El libro de Forges', en 1972; también escribió una novela, 'Doce de Babilonia', y dirigió dos películas y varias series de humor para la televisión.

¡Dremía!, ¡Reconjoñeta! ¡Recojonostiójonos! o ¡velay! (velo ahí).

Norabuena, Cachislamar, Tontolculo o Jomío.

Acojonéibol, formidéibol, incrédibol o cuñading (aguantar a un cuñado).

Aparte de los conocidos Blasillo, Mariano, Blasa o Romerales, inventó personajes con nombre propio adaptado, como Arcomanta (Luis Miguel Arconada) o Subimalta (Andoni Zubizarreta).

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos